En el Perú solo existen cinco orquestas sinfónicas: en Piura, Trujillo, Lima, Arequipa y Cuzco. En Lambayeque, sin embargo, por falta de decisión política que genere fondos para sostener una, los proyectos para hacer de la música un agente cultural e integrador de la sociedad se desploman.
Martín Waltersdorfer Mendoza, músico lambayecano y violinista desde los 12 años, explica que una orquesta sinfónica es una estructura formada por tres grupos instrumentales: las cuerdas frotadas que constan de violines, violas, violonchelos y contrabajos; el grupo de masa de los vientos de madera, que está formado por las flautas, el pico, el fagot, contrafagot y, finalmente, el grupo de viento metal constituido por trompas, trompetas y otros.
Esta agrupación o conjunto musical de gran tamaño tiene generalmente entre 70 y 100 músicos que escenifican diversas obras musicales y, dependiendo de su tamaño, generan distintas paletas de sonidos.
“Cuando un pintor tiene más colores, más cosas puede hacer. Sucede lo mismo con una orquesta sinfónica. Si el director de orquesta y los compositores tienen una enorme gama de calidad de sonido pueden hacer excelentes obras musicales”, expone.
PROBLEMAS
El músico sostiene que Lambayeque nunca ha tenido una orquesta sinfónica pese a los intentos de los gestores culturales, pues el problema radica en que el trabajo siempre se hace de manera amateur. Es decir, se generan las orquestas, pero no se les brindan los recursos para solventarse.
“El presupuesto de una orquesta sinfónica es alto. En promedio se necesitan 100 mil soles mensuales para que se mantenga, realice presentaciones periódicas y que sus músicos estén abocados en el trabajo. Como mínimo se requieren dos años para que una orquesta madure y sus músicos ensamblen”, indica.
Agrega que esto no ocurre en Lambayeque porque las orquestas son amateur y surgen por la buena intención de los músicos, pero solo duran hasta cierto tiempo porque su economía no resiste.
“Esta dificultad en Lambayeque data desde hace muchos años. En la década de los 80 hubo un intento bastante grande, pues se formó una orquesta con el maestro Quezada Macchiavello y el patronato de cultura, pero se desintegró. Después surgieron otras propuestas que por falta de presupuesto se vinieron abajo. Hace dos años la Filarmónica de Chiclayo está integrándose con mucho esfuerzo y esperemos no corra la misma suerte”, señala.
Martín Waltersdorfer refiere que en la actualidad las temáticas de estas orquestas son muy variadas, pues interpretan música instrumental y clásica, pero también salsas, rock o cumbias. Todo es cuestión que exista un músico arreglista que construya las notas pertinentes adaptadas a la estructura de la orquesta.
CARRERA MUSICAL
Waltersdorfer Mendoza proviene de una familia conocedora del arte y la cultura. Sus padres fueron melómanos amantes de la música instrumental, por ello se desarrolló como artista desde los 12 años cuando pudo cargar su violín.
A los 16 años tomó clases de música con el apoyo de su familia. Posteriormente, inició una carrera universitaria en el campo de la biología, pues el movimiento musical y cultural era muy limitado en provincia.
“El violín es un instrumento que desde el primer instante me cautivó. Pudo haber sido cualquier otro, pero tuve la oportunidad de conocerlo gracias a mi abuelo. Él tocaba dicho instrumento y me lo dejó y una vez que aprendí, me encantó”; cuenta.
PANORAMA ARTÍSTICO
El violinista señala que el trabajo que se hace en Lambayeque depende exclusivamente de los artistas que generan los productos, pero ese sector dedicado a la cultura está abandonado, sobretodo en provincia.
“Aquí todas las actividades culturales que se generan son por el propio esfuerzo del artista. Es él quien pone el dinero y sostiene sus actividades. En cuanto a las autoridades o instituciones, la ayuda es muy limitada. A lo mucho representa el 10 % y eso no es suficiente”, indica.
Otro factor limitante, detalla Martín Waltersdorfer, es que las personas no se generan a sí mismas la cultura de visita a los lugares artísticos. Lambayeque posee un público limitado y el artista no puede sobrellevar el peso de su producción, por ello muchas veces renuncia a sus proyectos.
PROYECTOS
“Como todo joven, empecé con proyectos muy ambiciosos. Mi idea era una sinfónica o una orquesta de cámara. De la primera pasé a la segunda porque me pareció difícil para Lambayeque”, cuenta.
Una orquesta de cámara es más versátil y no tiene una estructura tan compleja y grande como una sinfónica. Puede estar formada por 20 personas que se valen de unos instrumentos musicales que no se usan comúnmente.
“El trabajo de orquesta de cámara más importante que llegué a realizar fue hace unos cuatro años cuando se generó la orquesta de cámara municipal con 20 integrantes y todos los instrumentos eran de cuerdas, pero tuvimos el problema ya mencionado: el presupuesto”, refiere.
Después, Waltersdorfer Mendoza ha creado sus propios proyectos como Ensamble, Caminata de Chiclayo y ha tocado con algunas agrupaciones instrumentales como Paradojas. También realizó DOMO, una agrupación que fusionó el jazz con música criolla, blues, baladas y otros estilos.
Actualmente, Martín Waltersdorfer ha formado a ‘Dúo Iskay’ y lo constituye él en el violón y Martín Sernaqué en la guitarra. El pasado viernes tuvieron una presentación en la Casa de la Cultura a las 8:00 de la noche, donde rescataron la música lambayecana para llevarla a un formato instrumental.
respuesta de Alfredo Gonzales B el 2020-05-23.
Hay que persitir.
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