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¿CUÁNDO TERMINARÁN LA OBRA DEL COLECTOR HAYA DE LA TORRE? Para EPSEL, el reclamo ciudadano es una “ofensa malgeniada”

Escribe: Jorge Chávez Pita (*)
Edición N° 1288

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En algún momento de nuestro existir, nadie se puede eximir de reclamar un derecho esencial, que es vivir con salubridad y con plena satisfacción del servicio prestado, por lo menos es lo que se reclama, con mayor preponderancia, cuando por la prestación brindada es pagada cíclicamente, a pesar que el servicio sea deficiente como es el caso de la Entidad Prestadora de Servicios de Saneamiento de Agua Potable y Alcantarillado de Lambayeque - EPSEL.

Durante la vigencia de esta entidad prestadora, lo que más ha logrado obtener son reclamos tras reclamos, no solo por el ineficiente servicio ofrecido, sino por las constantes alzas tarifarias mensuales, que sin sustento alguno, las diferentes administraciones han logrado percibir, por cierto, sin que la calidad de los servicios que ofrecen como únicos y privilegiados proveedores mejoren, convirtiendo su ineficiente prestación como un hecho normalizado, y por obligación y necesidad el usuario tiene que utilizar y pagar por ellos.

¿Hay derecho de protestar?

La Carta Magna prescribe que sí, indudablemente cuando los derechos ciudadanos son conculcados con arbitrariedad, el abuso de autoridad impera y, por qué no, cuando los organismos asistenciales del bien común dejan de lado su función con la finalidad de generar más ingresos que le permitan solventar planillas doradas, contratos de funcionarios ineficientes y cubrir los gastos operativos que demandan su precaria funcionalidad, que no resuelve nada y que agrava lo que ya anda mal, por eso y otras razones más ¡hay que protestar!  y si el reclamo es recurrentemente por lo mismo, este se hace más preponderante, para decirle a quien encabeza y proclama que todo marcha bien, que del cien por ciento de lo que nos dice y ofrece, el cincuenta podría ser verdad, y de ese porcentaje la mitad tenemos que dudar.

El descredito grotesco

Con la licencia del caso, y apartándome en parte del contexto natural del presente artículo, tengo que protestar con extremada indignación por la manera en la que un funcionario de EPSEL se ha manifestado en un medio televisivo y radial, tratando de desacreditar a mi persona, diciendo que mal hago en reclamar si no soy ingeniero.

Este personaje pretende acallar mi protesta respecto a la mala y demorada ejecución del mejoramiento del colector de la avenida Víctor Raúl Haya de La Torre, por cierto muy cercana al lugar de mi residencia, diciendo que no soy lo que este señor supuestamente es y, como si bien me conociera, concluye con su alocución diciendo que protesto por mi mal genio, cuando los vecinos circundantes de esta obra desmadrada en su ejecución, día a día sufrimos la contaminación producto de las aguas servidas que por meses no logran evacuar. 

Vuelvo al tema

Superado el incidente y arraigándome en el contexto del presente artículo, debo incidir que los servicios prestados por EPSEL, respecto al manejo de las redes que conducen las aguas servidas de Chiclayo y los distritos aledaños como son José Leonardo Ortiz y La Victoria resultan ineficientes e incontrolables en la mayoría de los casos, tal es así que, como una película repetida a diario apreciamos cómo las aguas desechables y contaminantes, que discurren por los sistemas por los que la entidad prestadora nos cobra mes a mes, se embalsan y se muestran con su color característico, lo que genera un espejismo de inmundicia.

Concluyo

Siendo EPSEL una entidad prestadora de servicios, que nada presta, sino cobra, el accionar funcional de la misma, históricamente ha sido y sigue siendo cuestionada, no solo por su aparato burocrático operativo y administrativo improvisado, sino porque es un ente que se ha estacionado en la mediocridad absoluta respecto al servicio que debe y tiene que prestar, máxime si por ello cobra y obliga a ser remunerado por un servicio de mala calidad y una ineficiente operatividad cuando se trata de reparar o mejorar los dos sistemas de redes que maneja, los cuales, si en buena cuenta son mejorados en un lado, en otros, las aguas siguen colapsando sin parar.

Eso es EPSEL, empresa que cobra por un servicio mal dado y si hay quejas, aplica la vieja ecuación de: “paga primero y después reclama”. ¿Hasta cuándo tanta ineptitud?     

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(*) Especialista en Contrataciones del Estado.     

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