Más de 24 millones de ciudadanos asistirán a las urnas este domingo 2 de octubre para elegir a sus nuevos alcaldes y gobernadores regionales. La campaña electoral ha sido fría, con escaso involucramiento de la mayoría de la población, que ha estado pensando más en conseguir el sustento diario para sus familias que en las elecciones. La ciudadanía debe estar alerta, porque los doce partidos nacionales que participan llevan en sus listas a candidatos con investigaciones fiscales por casos de corrupción o tienen expedientes abiertos en el sistema de justicia. Ante estos escenarios tan deprimentes y pesimistas, la madurez y sensatez del elector será trascendental, por ello es obligación ineludible emitir un voto reflexivo, bien pensado y con criterio de conciencia para que no haya arrepentimientos futuros.
El cierre de campaña de los candidatos que postulan a las elecciones regionales y municipales terminó siendo sido un tanto fría, como el tiempo que nos ha acompañado en este duro invierno. Después de cuatro meses de labores proselitistas ha llegado la hora de la verdad, la hora de las definiciones. Este domingo 02 de octubre más de 24 millones de ciudadanos elegirán a sus nuevas autoridades municipales y regionales en todo el país, para los próximos cuatro años. En el rush final los aspirantes hicieron sus máximos despliegues para llegar con sus propuestas al mayor número de electores, para ello no escatimaron esfuerzos en recorrer plazas y mercados, realizar caravanas y mítines con grupos musicales para captar a esos potenciales votantes. No se sabe si al final estas estrategias de campaña les rindan los réditos que esperan, pero de lo que sí pueden estar seguros es que el apoyo que reciban en las urnas los comprometerá a asumir con altura y gran responsabilidad el cargo que desempeñarán a partir de enero de 2023. Todo hace prever que habrá segundas vueltas en varios gobiernos regionales y municipales (no superan el 30%), y allí empezará una nueva campaña -de corto aliento-, donde seguramente prevalecerán las alianzas electorales, bajo acuerdos políticos “convenientes” para ambas partes. Lo importante en esta instancia es llegar al poder cueste lo que cueste, no importa si en ese propósito hacen un pacto hasta con el diablo.
Ausencia peligrosa
Un eslabón de suma relevancia en toda campaña política es el electorado, que es finalmente quien elige con su voto a sus autoridades. Sin embargo, en este cometido el gran ausente ha sido el ciudadano de a pie, esa población mayoritaria que no ha estado enchufada con la campaña, y que está pensando más en cómo conseguir el sustento diario para sus familias y hacer frente a la crisis económica antes que en las elecciones. Incluso, hay un inmenso bolsón de pobladores que hasta hoy no sabe quiénes son los candidatos; y lo más probable es que ellos decidan su voto el mismo domingo formando la cola en su local de sufragio. Pero esta apatía al final puede resultar muy dañina para la sociedad, porque si el protagonista principal de este proceso -es decir, el elector- no ha mostrado interés por conocer el pasado y el presente de los postulantes de su jurisdicción, si éstos tienen cuentas pendientes con la justicia (investigaciones en curso), o por lo menos saber a qué partido representan y cuál es su doctrina ideológica, lo más probable es que el día del plebiscito endosen su voto al candidato menos adecuado, al menos malo, o aquellos oportunistas que solo esperan el momento para trepar a la esfera del poder político. Y eso es lo que se debe evitar, porque ese tipo de escenarios ya lo venimos padeciendo hace muchísimo tiempo, y hasta hoy no aprendemos la lección. Por ello, es un deber moral y cívico votar con criterio de conciencia y con una elevada cuota de responsabilidad.
Cuotas de poder
Los grandes causantes para que el común de los peruanos mire a la política como algo nauseabundo y repugnante, recae fundamentalmente en la decrépita clase política que tenemos, con partidos sumidos en una crisis de orden ético, moral e ideológico, cuyos líderes han perdido todo tipo de credibilidad y confianza por sus actos de deshonestidad y sus ambiciones desmedidas por ganar cuotas de poder, porque saben que así tendrán dominio sobre las personas, instituciones y las conciencias. Esta situación se ha vuelto endémica en los últimos cuarenta años, los caudillos-propietarios de los partidos son incapaces de cambiar esta mala percepción ciudadana sobre la política y han dejado que la crisis se siga agudizando y los siga debilitando como organización. Los caudillos no tienen la calidad moral, ni la voluntad y el compromiso para emprender un cambio radical en la forma de hacer política, con decencia y dignidad, anteponiendo el bien común a intereses particulares o de grupo. Desde el Congreso, donde está representada la partidocracia, se ponen trabas a la reforma política y prefieren seguir con las mismas taras, porque a los líderes de esos partidos les conviene que todo continúe igual, que la impunidad y los actos deshonestos sean moneda corriente para ellos. Una reciente encuesta del Instituto de Estudios Peruanos sobre qué líder político representa mejor a los peruanos, reveló que el 50% de entrevistados dijo que ninguno, un 18% no sabe/ no opina, mientras que el 6% votó por Pedro Castillo, 4% por Antauro Humala, empatados con 3% figuran Keiko Fujimori, Rafael López Aliaga y Martín Vizcarra. Con 1% y menos de ese porcentaje están Aníbal Torres, Daniel Urresti, Hernando de Soto, Francisco Sagasti, George Forsyth, Verónica Mendoza, César Acuña, etc. Esto ratifica el rechazo de la gente hacia los políticos y la carencia de un liderazgo sostenido.
