El actual Congreso de la República carece de legitimidad y registra una alta desaprobación ciudadana (según todas las encuestas, arriba del 85%), por gruesos errores de orden ético y moral en que han incurrido las bancadas políticas y sus representantes, lo que se refleja en un pobre desempeño legislativo. Los partidos políticos son los responsables de la grave crisis social que atraviesa el país, con la muerte de unos sesenta compatriotas, pero hasta hoy no son capaces de comprender el enorme daño que ocasionan sus posiciones conservadoras y radicales, y sus indefiniciones para tomar decisiones sensatas ante el repudio ciudadano a su conducta. Ellos han banalizado y mercantilizado a la política en el Perú. Urgen reformas constitucionales para los futuros procesos electorales.
Ser elegido congresista en el Perú es adquirir una serie de gollerías y privilegios, muchas veces sin merecerlo, que le dan una posición en los círculos del poder. Ser congresista es un cargo de servicio por excelencia (y no para servirse de él, como ha ocurrido casi siempre) y de gran responsabilidad, para representar de la mejor manera a la población que votó y lo eligió como tal. Ser congresista es estar al servicio de la nación, y por tanto de todos los ciudadanos, sin distingo de color político ni de ideologías. En nuestro país para detentar este alto cargo solo se requiere ser peruano de nacimiento, haber cumplido veinticinco años de edad y gozar de derecho de sufragio, requisitos demasiado simples que deberían ser reajustados para evitar que gente sin la preparación adecuada, con antecedentes penales e investigados por delitos de corrupción tengan la posibilidad de acceder al Poder Legislativo. La crisis del Parlamento se refleja en una ineficiente y precaria labor legislativa de sus representantes, y en la carencia de iniciativas para elaborar buenos proyectos que redunden en beneficio del pueblo. Eso se evidencia en la alta desaprobación que tienen los grupos políticos allí instalados (según todas las encuestadoras, arriba del 85% reprueba su gestión). Por ello, es indispensable que los requisitos establecidos en la normatividad para ser congresista sean más rigurosos (implicaría ir a una reforma del artículo 90 de la Constitución), como contar con estudios superiores y tener una hoja de vida impecable, sin cuestionamientos de orden ético, moral y judicial, porque ello garantizará una mejor producción legislativa.
Partidos decadentes
¿Pero quién o quiénes son los responsables directos para que tanto impresentable acceda a una curul en el Congreso?, ¿Quiénes son los culpables de que la política se banalice, se vuelva informal, sin escrúpulos y mercantilista? Son los propios partidos políticos, pues que cada vez que hay un proceso electoral son ellos los que eligen a sus candidatos, ellos ponen en vidriera a “sus mejores cuadros políticos”, muchas veces gente con escasa preparación profesional que no reúne los perfiles técnicos deseados, y que solo por el hecho de desembolsar una importante suma de dinero al partido se asegura estar en la lista final. Este es un secreto a voces hace muchos años que se ha convertido en una vieja práctica de mal gusto, los dirigentes conocen todas estas triquiñuelas que se tejen entre bambalinas; pero se hacen los indiferentes y restan importancia a las denuncias. Esta situación no hace más que exponer y ratificar la decadente clase política que tenemos en el país (ninguna agrupación se salva de esta crítica), que no ha sabido estar a la altura de las circunstancias ni de los desafíos que la historia reciente demanda. Las organizaciones siguen sumidas en graves problemas de liderazgo, sus caudillos acusan falta de transparencia y de honestidad en su actuar, y no son capaces de mostrar empatía con el clamor de la ciudadanía que exige cambios trascendentes en la forma de hacer política. Desde finales del siglo XX el Perú ha sido testigo de una crisis del sistema de partidos, lo que se ha reflejado en la fragilidad del mismo, con la aparición de nuevos actores políticos en cada elección y la desaparición de otros tantos, lo que no ha permitido el fortalecimiento de nuestra endeble democracia.
Congreso ilegítimo
La clase política que nos representa hoy en el Congreso es la mejor expresión del deterioro ético y moral de la partidocracia, las bancadas viven de espaldas a la realidad nacional y sus miembros son digitados para legislar de acuerdo a la conveniencia de cada grupo político, para proteger los intereses de sus caudillos o de grupos económicos que siempre han dominado el escenario político. Tenemos un Parlamento con escasa legitimidad, totalmente atomizado, con un nivel de representación muy limitado, y con bancadas que no miran más allá de sus narices, porque están más interesados en defender sus cuotas de poder y en vivir parasitariamente del Estado. Esta crisis de representación ha devenido en la proliferación de nuevos movimientos sociales y el surgimiento de los outsiders, que le han dado consistencia a la “antipolítica” como práctica política vigorosa en la década de los 90. También se acusa un liderazgo “transaccional” respecto al liderazgo “transformacional”, para despersonalizar los partidos y fortalecer la institucionalidad de los partidos, y por ende del sistema político. (http://revistas.uap.edu.pe/).
