El Colegio Nacional de San José cumple 163 años. Sus estudiantes, los de ayer, hoy y siempre, celebran alrededor de un sentido de pertenencia que los años fortalecen. ¿Qué significa ser sanjosefino? Buscamos la respuesta con uno de sus más queridos maestros, don Oswaldo Sánchez Antón.
Para entrevistar al maestro apliqué una de las reglas elementales de los trabajos escolares: todas las preguntas específicas deben formar la respuesta a una gran pregunta general. Nació en Ferreñafe, tierra de la que se alejó para forjar un futuro en la Universidad de Trujillo. Ahí financiaba sus lecturas, teóricas y literarias, trabajando en una imprenta. Eran tiempos donde una llamada a larga distancia de verdad era un lujo. Para su padre, sin embargo, fue la inversión de su vida. Lo llamó para contarle que por fin habían abierto un instituto pedagógico para toda la ciudad.
Reconocer una oportunidad en la vida es como encontrar la verdad, la fe, la grandeza.
El profesor Oswaldo Sánchez Antón no solo obtuvo un título profesional para ejercer la enseñanza de la literatura sino que empezó rápidamente un camino propio, que finalmente eso es aprender. Luego de tres años en la Gran Unidad Escolar San Ramón de Chulucanas, colaboró activamente en la difusión de contenidos educativos a través de la radio. Hasta que por fin llegó al Coloso del Norte. El mismo colegio que formó a héroes como Elías Aguire o José Abelardo Quiñones, a sabios como Federico Villarreal o Nicolás La Torre. Iba a enseñar Literatura en las aulas que conoció el poeta Eufemio Lora y Lora, orgullo de las letras chiclayanas. Era el verano de 1978.
“La vida de todo maestro es una novela. Yo siempre les decía a los alumnos que la ortografía es el termómetro que mide el nivel cultural de la persona, que mientras más lean, nunca iban a salir desaprobados”, nos cuenta don Oswaldo, como quien revela la respuesta a una pregunta difícil. La lectura siempre como ese desafío que solo termina en el entendimiento propio. En el proceso crítico de captar un argumento no para repetirlo, sino para cuestionarlo, contextualizarlo, matizarlo, ampliarlo. O si se es sanjosefino, todos los verbos a la vez.
“En mi época no existían las obras resumidas, ¡leían obras completas! Me da orgullo porque yo les exigía que lean ¡y leían! No te miento”, nos cuenta, recordando cómo los jóvenes estudiantes abordaban los textos de José María Arguedas. Por supuesto que le creemos. Pregúntenle sino a cierto estudiante de la Promoción 97 (la promoción San José Cuna de Héroes – Raúl Jiménez Chávez). Cuentan que hace poco acudió donde su maestro llevando el cuaderno de Literatura que había conservado por 25 años. En la primera hoja se leía, nítida y a tres colores de lapicero, la frase que el profesor Sánchez Antón indicó colocar con la mejor caligrafía posible. Era una tarde de abril que, para miles, era el primer día de la educación secundaria:
“En el diccionario de un sanjosefino no existe la palabra fracaso. Hoy y siempre: honestidad”.
Relatos sanjosefinos
Oswaldo Sánchez Antón enseñó Literatura por casi 20 años en el San José. Muchas promociones recuerdan la rigurosidad con que podía reconocer algunos plagios en tiempos donde la palabra Google hubiera sonado a balbuceo. “Un sanjosefino debe decir y escribir con verdad”, recalca el maestro, quien patentó para siempre un conocido método que disuadió a más de un infractor.
Un día lo esperaba un preocupado padre de familia. Había llegado desde Pátapo al patio del colegio solo para obsequiarle dos cosas: una palmeta de madera y la autorización para utilizarla. “Mi profesor de primaria me daba con eso, si mi hijo no responde, ¡dele nomás!”. Así inició la leyenda del “cabezón”: una metáfora que hizo comprender a muchos sanjosefinos lo que vale, y lo que duele, el saber.
Historias como esta las ha plasmado el profesor Sánchez en su reciente libro “Relatos sanjosefinos”. Aquí expresa los logros que cimentaron la tradición del San José, el colegio al cual llegaban estudiantes de todos los pueblos de Lambayeque. El espacio donde podían tener una oportunidad que muchas veces se plasmó en ingresos a la universidad, becas, triunfos deportivos y tantos concursos regionales de ortografía o matemática. Cada promoción alberga historias de vida que llevaron la mística sanjosefina más allá de las aulas, como nos cuenta don Oswaldo. “Nos íbamos allá al cerrito de 9 de octubre. Quería que ellos vieran. Juntábamos periódicos con el señor Incio que trabajaba ahí y el director. Nos íbamos al mercado a venderlos. Con esa plata nos íbamos a comprar juguetes por Navidad. Quería que mis alumnos se identificaran de las necesidades de la gente humilde”.
Podrán pasar 163 años, pero el corazón sigue latiendo al ritmo de una poderosa juventud. En el mes de su aniversario, quisimos que sea un maestro quien nos explique el significado de ser sanjosefino.
“El San José ha sido es y será parte de mi vida. Ahí entregué el corazón a mis alumnos, a mis hijos, como los trataba. Los traté con mucho cariño. Siempre estuve con ellos… Disculpa la emoción…”
Y es verdad que hay llanto. Y es verdad también que la memoria del San José tan solo habla de la felicidad.
respuesta de Keyla el 2026-07-15.
hoal
respuesta de Keyla el 2026-07-15.
muy bueno
respuesta de jose lopez el 2021-02-22.
Es un estafador me debe una factura de su empresa agricola san juan desde el mes de Octubre y no paga
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