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APUNTES SOBRE LA GUERRA GRANCOLOMBO-PERUANA: Lambayeque en los inicios de la república

Escribe: Freddy Centurión González (*)
Edición N° 1235

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Los orígenes de nuestra primera guerra como país independiente arrancan desde el final accidentado de la influencia del Libertador Bolívar en el Perú. No habían pasado ni cinco años de la lucha común en el campo de Ayacucho, cuando soldados del antiguo ejército unido libertador se enfrentaban ferozmente en el campo de batalla.

El contexto nacional

En septiembre de 1826, el libertador Simón Bolívar, habiendo promovido (a través de una suerte de consulta popular forzada) una nueva Constitución, partió del Perú, dejando al Consejo de Gobierno la tarea de promulgar la Constitución en diciembre. Esta Constitución, llamada “Vitalicia” por sus estipulaciones, no duró mucho: semanas después, en enero de 1827, la sublevación de las fuerzas bolivarianas en el Perú, dio a los liberales peruanos la oportunidad de abolir la “Vitalicia”, convocar a un Congreso Constituyente y elegir un nuevo presidente. El influyente Luna Pizarro aconsejó la elección de un militar probo y modesto, el gran mariscal José de la Mar, frente a otros jefes militares.

En agosto de 1827, La Mar inició su gobierno en condiciones difíciles. A la amenaza bolivariana, se sumaba la sorda oposición de los candidatos derrotados, dispuestos a explotar el sentimiento nacionalista contra el presidente, nacido en Cuenca. La Constitución de 1823 limitaba al Ejecutivo, lo que sería corregido por la nueva Constitución de 1828. La hacienda pública era insuficiente y endeudada. La sociedad vivía con múltiples expectativas. Sin embargo, había elementos favorables: el prestigio personal de La Mar, el respaldo del Congreso por influencia de Luna Pizarro, una fuerza naval respetable y leal al gobierno, y un ánimo colectivo por el desarrollo del país.

El desastre lambayecano de 1828

Al organizarse la República, Lambayeque era una de las diez provincias del departamento de la Libertad que prácticamente abarcaba todo el norte peruano. Esta provincia abarcaba las actuales provincias de Lambayeque, Ferreñafe, Chiclayo y Pacasmayo. Lambayeque se beneficiaba del intenso tráfico comercial, ofreciendo variadas cosechas de cereales, azúcar y frutas, además del tabaco exportado a Chile y las industrias del jabón, de los cordobanes y de los sombreros de junco.

Sin embargo, Lambayeque, que debía su preeminencia a la ruina de Saña por las inundaciones de 1720, estaba amenazada por similar riesgo. Y el nuevo gobierno nacional no descuidó el riesgo: en noviembre de 1827, el Congreso autorizó al Ejecutivo a gastar lo necesario para evitar que “las avenidas inunden la población y la destruyan”. Pese a las recomendaciones de un ingeniero, poco se hizo hasta febrero de 1828, ya en temporada de lluvias, cuando el nuevo subprefecto de Lambayeque, coronel José María Raygada, puso manos a la obra.

Era demasiado tarde: tras cuatro días de lluvia, el 16 de marzo, el río se desbordó, arrasando los barrios al norte del río y la zona este de la ciudad. El cosmógrafo mayor José Gregorio Paredes apuntaría que los habitantes debían asilarse en las huacas y médanos, que para llegar a Lambayeque se debía tomar balsas, que Saña, Olmos y Pacora fueron destruidos, que varios pueblos se vieron seriamente afectados y que la pérdida de casas, oficinas, ganados y sementeras fue incalculable.

El regimiento Húsares de Junín se encontraba en Lambayeque, por lo que Raygada pidió su traslado a una zona en mejores condiciones, optándose por distribuirlos entre Trujillo y Olmos. La condición en que quedó la provincia de Lambayeque fue lamentable, a tal punto que, en 1833, el diputado Mariano Pastor realizó numerosos pedidos de exoneraciones y consideraciones para la zona en los delicados asuntos de contribuciones y de reclutamiento.

La guerra con la Gran Colombia

Producto de la ruptura con el poder bolivariano, el Perú quedó entre dos tenazas. Al norte, el irritado Bolívar gobernaba la Gran Colombia; al sur, su lugarteniente Sucre era presidente de Bolivia. Por ello, el gobierno dispuso la concentración de tropas al norte (general José María Plaza) y al sur (general Agustín Gamarra). Esto dio pie, en mayo de 1828, a la intervención de las tropas peruanas de Gamarra en Bolivia, asegurando la caída del régimen de Sucre. La tensión entre la Gran Colombia y el Perú aumentó hasta que el 3 de julio de 1828, Bolívar declaró la guerra al Perú exigiendo el pago de la deuda de la independencia y de los territorios de Tumbes, Jaén y Maynas.

Tanto Bolívar como La Mar esperaban el apoyo de los enemigos internos de sus rivales, lo que podría dar una fácil victoria a cualquiera de las partes. De hecho, don Félix Denegri Luna consideraba que la guerra no fue “sino uno de los capítulos finales del sueño bolivariano de la gran Confederación Andina […] Sólo así se comprende que hombres como Santander, José María Obando y José Hilario López simpatizaran con las fuerzas peruanas de La Mar; y que Santa Cruz, Gamarra y La Fuente favoreciesen a Bolívar”.

