Entrando al año 2000, se empiezan a producir más películas peruanas. Se cuenta con un contexto político de cambio, post dictadura de Alberto Fujimori, marcado también por el inicio del acceso masivo a herramientas tecnológicas y digitales, ya que sus costos tienden a reducirse. Para esta breve revisión de la representación de mujeres en la cinematografía peruana seleccioné cinco película realizadas y estrenadas entre los años 2005 y 2020, por sus éxitos en taquilla o reconocimientos en prestigiosos festivales. Todas las películas tienen como protagonistas a mujeres y cuentan con la dirección, también, de mujeres. Actualmente, sí existe cierto avance en cuanto a la aparición de nuestras historias, contenidos y universos que habitamos, por ello me parece pertinente empezar por hacer una revisión y análisis de las representaciones de mujeres que han destacado en los largometrajes.
“Madeinusa”
Empezamos por “Madeinusa” de Claudia Llosa, teniendo como actriz principal a Magaly Solier. La historia se centra en una joven andina quechuahablante que es coronada como virgen por su pueblo y llevada en andas durante el “tiempo santo” -que es la recreación de un imaginario ficticio de la tradición religiosa local-. Ella seduce a un turista limeño con quien tiene relaciones sexuales mientras la festividad ocurre. Madeinusa, además, mantiene una relación incestuosa con su padre. Su hermana y ella viven solo con el padre; la madre partió a Lima, dejándole unos aretes que conserva y atesora.
Se representa aquí a una joven mujer originaria con deseos de migrar a la capital, que carga con el trauma del abandono materno. La causa para que decida envenenar al padre es que él rompe los aretes de mamá. Finalmente, logra viajar a esa nueva ciudad, donde la madre se fue. Este personaje femenino se mueve entre dos masculinos: el padre y el joven limeño, con quienes intima sexualmente. Si bien “Madeinusa” rompe con parte del estereotipo de representación de mujeres andinas, sigue cargando características asociadas al sufrimiento y trauma, conviviendo en un contexto peculiar y exotizante del territorio mismo que habita.
“La teta asustada”
En 2009, la misma directora estrena “La teta asustada”, con el protagónico de la misma actriz, Magaly Solier, interpretando a Fausta; mujer andina, quechuahablante, caracterizada por la timidez, vive en una zona periférica de Lima, lugar que se retrata de forma pintoresca (famosa escena de los globos atados a una cola de novia). Fausta trabaja como empleada del hogar en casa de una pianista de clase alta, quien le roba una canción. Fausta se incrusta una papa en la vagina por miedo a ser ultrajada. Sus familiares indican a los médicos que ella tiene el “mal de teta asustada” transmitido por su madre en tiempos del terrorismo, por eso tiene esas características: el trauma y el aislamiento. Nuevamente aparecen aspectos asociados al trauma y la violencia, graficados en un espacio de migrantes, visualmente precario, llamativo y extravagante, como vehículo de convivencia y universo de nuestra protagonista que puede contrastar con el perfil emocional que ella expresa.
“Las malas intenciones”
Al 2011, la película “Las malas intenciones” de Rosario García-Montero, tiene como actriz principal a una niña,Fátima Buntix, que interpreta a Cayetana. Se representa a una niña de clase alta, con poca atención de parte de su familia; dentro de su soledad, se refugia en el mundo fantasioso de sus héroes de la nación, para resolver inquietudes o dudas que son resultado de las circunstancias por las que pasa en el escenario familiar. La niña muestra un particular afecto por su padre, pese a que este apenas y se ocupa de ella. La película termina cuando muere el chofer, a quien Cayetana aprecia, apareciendo un guardaespaldas de reemplazo que polariza las lunas del carro de la familia por el inicio del terrorismo y la protección a la niña. En este caso se presenta el imaginario de una niña impactada por la soledad familiar, recurriendo a elementos creativos y fantasiosos de la infancia, acompañado de un contexto socialmente desigual y violento del cual ella aún no es totalmente consciente, sólo es espectadora.
“No me digas solterona”
En 2019 “No me digas solterona” de la directora Ani Alva, tiene como actriz principal a Patricia Barreto. Representando a una limeña de 30 años, que parece tenerlo todo: buen trabajo, amigas y un novio con quien pensaba casarse. La protagonista ha estado obsesionada con el concepto del matrimonio. Las cosas no salen como ella esperaba: él termina dejándola por una mujer más joven. Luego de una serie de situaciones de aceptación de la realidad y apoyo de su entorno, la protagonista ya no acepta volver como pareja con el ex. La película aborda los estereotipos más comunes que se tiene sobre las mujeres y el casamiento, graficado desde la mirada urbana, y con un final distinto a los dramas que comúnmente se visionan en películas comerciales que tiene a mujeres relacionadas en estos temas.
“Canción sin nombre”
En 2020 se estrena “Canción sin nombre”, de Melina León, teniendo como actriz principal a Pamela Mendoza, que interpreta a Georgina, una joven embarazada andina quechuahablante, que es engañada por una mafia que capta recién nacidos. Ella vive en una zona periférica de la capital junto a su familia migrante, quienes trasladan consigo expresiones artísticas propias del lugar de origen, como la danza de tijeras. Todo sucede en un contexto de terrorismo que empieza a sentirse en Lima. Georgina emprende una lucha por recuperar a su hija junto a la ayuda de un periodista interesado por investigar lo que sucede, quien se compromete a resolver su caso. Volvemos nuevamente a la representación de las mujeres andinas jóvenes, envueltas en procesos migratorios, marginales y de violencia sistemática, expresados en sentimientos de miedo, victimización y desolación.
En una región con altos índices de violencia y violación hacia los derechos humanos de las mujeres, donde el machismo y misoginia son problemas estructurales y sabiendo que el cine es un elemento de visualización masiva -además, dichas películas son luego visionadas en señal abierta dado su reconocimiento internacional o nivel de taquilla-, es importante hacer una revisión respecto a las construcciones de mujeres desde la ficción peruana. Podemos ver que los temas constantes en estas cinco películas se vinculan a la representación de mujeres andinas originarias, mujeres jóvenes, niñas o mujeres urbanas de clase media hacia arriba. Sin embargo, cabe destacar que en el caso de personajes que son mujeres andinas y quechua-hablantes, es recurrente su inclusión como protagonistas vinculadas a los traumas que dejó el conflicto armado interno en la sierra sur peruana; mujeres migrantes en la capital, en condiciones de pobreza y burladas en contextos urbanos. También es común ligarlas con aspectos trágicos o cumpliendo roles secundarios de empleadas del hogar o al servicio de patrones capitalinos.
Creo importante propiciar un debate sobre la inclusión de los personajes femeninos andinos en el audiovisual, específicamente de la representación de mujeres que son encasilladas en ciertos papeles discriminatorios o estereotipados; abrir el diálogo respecto a estas representaciones es fundamental para conocer sobre qué perspectiva estamos avanzando. Por otro lado, no vemos representación de mujeres afro, amazónicas o LGTBIQ+ dentro de las producciones analizadas, lo que indica una ausencia de las diversas identidades ciudadanas, étnicas y culturales que aún no son visibles en esta expresión artística y mediática.
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(*) Licenciada en Ciencias de la Comunicación y coordinadora del Cine Club Lambayeque.
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