A estar alertas
No es un dato menor que para estos comicios regionales y municipales los doce partidos nacionales que participan llevan en sus listas a candidatos con investigaciones fiscales por casos de corrupción o tienen expedientes abiertos en el sistema de justicia. La desesperanza y el pesimismo se instala en el colectivo ciudadano cuando se advierte que excongresistas, exalcaldes, exgobernadores, insisten con volver al Estado reciclados por organizaciones políticas que actúan como vientres de alquiler y acogen en sus filas a tanto impresentable. Ello demuestra que la clase política sigue sin aprender de los errores del pasado y persiste con esta vieja práctica del borrón y cuenta nueva. Prefieren alojar en su seno a los dinosaurios de la política antes que dar oportunidad a nuevas generaciones, a nuevas ideas. Estos escenarios son indignantes y provocan desazón en la ciudadanía. ¿Qué pasó con los filtros que supuestamente tienen los partidos para evitar que gente prontuariada sea considerada en sus listas?, ¿O como de costumbre, ha primado el tema económico antes que colocar a gente calificada y competente para estos cargos? Así ha funcionado la política todos estos años, ubicando en las listas electorales al mejor postor, sin importar si el candidato reúne el perfil deseado. Los partidos no hacen un mea culpa con sinceridad para rectificar rumbos y dejar atrás prácticas retrógradas, porque todos (dirigentes) tienen rabo de paja, todos cargan una pesada cruz.
Responsabilidades
Ser elegido alcalde o gobernador demanda una enorme responsabilidad y compromiso consigo mismo y con sus electores, pues se convierten en las primeras autoridades de un territorio por el cual deben velar siempre, trabajando con honestidad y transparencia para desterrar cualquier signo de corrupción. Estas autoridades de los gobiernos subnacionales tienen que ser gestores por excelencia, para obtener presupuestos del Estado y ejecutar las obras vitales que exigen sus ciudades para encaminarlos hacia su desarrollo. Pero no solo se requiere ser un buen administrador de los recursos públicos, sino que las gestiones sean totalmente diáfanas, que los tentáculos de la corrupción no los atrapen a medio camino, y muestren apertura a los órganos de fiscalización, porque solo así un gobierno se transparentará. Es indispensable que las nuevas autoridades se rodeen de funcionarios probos, capaces y proactivos que coadyuven a mejorar y a fortalecer la administración municipal o regional, porque ello les garantizará éxito. Las nuevas autoridades tienen que defender su honor y dignidad siempre, que su nombre no se mancille con dinero mal habido, y no terminen presos como tantos alcaldes y gobernadores por enriquecerse ilegalmente con los recursos del Estado. No envilezcan la política más de lo que ya está, hay que procurar enaltecerla con acciones positivas, porque ello reconfortará más a nuestra amenazada democracia.
Voto meditado
Ante estos escenarios tan deprimentes y sombríos, la madurez y la sensatez del elector es trascendental en estos procesos, pues su voto es de suma importancia para cambiar estas realidades complejas y dolorosas, porque los aventureros de la política solo esperan una oportunidad para llegar al poder. Si no queremos tener como autoridades a personajes improvisados e incompetentes, que no reúnen el perfil técnico para ser alcalde o gobernador, entonces estamos en la obligación ineludible de emitir un voto reflexivo, meditado, con criterio de conciencia y sin apasionamientos, para no arrepentirnos más adelante. Ejercer el derecho al voto de manera libre y voluntaria es crucial para mantener una democracia justa, por ello este 02 de octubre hay que asistir masivamente a las urnas para renovar nuestro espíritu democrático y ser parte de los cambios que necesita nuestra sociedad con autoridades renovadas y calificadas.
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(*) Licenciado en Ciencias de La Comunicación y Primer Vicedecano del Colegio de Periodistas de La Libertad.
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