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EL PATRIMONIO CULTURAL INMATERIAL: Vínculo permanente entre pasado y presente, creación y recreación

Escribe: Carlos Mendoza Canto (*)
Edición N° 1216

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El Perú es un territorio rico en cantidad de expresiones culturales, muchas de las cuales han sido reconocidas como Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI) por la UNESCO y el MINCUL. Seguramente, muchos de nosotros consideramos que otras están todavía pendientes por declarar, lo cual da cuenta de la diversidad cultural existente y testimonia también la amplia expresión creativa de nuestros pueblos.

El Patrimonio Cultural Inmaterial es la fuerza motriz para las culturas vivas, se ha nutrido del proceso creativo desarrollado a lo largo de varios milenios por los diversos grupos étnicos que habitaron este territorio y que construyeron sociedades de gran refinamiento. Este patrimonio cultural originario fue enriquecido en un complejo proceso de mestizajes y transformaciones culturales a partir del siglo XVI, con la llegada de los europeos a nuestras tierras y la consiguiente incorporación mundial; así como, tristemente también, por influencia de la globalización de los últimos tiempos, la transformación  de la sociedad y la intolerancia,  se da cuenta de su vulnerabilidad, razón por la cual es importante fortalecer el trabajo de su  promoción, salvaguarda y defensa, tanto desde instancias político públicas, la ciudadanía, como también de los propios portadores.

Es importante señalar que el Patrimonio Cultural Inmaterial es un capital que, aprovechado de manera sostenible, contribuye en el desarrollo socioeconómico de los pueblos y el diálogo entre culturas, propiciando interculturalidad,  respeto por el otro y sus respectivas formas de vida, prácticas armoniosas vigentes en nuestras comunidades que les permiten una permanente recreación, creando nuevos tejidos generacionales y evolucionando de acuerdo, y en respuesta, a su entorno, contribuyendo de esta manera en la construcción de sentimientos de identidad, continuidad, pertenencia y ciudadanía, siendo vínculo indisoluble de continuidad entre el pasado y el presente.

La UNESCO definió el patrimonio inmaterial como “el conjunto de creaciones basadas en la tradición de una comunidad cultural expresada por un grupo o por individuaos que reconocidamente responden a las expectativas de una comunidad en la medida  en que reflejan su  identidad cultural y social”, el cual está conformado por los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas, junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que le son inherentes a las comunidades, los grupos y, en algunos  casos, los individuos, para que se les reconozca como parte integrante de su patrimonio cultural.

Medidas de salvaguardia

Así también, esta misma organización, en su 32ª reunión celebrada en el 2003,  aprobó la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial y su aplicación en coordinación con las representaciones de cultura nacional; otorgando medidas de salvaguardia para garantizar la viabilidad  del patrimonio cultural inmaterial, las cuales  comprenden: la identificación, documentación, investigación, preservación, protección, promoción, valorización,  transmisión a través  de la enseñanza formal y no formal, la revitalización del patrimonio en sus aspectos de construcción colectiva,  participación  interinstitucional y multisectorial, la toma de acuerdos y decisiones para la preservación, conservación, revitalización de la expresión cultural; lo cual ha sido sin duda determinante y significativo para la conservación de saberes, prácticas y valoraciones culturales.

Este patrimonio, señala la Convención, se puede manifestar en los siguientes ámbitos: Las tradiciones y expresiones orales, incluido el idioma como vector del patrimonio cultural inmaterial; las artes del espectáculo; los usos sociales, rituales y actos festivos; los conocimientos y usos relacionados con la naturaleza y el universo, y las técnicas artesanales tradicionales.

Así tenemos, por ejemplos declaratorios en la región Cuzco dos expresiones integradas en la Lista de Patrimonios Culturales Inmateriales de la Humanidad y una en la Lista de Patrimonio Cultural en urgencia de Salvaguarda por la UNESCO: ‘La Peregrinación al Santuario del Señor de Qoillurit´i’; ‘Conocimientos, Habilidades y Rituales relacionados a la Renovación Anual del Puente Q´eswachaka’ y ‘La Eshuva, cantos rezados Harákmbut de la Etnia Wachiperi’, (Lista de Patrimonio Cultural en urgencia de Salvaguarda).

Y, en nuestra región Lambayeque, declaratorias de Patrimonio Cultural Inmaterial a: ‘La Danza Diablicos de Túcume’, ‘La Danza de los Guerreros Cascabeleros de Kañaris’ y ‘Las Picanterías y Chicherías de Lambayeque’.

Creaciones originarias

Qué duda cabe,  las expresiones y los conocimientos tradicionales son creaciones intelectuales originarias de grupos específicos, sustentados en sus tradiciones y costumbres; así por ejemplo, las tradiciones y valores de los pueblos indígenas se manifiestan a través de la danza, la música, la literatura oral, cuyas características se transmiten de generación en generación, los cuales reflejan  la identidad  cultural y social  de un pueblo: cuentan con elementos propios de la comunidad o grupo que las desarrolla, son creaciones de colectividades o individuos encomendados para realizar tales creaciones a nombre del grupo o comunidad; así, el folklore y los conocimientos tradicionales son parte de la expresión de un pueblo o grupo, incluyen las diversas tradiciones y prácticas (antiguas y contemporáneas) que manifiestan la cultura  de dichos grupos. En el caso específico de los conocimientos tradicionales, estos pueden manifestarse por medios orales transmitidos de generación en generación a través de leyendas, rituales, historias, y muchas veces canciones, música y enseñanzas.

Todas las expresiones tradicionales y costumbristas son parte integrante de la identidad cultural y social de las comunidades indígenas y locales, dado que comprenden la experiencia, los conocimientos y transmiten valores y creencias fundamentales.

Las festividades, los saberes, usos y tecnologías (medicina tradicional, culinaria); lo mismo que peregrinaciones, conocimientos, habilidades y rituales; formas de organización y de autoridades tradicionales; lenguas y tradiciones orales; expresiones artísticas como la artesanía; cantos, danzas, y música, son evidencias vivas de nuestro patrimonio cultural inmaterial, enclavadas en cada una de nuestras comunidades.

Cabe resaltar que la importancia de las declaratorias radica en que es solo el inicio de una gran tarea que va más allá del mero reconocimiento de la oficialidad, debiendo convertirse en un proceso que empodere a las comunidades, en instrumento que contribuyan a asegurar la continuidad de sus prácticas culturales; los mismos que, asociados al turismo sostenible, signifiquen desarrollo para las comunidades herederas.

En este tema, tenemos los lambayecanos tarea pendiente con muchas de nuestras manifestaciones festivas, rituales, gastronómicas, dancísticas, formas de organización y de autoridades tradicionales, lenguas y tradiciones orales; dando ese primer paso estaremos, recién, asumiendo la responsabilidad para con nuestra herencia cultural.

Sirva, entonces, este artículo como motivo de reflexión para celebrar el Día Mundial del Folclore y el Día internacional de los Pueblos Indígenas, de quienes nos vienen muchos de nuestros saberes y expresiones recreados hoy y quienes, lamentablemente, se encuentran entre las poblaciones más vulnerables y perjudicadas del mundo; razón por la cual, la comunidad internacional reconoce que se necesitan medidas especiales para proteger sus derechos, mantener sus culturas y sus formas de vida. Este Día internacional de los Pueblos Indígenas es, inexorablemente, una oportunidad para crear conciencia sobre su situación.

(*) Gestor cultural.

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