De un total de 23 millones 908 mil 204 electores hábiles, en el proceso electoral del 11 de abril participaron 16 millones 857 mil 126 ciudadanos, lo que representa un nivel de ausentismo del 29.49 %. En algunos distritos electorales, como Amazonas, alcanzó el 39.9 %. Además de la pandemia, estos porcentajes se deben también al desinterés de los ciudadanos por el quehacer político, en virtud de los actos de corrupción en los que han incurrido los diferentes gobiernos. Al respecto, el sociólogo César Cardoso Montoya señala que el próximo gobierno y la sociedad en general debe reivindicar la actividad política.
“Tenemos que reivindicar la actividad política y eso pasa por el hecho de reivindicar las tareas del Congreso. Los profesionales que ingresan a legislar tienen que ser afines a la tarea de fiscalización, de elaboración y discusión de normas. Para el caso del Ejecutivo, el candidato que gane tiene que revindicar la política como se hace en los países desarrollados, donde tenemos instituciones sólidas en la sociedad civil, donde no hay cargos de confianza como en las Oficinas de Control Institucional – OCI, que dependen del gobernador. ¿Qué tipo de fiscalización se puede hacer ahí?”, cuestiona.
CORRUPCIÓN
Cardoso Montoya enuncia que el próximo gobernante debe implementar educación, disciplina y fortalecer las instituciones, pues la reivindicación de la política pasa por su aspecto ético. En virtud de ello, lamenta que los electores deban votar por obligación y no por convicción, ya que la mayoría no cree en ningún candidato ni partido.
Añade que le preocupa el hecho de que el ciudadano pierda la capacidad de indignación frente a hechos visibles de corrupción. Por ello, pondera la importancia de la educación para que las personas entiendan que tienen dos roles: de hombre y de ciudadano.
“Me preocupa el nivel de cinismo en el discurso de ciertos candidatos que, no teniendo la catadura moral, hablan de corrupción. Eso es una falta de respeto, me preocupa el avance del narcotráfico, me preocupa el tema delincuencial, me preocupa la corrupción en sí, pero como sociólogo me preocupa esencialmente que hayamos perdido la capacidad de indignación”, asevera.
DESIGUALDAD
En tanto, explica que el crecimiento económico de los últimos años se ha dado sobre la base de la desigualdad, ignorando que el éxito de una política económica pasa por el hecho de reconocer que la economía y la política forman una unidad, donde si la primera es esencia, límite, condición necesaria y permanencia; la segunda es forma, condición suficiente, posibilidad y cambio. Si el próximo gobernante entiende esta lógica – asegura – no solo se cambiará el modelo económico, sino también el modelo social.
“Qué importa haber crecido económicamente -porque sí lo hemos hecho -, qué importa que se haya reducido la pobreza, qué importa todo eso si el crecimiento económico ha sido sobre la base de la desigualdad, de la injusticia, de la corrupción. Esos son retos que le corresponden al nuevo gobernante”, indica.
Apunta que la economía y la política deben estar al servicio de la calidad de vida del hombre, donde este debe ser un fin y no un medio. En ese sentido, sostiene que los servicios como educación y salud deben ser reivindicados como derechos universales y no devenir en mercancías a merced de la inversión privada.
“No se pueden privatizar servicios que están reivindicados fundamentalmente como derechos, tales como la educación y la salud (…) Tenemos que reinventar un orden social que se construya en torno a nuevas prácticas sociales, donde lo primero es rescatar la conciencia y la responsabilidad”, expone.
Finalmente, resalta que en este proceso electoral haya participado un representante de la escuela pública (Pedro Castillo Terrones), pues – más allá de la discrepancia con sus propuestas – rescata que la educación debe recuperar su perfil político.
“Hace cien años, para ser presidente de la república la juventud universitaria de San Marcos primero tenía que declararte como maestro de la juventud. Hoy en día ese perfil político se ha perdido”, concluye.
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