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SER PADRE: REFLEXIÓN Y TESTIMONIO CON MOTIVO DE LA CELEBRACIÓN DEL DÍA DEL PADRE

Escribe: Juan Vejarano Vergara (*)
Edición N° 1256

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Cada tercer domingo de junio celebramos el Día del Padre, una fecha de mucha significación para muchos y también de nostalgia, de malos recuerdos para otros. Ser Padre no es solo el hecho de engendrar un hijo en una noche de placer o por un acto fortuito, ser Padre alcanza una connotación superlativa, porque adquiere un compromiso y una obligación de vida con ese nuevo ser que es carne de nuestra carne, y que ocupará un espacio por siempre en nuestras vidas. A esos hombres cobardes que rompen el corazón de un hijo al no reconocerlo y lo abandonan a su suerte, les digo que no saben lo que se pierden; el amor de los hijos es único y real.

 “Un padre no es el que da la vida, eso sería demasiado fácil, un padre es el que da el amor”, señaló el novelista canadiense Denis Lord. “Un hombre que no sabe ser un buen padre, no es un auténtico hombre”, precisó el escritor estadounidense Mario Puzo. “Desconocemos el amor de los padres hasta que tenemos a nuestros propios hijos”, sostuvo el teólogo y escritor Henry Ward Beecher. He querido comenzar este artículo con estas célebres frases que se han acuñado a lo largo del tiempo en torno a la figura del padre, de ese ser humano que lucha día a día para que a sus hijos no les falta nada, para que sean personas de bien y con valores, sobre todo ahora que vivimos en una sociedad marcada por la violencia y los peligros, y por los medios tecnológicos que en muchos casos son bastante agresivos, y por ende negativos, para nuestra niñez. Cada tercer domingo de junio celebramos el Día del Padre, una fecha de mucha significación y trascendencia para muchos, y también de nostalgia, de malos recuerdos y decepciones para otros.  Cada tercer domingo de junio la familia se reúne en torno a la figura del patriarca, para celebrar y agradecer el enorme esfuerzo y dedicación que ha tenido con sus vástagos en su formación integral como personas, en proveerles condiciones de vida adecuadas que les permita en el futuro ser ciudadanos honestos, decentes, íntegros moral y éticamente.

Ser Padre es una bendición de Dios, es una deferencia que la vida nos da para que cada día seamos más responsables, juiciosos y comprometidos en la crianza de aquellas criaturas inocentes que vienen al mundo gracias al amor de los padres. No cualquiera es tocado por esa gracia divina, ello está reservado para aquellos que asumen roles mayores y de alto contenido humano en la conducción de seres que serán la extensión de vida en la tierra. Ser Padre no es solo el hecho de engendrar un hijo en una noche de placer o por un acto fortuito, ser Padre alcanza una connotación superlativa, de suma relevancia, porque adquiere un compromiso y una obligación de vida con ese nuevo ser que es carne de nuestra carne, y que ocupará un espacio por siempre en su devenir como personas. Cada tercer domingo de junio los padres tenemos la dicha y la fortuna de que nuestros hijos nos susurren al oído lo mucho que nos quieren, que nos estampen un beso enternecedor en la mejilla o nos estrechemos en un abrazo eterno salido desde el alma. No importa la edad del hijo, sea chico o sea grande, pero esa expresión de amor recorre todo nuestro organismo y nos hace sentir más vivos que nunca, nos hace vibrar de emoción, lo que evidencia que nuestra tarea como padres ha ido en el camino correcto. Pese a nuestros errores involuntarios siempre vamos a querer y dar lo mejor para nuestros hijos, porque ellos son la continuación de nuestra existencia.

