Sin duda, de no mediar ningún inconveniente, a lo largo y ancho del Perú ya se habría elegido a 196 alcaldes provinciales y 694 distritales, todos ellos pertenecientes a diferentes partidos políticos y movimientos regionales, estos últimos con mayor presencia en los gobiernos subnacionales, que al fin del cabo, demuestran la indignación y el hartazgo por parte de los electores, de la clase política cada vez más empobrecida en la moral y sus carencias obvias del quehacer gubernamental.
Habiendo terminado ya la campaña electoral y un proceso eleccionario triste y desesperanzador, las cifras paupérrimas de votantes alcanzadas por varios candidatos para ser elegidos, nos muestran, en muchos casos, su debilidad intrinsica y el poco arraigo popular con el que contaban, tal es así que, muchos de ellos, si bien obtuvieron su elección voto a voto, algunos lo hicieron con diferencias mínimamente inferiores a la de su más cercano competidor. Al final todo vale, si se trata de elegir a su autoridad.
Lo que está por venir
La normatividad electoral, prevé que luego de los resultados alcanzados, los alcaldes elegidos tengan que ser proclamados y recibir una credencial que los convierta, oficialmente, en la primera autoridad política gubernamental que dirigirá los destinos del lugar donde fueron elegidos como tal. En el caso de la región Lambayeque, asumirán la autoridad conferida tres alcaldes provinciales y 35 distritales, todos ellos representando casi en su totalidad a diferentes partidos políticos, algunos de ellos tradicionales y otros nuevos en el espectro electoral. A partir de ahí, se inicia la protocolar trasferencia documental y los resultados de cada gestión – muchas de ellas disfrazadas -, para luego hacer la entrega del cargo el último día de los cuatro años de mandato por parte de la autoridad saliente, elegida por voto popular.
El inicio de la nueva gestión municipal
De seguro que, el día uno de enero del 2023, muchos alcaldes elegidos ocuparán el sillón municipal acompañados de su elenco no estable, pero al fin de “su confianza”, es decir, estos sujetos palaciegos siempre serán de la partida.
En este punto, la pregunta se cae de madura es por qué y para qué de su confianza. El historial gubernamental municipal, en la mayoría de los casos, nos muestra que las autoridades, desde antes de ser elegidas, ya caminan con su parafernalia constituida por estos seudos personajes conectados fácticamente para conformar y diseñar el tinglado que les permita desde “el saque” y soterradamente - luego de ser elegidos -, empezar a cometer su fechorías para apropiarse de lo ajeno con el fin de recuperar lo invertido en su campaña ganadora y, a partir de ahí, empezar a hacer el vil negoció de su vida. Sin duda, con total impunidad.
La mirada ciudadana es importante
Sin duda, cuando se mira, se descubre, cuando se descubre se delata. Es lo que la sociedad civil debería y tendría que hacer, cuando perciba que la ratería empieza a socavar su calidad de vida y su alicaído bienestar producto del accionar corrupto de algunas autoridades elegidas, quienes haciendo uso y abuso del poder conferido, arguyen que pueden hacer con el mismo, lo que este les permite y, eso, no hay que permitírselo a ninguna autoridad que utiliza su oportunidad para robar y el poder que no pueden sostener decentemente, para desfalcar los dineros asignados para la comunidad a la que son dirigidos, los cuales, con frecuencia desmedida y el engaño sistemático, pasan de una mano a otra hasta recalar en el bolsillo de la farsante autoridad.
Para reflexionar
El periodista, escritor y novelista ecuatoriano Juan María Montalvo Fiallos, precisa mediante su reflexión lógica respecto a lo que significa “Robar a la Nación” que robarle a una nación, es robar a todos; “el que roba es dos, cuatro y diez veces ladrón; roba al que ara y siembra, roba al que empina el hacha, al que acomete el yunque, roba al que se une al trabajo común con el alma puesta en su pincel, roba al agricultor, al artesano al artista; roba al padre de familia, roba al profesor, roba al grande, roba al chico”.
Continúa diciendo: “Todos son contribuyentes del Estado, el que roba al Estado a todos roba, y todos deben perseguirlo por derecho propio y por derecho público”. Por lo tanto, sostiene Montalvo Fiallos, que la frase execrable del “Roba pero hace” es una frase que todos debemos condenar y borrar de nuestras mentes.
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(*) Especialista en Contrataciones del Estado.
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