“La cultura no vende” parece ser la frase sintética y justificadora más lapidaria que ruge entre los medios de comunicación del Perú y Latinoamérica, para darnos farándula y chismografía barata a cambio de intelecto, arte y estética edificante. Sin embargo, la frase política es aún más perversa que lleva a vómito “la masa votante mayoritaria no está entre los intelectuales y artistas, sino entre el pueblo y al pueblo hay que darle lo que pide”, suena al populismo convenido más grotesco que se vive en la post-modernidad.
Las líneas maestras están definidas muchas veces en los planes de gobierno como un adorno complementario como para decir que no se dejó de pensar en ello. Pero esas políticas solo gravitan en el papel y terminan escamoteadas en una nube y vorágine de cosas abstractas que se pierden en el horizonte de la claridad y la concreción.
“La fusión de distintas dependencias del Estado, como el Instituto Nacional de Cultura-INC, el Instituto Nacional de Desarrollo de los Pueblos Indígenas, Amazónicos y Afroperuanos-INDEPA, el Consejo Nacional de Cinematografía CONACINE, el Consejo Nacional de Democratización del Libro y de Fomento de la Lectura PROMOLIBRO, el Proyecto Especial Complejo Arqueológico de Chan Chan, el Proyecto Especial Naylamp Lambayeque y la Unidad Ejecutora Marcahuamachuco, dieron lugar a la creación del Ministerio de Cultura”. (Lineamientos de política cultural, Ministerio de Cultura del Perú, 2013-2016). Es la prueba oficial más evidente que han echado en un solo saco –para parecer mucho y contener todo como en un sancocho de pollos o parihuela- a la cultura y han terminado por desvirtuar y desnaturalizar indiferenciadamente el concepto de cultura como constructo social y como manifestación cultural. En este caso está la confusión, la inoperancia y la trampa que lleva finalmente que todo eso solo es un hecho gaseoso que no se concreta en nada a la hora del balance.
En lo cultural y educativo en el Perú, lo único que ha cambiado significativamente en medio siglo, son los nombres y denominaciones que se le han dado a una misma cosa y función: A las Casas de las Culturas de los 50, se los cambió por Instituto Nacional de Cultura en los 90 y en el 2010 por Dirección Desconcentrada de Cultura, en todos estos logos y nombrecitos –que a larga son lo mismo- se han invertido millones para hacer creer que se ha cambiado algo. Nada más artificioso, cambiar se lexema sinonímico no cambia ni la semántica ni la acción.
El balance, del ya casi fenecido gobierno de Ollanta Humala, solo nos ha dejado notar su preocupación por hacer lobbys y gestiones culturales hacia afuera del país –ante entes internacionales de la cultura- para declarar patrimonios de la humanidad a danzas, canciones, zonas arqueológicas, sitios turísticos, o sea cosas, o sea cosas tangibles y materiales. Pero de cultura viva, casi nada. Esto suena a resucitar muertos y cultura de huacas, donde vale más y es más importante desenterrar lo pasado y hacer a un lado lo presente. Más o menos como la consabida frase: “Poeta o poblador prehispánico muerto es más importante que el vivo”. Una suerte de culto necrofílico por los muertos.
Para desenterrar huacas en la región Lambayeque en el último quinquenio se estima que ha habido un presupuesto por proyectos diversos (de investigación, exploración, excavación y restauración) del orden de los diez millones de soles; pero, para la cultura viva (danzantes, músicos, escultores, pintores literatos, cineastas, actores de teatro, etc.) un voluminoso cheque con la inscripción cifrada: “Vuelva Ud. otro día no hay plata para eso”.
El ente Dirección Desconcentrada de la Cultura-Lambayeque, del Ministerio de Cultura del Perú, con un arquitecto a la cabeza, con rollo de discurso tartamudeado y empobrecido cultural de un minuto en las escasas actividades externas a las que asistió como invitado, solo se ha fortalecido como un ente burocrático y mesa de parte de documentos y elaboración de proyectos arqueológicos. No ha dejado de ser el ente receptáculo que aprovecha cualquier iniciativa de afuera, mandar a hacer tarjetas y clavarles el sello institucional y figurar como si ellos lo gestaron todo. la Dirección Desconcentrada de la Cultura se ha consolidado finalmente como un Centro de ventas y cursos culturales de verano e invierno, con puertas cerradas tipo monasterio y como una caja de resonancia externa: los grupos culturales independientes de afuera por unas bandejitas de bocaditos o una tarjetita de invitación de auspicio les hacen la chamba.
La escasa articulación que existió entre el Ministerio de Educación y el Ministerio Cultura, solo ha permitido generar concursos escolares nacionales con poca participación de las escuelas públicas y más de las escuelas privadas, y anularon los concursos fuera de los niveles básicos de educación. Y así ambos ministerios han caminado por su propio rumbo como piajenos sin brújula que avanzan y avanzan pero no saben a dónde van ni por qué ni para qué.
Esta descoordinación también llegó los gobiernos regionales, provinciales y distritales, donde se han confundido desde hace mucho –al fusionar todo en Regiduría de Deporte, Turismo, Educación y Cultural-, haciendo una cosa más que las otras y creen que apostar por la cultura es comprar balones vóley y futbol y patrocinar la fabricación y quema de fuegos artificiales en una fiesta patronal.
Colofón: Solo nos aqueda un balance final con respecto al apoyo a la cultura viva en el gobierno de Humala: Presupuesto cero o mejor dicho propina para mendigos para promover la cultura con sabor a arte y a intelecto. Sigue siendo peligroso el arte y fomentar el intelecto humano, es más fácil dar regalitos y fomentar circo, eso hace olvidar todo lo demás.
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Narrador peruano, docente universitario, comentarista crítico, gestor cultural y editor.
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