Sube!

No existen noticias en esta categoría para esta edición

RECUERDOS DEL INVIERNO PASADO: PANELES QUE ERAN PAREDES

Escribe: Eloy Seclén Neyra (*)
Edición N° 1252

  comentarios   

Aparecieron abruptamente solo en ciertas avenidas y en ciertas ciudades. Sus criterios de selección resultaron al final un homenaje al centralismo. En el fondo, repitieron lo mismo que los medios de comunicación durante toda la campaña de segunda vuelta, que por cierto es lo mismo que han repetido los últimos 30 años. Miles de soles de misterioso origen costaron los paneles publicitarios que hace un año nos intimidaron. Y aunque fallaron la primera vez, lo siguen intentando.

“Ganar más por mi esfuerzo es ser libre”. Mayúsculas totales en todo lo alto de la Panamericana Norte. Día y noche. Uno llegaba de Chiclayo a Lima con la maleta llena de dudas. No saber mucho sobre esta pandemia, cuándo llegarían las vacunas, que si el trabajo, que si los estudios. En los buses se dormía con mascarilla, protector facial y cortina cerrada. Pero nada asustaba tanto como el enorme panel que aparecía en plena avenida. Miedo a colores iluminado en pantallas LED. El panel gritándonos, intimidándonos.

¿Ganar más por mi esfuerzo? Tal vez se referían a los dueños de las AFP, ¿verdad? Los pocos compatriotas afiliados, una reducida minoría en un país donde reina la informalidad, vienen reportando hace meses pérdidas escandalosas en la rentabilidad. Los analistas de siempre, sin embargo, insisten en que no es pérdida, sino “caída transitoria”. Matemática simple: cada uno de los paneles de la campaña llegó a costar hasta S/ 17, 550, dependiendo de la avenida, obviamente. Con pantalla LED, podía llegar a ser casi 20 mil soles. Algunos se quedaron hasta el mismo día de las elecciones.

Sí, pues. Deben haber ganado bastante con nuestro esfuerzo. Bien libres deben ser de derrochar el dinero de otros. Libre mercado le llaman.

La inconsecuencia de sus mensajes

“Piensa en el futuro de tus hijos. No al comunismo”. Tres segundos de lectura y el mensaje te acompañaba por toda la Vía Expresa. Nuestros hijos. La razón por la que miles toleran colas de hasta dos horas para subir a un bus del Metropolitano. Todos los días. Todas las noches. Nuestros hijos. Lo más sagrado, dicen. Nadie se metería con ellos. Si hasta hay un grupo que tiene un nombre similar.

A inicios de esta semana, el señor Jaime de Althaus, periodista que nunca estudió dicha carrera, publicó en Twitter los datos personales de la hija del presidente Pedro Castillo. En su afán por promover la campaña de vacancia y cuestionar la tesis del mandatario, no dudó en compartir la ficha de Reniec de la menor de edad. Es miembro del Consejo Consultivo del diario más antiguo del país, pero parece no estar al tanto de las implicancias éticas de sus acciones.

Ya borró el tuit, por cierto. Sin disculpas, sin remordimientos. Cuando dijeron “Piensa en el futuro de tus hijos”, ¿no habrá sido realmente una amenaza? Porque la semana pasada nomás, el grupo de oposición denominado “La resistencia” atacó impunemente un acto cultural dirigido a niños y niñas. No era un mitin, ni una marcha. ¡Era un evento cultural ofrecido por una biblioteca! Quizá la impunidad con que actúan es la misma que expresa el intocable De Althaus.

“Protege tu trabajo y tu libertad”, mandaron a decir los mismos que dejaron en la calle a miles de personas en plena pandemia, respaldados por la suspensión perfecta. “¿Sabes que el voto en blanco le suma el comunismo?”, preguntaron en sus paneles. La verdad es que ahora más de uno se lamenta no haber dejado su cédula en blanco. “El socialismo nos lleva al comunismo”, anunciaban esotéricamente. Lo más probable es que ni siquiera hayan abierto un libro para estudiar o rebatir dichos conceptos. Pura política hecha farándula. Pura política del miedo.

El futuro que se anunció

Ningún panel pudo acertar con lo que realmente pasaría. Con lo que contemplamos día a día. Más de cuatro meses han pasado desde el ecocidio perpetrado por la empresa Repsol. Ninguna sanción, ningún responsable. Se repartieron canastas familiares en vivo y en directo; algunas líderes de opinión argumentaron “que se veía horrible pero se puede limpiar”.

Más de un año ha pasado desde la masacre en Vizcatán del Ene. Dijeron en los programas dominicales que en medio de los cadáveres, cinco de ellos menores de edad, habían arrojado volantes advirtiendo de no votar por Pedro Castillo. Votamos. Acá seguimos. Y como suele ocurrir, ningún sentenciado, comisiones del Congreso que rindieron homenaje a la inutilidad. Como sabemos, en el Perú hay lugares donde nunca colocarían paneles luminosos LED de 20 mil soles.

Los medios de comunicación hegemónicos son como esos paneles. Vociferan, por ejemplo, el testimonio de un tal Zamir que afirmaba tener las pruebas definitivas del fraude electoral. Un año después de comprobar la ineptitud del gobierno uno se pregunta cómo podría haber desarrollado semejante maquinaria. Pero las cortinas de humo cumplen su función. No se habla, por ejemplo, de la toma del Tribunal Constitucional, captura que ya empieza a develar sus primeras intenciones: un conjunto de sentencias que obliga al Estado a indemnizar a los herederos de haciendas y fundos expropiados durante la reforma agraria. Nada menos.

Los recuerdos de hace un año hablan de la incertidumbre de no saber qué pasaría. Hoy comprobamos que esos paneles más parecían paredes levantadas por una élite temerosa de perder sus privilegios. Su desesperación ha crecido. Pero nuestra incertidumbre también. ¿Qué saldrá de los escombros de esta construcción absurda?

(*) Sociólogo y docente universitario.

Deja tu Comentario