La actual clase política actúa de manera irreflexiva e intolerante ante una coyuntura harto complicada que demanda de mucha responsabilidad de las bancadas congresales, de tomar decisiones relevantes para evitar que la sangre de más peruanos siga llegando al río (hasta el momento unos sesenta compatriotas han perdido la vida por balazos supuestamente disparados por miembros de las Fuerzas Armadas). Los grupos políticos no son capaces de entender que una mayoría de ciudadanos está harto de su comportamiento político, de aferrarse mezquinamente a su curul sin entender que el pueblo los repudia y exige que se vayan todos. Las bancadas de derecha e izquierda son radicalmente opuestas ideológicamente, pero cuando se trata de defender sus escaños dejan de lado sus poses doctrinarias y se unen en bloque, salvo honrosas excepciones de desprendimiento y generosidad.
Imagen corrupta
El poeta y pensador Manuel Gonzáles Prada, gran crítico de la clase política que gobernó el país en su época, y de la corrupción, señaló que “el Perú es un organismo enfermo: donde se pone el dedo, salta la pus”, frase de hace más de cien años que sigue vigente en el actual momento político que vivimos, ya que la ciudadanía no se siente representada por su clase política. Lamentablemente los partidos tienen una imagen ligada a los grandes hechos de corrupción, de componendas y acuerdos bajo la mesa, a una podredumbre espantosa en cuanto a decencia e integridad. Con expresidentes de la República investigados por la justicia por estar involucrados en redes mafiosas, que han desfalcado los recursos públicos mediante actos ilícitos que deben ser castigados con todo el peso de la ley. Todos los conceptos relativos a la capacidad e idoneidad que debe tener un Congreso, a la transparencia y pulcritud de cada uno de sus miembros, han sido trastocados por una clase política al servicio de intereses oscuros y de ambiciones exageradas, que lo único que provocan es un rechazo generalizado. “Los partidos son vehículos de acceso al poder que se abandonan una vez que se consiguen los votos para un cargo. Incluso hay compra de puestos en las listas y las campañas electorales se hacen para uno mismo. Lo importante es llegar. Una vez en el escaño, hay casos constantes de trasfuguismo y rupturas”, señala un artículo del diario El País. Por ello, queda en manos de la ciudadanía el saber elegir racional y coherentemente a un candidato, evaluar sus hoja de vida, indagar por su pasado y su presente para evitar sorpresas mayúsculas, y no estar arrepintiéndose toda una vida por una decisión equivocada.
Qué duda cabe que los partidos políticos expresan el pluralismo democrático y son esenciales para la participación política de la ciudadanía y base del sistema democrático; pero si en cada elección insisten en presentar a personajes cuestionados, investigados por la justicia y con una catadura moral reprobada, la ciudadanía terminará eligiendo las peores alternativas con consecuencias nefastas para la sociedad. El analista político Carlos Meléndez, en un artículo denominado “Crisis política en Perú II: ¿Es el Congreso peruano ‘suicida’?, sostiene que con un sistema de partidos colapsado, las demandas sociales yacen abandonadas, huérfanas de representación en una amorfa esfera social. La situación se complica en una sociedad altamente informalizada, cuyo frágil tejido social no permite aglutinar intereses en organizaciones sociales intermedias, ni transmitir eficientemente los pedidos ciudadanos hacia la clase política. Así, la representación nacional elegida en enero de 2020 —en reemplazo del Congreso disuelto por Martín Vizcarra— es fiel reflejo de una sociedad orgánicamente desconectada de sus élites políticas.
Futuro incierto
Sino hay reformas constitucionales necesarias para los próximos procesos electorales, continuaremos con las mismas reglas que nos llevarán a los resultados aciagos como hasta ahora. Es decir, se elegirá a otra persona, con otro nombre, otra historia de vida; pero que acabe igual que todos los presidentes anteriores, investigado por delitos de corrupción y finalmente preso. La presidenta Dina Boluarte ha dejado en la cancha del Congreso definir el futuro del Perú, porque ella no es capaz de renunciar; pero con un Parlamento dominado por una derecha ultra conservadora y una izquierda decepcionante, sin un mínimo de sangre en los ojos, la crisis social se seguirá agudizando con más muertes de personas inocentes en un Estado casi militarizado.
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(*) Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Primer Vicedecano del Colegio de Periodistas de La Libertad.
respuesta de Nayr carrero alcántara el 2023-04-20.
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respuesta de Luis angel rojas mogollon el 2020-12-26.
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respuesta de Rosmeri el 2019-09-25.
Que otros idiomas se puede aprender en senati aparte del inglés?
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