Actos de bajeza

Pero es muy probable que esta felicidad no llegará a todos por completo, porque en el camino a lo mejor se cruzó el infortunio y muchos padres partieron a la eternidad dejando un enorme vacío en sus familias, y en otros casos porque ellos mismos se lo ganaron a pulso con sus actos inmaduros e insensatos. Me refiero a aquellos hombres que nunca asumieron con hidalguía la noble misión de ser Padres, jamás cargaron sobre sus espaldas tamaña obligación y lo único que hicieron fue procrear a un niño y luego se olvidaron de él, se negaron a reconocerlo ante la ley o simplemente -en un acto de bajeza y poca valentía- los ignoraron, dejándolos a su suerte. Y como ha sucedido a lo largo de nuestra historia, quienes han tenido el coraje y han sido protagonistas de sacar adelante a esos indefensos seres, han sido las madres, que a pesar del dolor causado por la canallada de estos padres, cargaron con su cruz a cuestas y con la frente en alto supieron sacar adelante a sus hijos. Es innegable que todo niño y niña necesita de la protección de sus padres para poder desarrollarse plenamente; pero cuando uno de ellos abandona el núcleo familiar o no se hace cargo de las necesidades de sus hijos, repercutirá negativamente en la salud mental de los pequeños. Cuando hay el abandono del padre o la madre, generalmente se produce una lesión emocional difícil de manejar a lo largo de los años; mientras que algunos logran florecer y desarrollarse como personas a pesar de esta ausencia, otros arrastran sus consecuencias que pueden ser determinantes en la vida futura de la persona.

Felizmente el sistema de justicia peruano modificó hace algunos años las leyes, ante tantos casos inhumanos y dolorosos de padres que se negaban a pasar una pensión de alimentos a sus menores hijos. Ahora hay normas más severas que castigan hasta con pena de cárcel a aquellos sujetos que se niegan a asistir económicamente a sus niños. Sin embargo, todavía hay mucho que corregir para evitar que más menores crezcan en el desamparo y sin la figura paterna en el hogar, la cual es fundamental para el crecimiento ininterrumpido y sostenido de los hijos. La psicoterapeuta Verónica Zevallos advierte que crecer en una familia disfuncional (padres separados) afectará al desarrollo psicológico y emocional de un niño, por ello es de vital importancia velar por su integridad física y moral cuando se encuentre en ese momento crucial. “Los primeros años de vida (de 0 a 6 años) son decisivos en la formación de la personalidad. En este periodo el niño pasa por diferentes crisis: confianza, desconfianza, autonomía, vergüenza, iniciativa y culpa. Somos lo que somos por la interacción de la herencia con el entorno”, advierte. “Cada tipo de abandono genera sus propias consecuencias que también dependerán del carácter del niño y de la sabiduría del progenitor que se queda, para explicar la situación sin victimizarla y enseñarle cómo construir su personalidad sin depender del afecto de una persona ausente” (https://www.mundopsicologos.com).

Exhortación

A esos hombres cobardes y sin agallas que rompen el corazón de un hijo al no reconocerlo ante la ley y lo abandonan a su suerte, les digo que no saben lo que se pierden, el amor de los hijos es único y real. Qué hermoso es verlos crecer y ser parte de su desarrollo, pese a las adversidades que se puedan presentar en el camino; qué satisfacción cuando ves que ese pedacito de ser en algunos años más será tu continuación de vida, será quien en el tiempo perdure tu apellido. A los verdaderos padres mi saludo y respeto, que sigan en esta senda construyendo mejores personas, y quienes están en deuda, reflexionen y enmienden sus errores, nunca es tarde para ganarse el cariño de los hijos, aunque en esas circunstancias el trayecto sea más difícil. Ustedes son el espejo para sus hijos cuando ellos también asuman este importante rol en la familia.

Antes de terminar este artículo quiero rendir testimonio hacia mi padre Segundo Vejarano Escobedo. Mi madre falleció cuando aún cursaba la época escolar, mi padre asumió la gran responsabilidad de criarnos y sacar adelante a sus tres hijos, todos menores. Seguramente con errores, propio de todo ser humano que tiene el derrotero de sacar adelante a sus hijos, pero él sacó fuerzas de flaquezas para tomar el impulso necesario y hacer el doble papel que la vida inesperadamente le había preparado. Hoy, a sus 86 años, tus hijos nos rendimos ante ti para agradecerte todo lo que has hecho por nosotros, por tu dedicación y esfuerzo para ser personas con valores bien cimentados, y en torno a ello el amor inconmensurable como familia. Gracias PADRE, tus sabias enseñanzas y tu legado ahora trato de inculcar y sembrar en los dos regalos más importantes que me ha dado la vida: mi Juan Diego y Valentina Yamile. Y cerraré con esta célebre frase de un autor anónimo: “No hay mejor homenaje a la memoria del padre que imitar noblemente sus virtudes”.

(*) Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Primer Vicedecano del Colegio de Periodistas de La Libertad.

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