Al iniciar la guerra, el ejército peruano tenía nueve batallones de infantería, un regimiento de caballería, y cuatro escuadrones de lanceros y dragones, distribuidos en las divisiones del norte y del sur, y que pronto aumentarían su fuerza combativa con los numerosos cuerpos cívicos a lo largo de la República. En el caso de la provincia de Lambayeque, encontramos cuatro batallones cívicos, y once escuadrones cívicos.

Producto de la guerra de independencia, se estableció una cierta división del trabajo en la producción de elementos básicos para la impedimenta militar. El Norte del Perú no sólo aportó a la lucha el contingente de sus recursos: también aportó hombres. Lambayeque tenía fama de contar con buenos jinetes, como Paz Soldán apuntó más de tres décadas después. Y donde hay buenos jinetes, se entiende que hay caballos de calidad.

La campaña naval demostró la superioridad de la escuadra peruana al mando del almirante Guisse, caído en las operaciones que llevaron a la toma de Guayaquil, que mostró calurosa acogida a los peruanos. Era el turno del ejército. La Mar demoró su campaña, para dar tiempo al arribo de la división del sur, pero la sospechosa demora en el avance de Gamarra y la necesidad de explotar los éxitos navales, hicieron impostergable la marcha al norte, ocupando Loja en diciembre de 1828.

Tras la llegada de Gamarra al mes siguiente, se reorganizó el ejército peruano en tres divisiones. Pero la campaña que parecía comenzar de una forma tan favorable sufrió reveses, primero en Saraguro el 13 de febrero, y luego en el Portete de Tarqui el 27 de febrero. Allí, las descoordinaciones en el alto mando llevaron a que la división del general Plaza, aislada del grueso del ejército, sucumbiese bajo el ataque de la totalidad del ejército colombiano al mando de Sucre. Al día siguiente, 28 de febrero, sin librar una batalla decisiva, forzados por las circunstancias, se acordó el convenio de Girón suspendiendo las hostilidades. Pero Sucre, al redactar el parte y decretar premios a sus tropas, tuvo expresiones falsas y ofensivas para los peruanos. La Mar protestó y rechazó el convenio de Girón.

Se imponía proseguir la guerra, para lo cual era necesario reforzar el ejército, reclutando más unidades y fabricando la necesaria impedimenta, en medio de un constante flujo de víveres y material bélico. Pero La Mar no lograría lanzar la ofensiva que proyectaba porque se produjo un golpe de estado doble: La Fuente depuso al vicepresidente Salazar en Lima, y Gamarra arrestó y expatrió al presidente La Mar en Piura (6 y 7 de junio de 1829).

Con el dinero recolectado por el depuesto vicepresidente, Gamarra reorganizó el ejército y envió una división a Lambayeque como reserva. Tras pactar el cese de hostilidades, se acordó en julio un armisticio, hasta llegar a la firma del tratado Larrea-Gual que puso fin al conflicto, aunque dejó sin delimitar la línea fronteriza. Firmada la paz, Gamarra se instaló en Chiclayo entre fines de septiembre y fines de octubre de 1829, supervisando la desmovilización del ejército.

El golpe de 1829 fue decisivo en la historia peruana. La senda de los golpes de 1823 y 1827 podrían haber quedado como situaciones excepcionales y hasta justificables, pero con Gamarra, se instaló el caudillismo militar en la dirección de la vida pública, con lamentables consecuencias para el sueño republicano peruano.

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(*) Abogado, docente e historiador.

 respuesta de Lorenzo Davila Ordoñez, el 2026-09-05.

Fue un filántropo a carta cabal, con entrega total a servir al pueblo, amante del campamento y no la ciudad, gustaba vestir ropa de faena al smoking, relizó la planificación hidrgráfica desde Zarumilla Tumbes hasta la Yarada Tacna 2,700 Km. de la costa peruana Merecidamente recibió " El Padre de la Hidrografía Peruana " Gracias y Bendiciones.

 respuesta de Mónica Avila Málaga el 2025-08-05.

Excelente recordar esta parte de nuestra historia, yo lo supe en parte de primera mano, mi abuelo trabajó junto al Ingeniero Sutton, en la Irrigación de las Pampas de Imperial, que dieron origen al distrito de Nuevo Imperial. Y me lo contó desde niña.

 respuesta de luis el 2024-07-09.

porque tienen esa predispocision de engañar al pueblo con eso de ciudades inteligentes. Pasaran 200 años más y ni nuestros hijos veren ese futuro que promete la ministra Hanna Perez. Ahora los chinos lo haran todo. Con la clase de políticos convenidos que tenemos esto es una utopía. Hace años nos decian "ciudades sostenibles" hoy nos dicen "ciudades inteligentes" si las ciudades no son sostenibles menos van a construir inteligentes. Esto huele a CUENTAZO CHINO.

 respuesta de Isabel Undurraga Sutton el 2023-12-05.

charles w sutton era mi abuelo. su apellido materno es Webber

 respuesta de Piedad Pareja el 2023-09-08.

Interesante línea de investigación. ¿Existen planos hidrográficos de la actual región Lambayeque trazados por Charles Wood Sutton?

 respuesta de Carmen Vassallo el 2023-04-16.

Gracias por su información, es loable como se aprende mas compartiendola.

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