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“DIVIDE Y VENCERÁS”: La errática estrategia de Castillo

Escribe: Jorge Chávez Pita (*)
Edición N° 1265

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Como no podía ser menos, Pedro Castillo y su escudera parafernalia se han propuesto incendiar la pradera y crear el caldo de cultivo para que – según ellos – los peruanos de arriba, se enfrenten a los de abajo, los pobres y ricos se peleen entre sí, los del pueblo con chicote en mano, se confronten con los que tiran pedradas, y en el centro la fuerza pública “neutral” disparatando a discreción artefactos lacrimógenos y, por casualidad, una bala perdida. Eso es lo que persigue y quiere conseguir el que camina con los zapatos desamarrados, quien dice provenir del Perú profundo y representar a los más oprimidos. Lo que busca lograr  es el naufragio colectivo de una población que clama ¡que se vayan todos!

¿Cómo venía y qué traía Castillo?

Desde el inicio de su mandato y quizás desde semanas antes de ser elegido presidente, Castillo nos mostraba una precaria razonabilidad y un total desconocimiento de la actividad política gubernamental. La burbuja creada de la lucha de clases, la igualdad social y el manejo honesto de la cosa pública, lo hizo aparecer en la arena política con un halo salvador y propulsor de un nuevo modo de gobernar, a pesar de sus limitaciones intelectuales y su lenguaje difuso y confuso.

Eso era lo que Castillo traía y nos mostraba tal cual hasta el 28 de julio de 2021, día de su juramentación como Presidente Constitucional del Perú.

¿Qué tiene Castillo hasta hoy?

Sin duda, lo que el presidente Castillo tiene, y lo sostiene, es calzar profundamente en el mal manejo de los dineros del Estado, no solo porque al parecer se los habría robado, sino que su ansiedad y su propósito de ganar poder y mutar de ser pobre a ser rico en el corto plazo, le ganó, por ende, pasando de una orilla a la otra, se sentirá rico con dinero mal habido, pobre de sus arengas principistas y etiquetado como uno de los mandatarios menos honesto y capaz de la historia del país.

Castillo tiene hasta hoy una pelea de pulpos en la masa cerebral, no sabe por dónde ir ni por dónde regresar, al parecer está próximo a ser lo que siempre fue, un maestro que si podía transmitir lo poco que aprendió, no lo hizo bien. En ese sentido, se sabía que no podíamos pedirle peras al olmo sabiendo que Castillo nos iba defraudar, por cuanto, hasta hoy, no ha podido aprender lo que es gobernar el país, es decir, Castillo es aquella persona de aquellos que cuando tienen el poder alientan una retórica polarizante para distraer y convencer que las tropelías cometidas por su entorno familiar y amical son poca cosa, y que él es el honesto y los demás son lo contrario, por lo tanto, la confrontación poblacional tiene que prevalecer para salvar su alicaída moral y el desafuero de su investidura presidencial.

La insania gubernamental

A la luz de las evidencias y los discursos persuasivos a la mentira y a la confrontación, le están haciendo mucho daño al país. La percepción ciudadana del ánimo de generar caos y zozobra, es cada vez más evidente.

La insania y el desdén están jugando un rol preponderante para desestabilizar cada vez el país, en razón de ello, la polarización discursiva se hace más fuerte cuando la mala maña impera, la mentira y la hipocresía subyacen para alentar la subversión en contra del status quo constitucional, dividiendo para vencer y, de esta forma insana, lograr el propósito del encubrimiento sistemático de los desmadres encontrados en las altas esferas del poder, utilizando para tal fin el discurso de pacotilla de la victimización y el acoso político, y de esta manera, con argumentos precarios e inconsistentes, pretender que “el pueblo”, de donde dicen provenir muchos de los actores políticos, los aleje de la hoguera de la justicia racional. Dicho todo ello, Castillo, ya es tiempo de partir.   

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(*) Especialista en Contrataciones del Estado.

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