Hay días en los que los aromas de polladas y fritos se confunden con expedientes judiciales y libros de Derecho. Veces en las que las 24 horas del día resultan insuficientes para todo lo que hay que hacer. Aún así, cuando el ánimo de superación y los objetivos están claros ni el tiempo ni el cansancio ni la carencia de recursos son impedimento. A sus 25 años, Norma Sosa Solano lo sabe muy bien.
En el pueblo joven Urrunaga, de José Leonardo Ortiz, en una vivienda que comparte con su madre y la familia de su hermano mayor, vive Norma Sosa, madre de Carlos Jorge Manuel, de 8 años, y de Luna Perla Canela, de 6, quien todos los días empieza su jornada al promediar las 5 de la mañana. Debe preparar loncheras, alistar uniformes, hacer que sus pequeños desayunen, llevarlos al colegio y luego dedicarse a estudiar. El sacrificio diario, que puede acabar pasada la media noche, le ha permitido a esta joven, egresada del Colegio Nuestra Señora del Rosario en el 2007, convertirse en la mejor estudiante de la Escuela Profesional de Derecho de la Filial Chiclayo de la UCV. Su promedio de 18.18 en el cómputo general así lo confirma.
MADRE CORAJE
La vida de Norma no es sencilla. Con su trabajo de los fines de semana, consistente en la venta a domicilio de polladas y fritos a bordo de su pequeña moto lineal, debe costear los gastos de sus hijos. Ella es madre y padre, también vende chocotejas, fotocopias y no duda en arriesgar en cuanto negocio se le presente.
El nacimiento de Carlos Jorge Manuel, cuando apenas tenía 17 años, le impidió hacer uso de la beca que ganó para estudiar Medicina Humana en Cuba, y luego, la llegada de la risueña Luna truncó sus primeros estudios de Derecho en una universidad local. Sin embargo, nunca dejó de abrigar la esperanza de convertirse en profesional y hoy persigue su objetivo.
“Cuando salí embarazada de mi primer hijo tenía la beca para Cuba y se presentaron opciones: darlo en adopción, que sea criado como mi hermano, dejarlo o abortar. Yo elegí quedarme con él, fue la mejor decisión. Empecé a trabajar y en el 2011 ingresé a una universidad local para estudiar Derecho, que fue una de las carreras que siempre me gustó. Lamentablemente tuve que dejarla porque la situación económica era muy difícil”, comenta con nostalgia Norma Sosa.
Empero, el apoyo de su madre y su hermano mayor siempre ha estado presente. Desde su época escolar Norma aprendió a trabajar. Vendía limones, mangos, bodoques, ceviche y todo lo que pudiera cerca al puesto de verduras que su madre tiene en el mercado Moshoqueque. En consecuencia, trabajar para ella y por sus hijos no es algo nuevo.
VOLVER A LAS AULAS
En el 2015, su madre, doña Perla, le inyectó una dosis de emoción al darle una gran noticia: la ayudaría a volver a la universidad. De inmediato Norma buscó retomar sus estudios, pero los costos elevados representaban una difícil barrera. Así, buscando oportunidades para cumplir su sueño llegó a la Universidad César Vallejo y de inmediato ingresó al Ciclo Alfa, que le permitía nivelar sus conocimientos previos para ingresar a la Escuela de Derecho. Su buen desempeño le aseguró el ingreso directo.
“En la otra universidad siempre me sentí ajena, no sentía el apoyo. Aquí, en la Vallejo es diferente, a parte del respaldo que recibimos en Tutoría, el compañerismo se siente, también el respeto y confianza de los profesores. Puedo decir que me gustan todos los cursos, los profesores nunca me han negado su apoyo, prestándome libros o facilitándome expedientes, eso sí, me exigen por igual. Mi condición de madre no me da ventaja sobre mis compañeros, me permiten entrar a clases en caso llegue tarde, pero igual me ponen tardanza, y creo que eso está bien porque la exigencia debe ser parte de la formación”, señala.
PERSIGUIENDO UN SUEÑO
En el semestre 2015-I ocupó el tercer puesto, en el 2015-II fue la mejor alumna del ciclo y ahora ocupa el primer lugar en toda la carrera. Si su esfuerzo no hubiera dado tales resultados, Norma Sosa habría dejado una vez más la universidad, debido a que las carencias económicas en su hogar siguen siendo fuertes. De hecho, tenía pensado buscar un trabajo a tiempo completo.
“Estuve casi un mes llamando a los profesores para saber los resultados del cuadro de méritos, yo rogaba ocupar el primer puesto del ciclo para pagar la mitad de la pensión. Un día me dijeron que ya estaban los resultados, fui a la universidad, busqué la relación y empecé de abajo hacia arriba. Me quedé un momento en silencio, leí más de diez veces, lo juro, porque no lo podía creer. Lloré porque eso significaba que podía seguir estudiando”, relata con los ojos cargados de lágrimas, para luego sonreír, tomar aire y decir: “Tengo la beca integral pero solo por este ciclo, así que debo esforzarme más si quiero cumplir mi sueño”.
Más esfuerzo pareciera imposible pedirle a Norma. La noticia de su primer puesto en la carrera fue compartida con su familia semanas después de recibirla, esto porque quiso estar convencida plenamente para darle la sorpresa a su hermano, justo en el día de su cumpleaños. Él, junto a su madre, su cuñada y sus hijos, son los pilares que la impulsan a seguir bregando.
“Lo primero son mis hijos y por ellos quiero seguir estudiando. Ya dejé la universidad una vez y no quiero hacerlo nuevamente. Quiero terminar mi carrera, sé que no siempre los primeros puestos son los mejores, pero me voy a esforzar el doble por mantener mi promedio. Seguiré trabajando, buscando ayuda para mi hogar y persiguiendo mi objetivo de ser abogada”.
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