El acceso al arte y la cultura, es un derecho fundamental en la vida de los ciudadanos y ciudadanas; un factor central para el desarrollo humano y convivencial entre las personas. Existen esfuerzos desde el Estado para alcanzar ello, durante los últimos 11 años, tiempo que tiene creado el Ministerio de Cultura en nuestro país, ente rector necesario para el diseño y aplicación de políticas culturales en el territorio peruano, ha sido un antecedente importante para lograr ese acceso. Sin embargo, continúa siendo insuficiente dada la inestabilidad estatal que vivimos, la desconfianza ciudadana en el sector público, y los niveles de violencia sistemática ejercida de distintos modos en el país.
Elementos percibidos por la ciudadanía y que son transversales al sector también, con ello creo necesario impulsar un diálogo más abierto y heterogéneo respecto a la necesidad del consumo, creación, promoción y difusión del arte y la cultura en el Perú. Nuestro territorio es ampliamente diverso y cada grupo social o comunitario tiene prioridades y necesidades distintas, pero como tal no dejan de ser agentes culturales en sus distintas expresiones. Aquí me parece fundamental el trabajo de los gobiernos locales y regionales, entidades que tienen (o deberían) tener conocimiento más próximo de lo que acontece desde el sector arte y cultura en sus propios territorios. Esto permitiría trabajar de manera articulada con las Direcciones Regionales de Cultura, que son sedes del Ministerio en cada región; pero, más allá de la interconexión lo importante es iniciar diálogos distintos, y desde la profundidad que necesitan abordarse los temas en materia de arte y cultura, sin dejar de ser cercanos.
Entender la importancia
Hablo de una profundidad que nos permita entender la importancia del sector en nuestras vidas, trascendido al valor artísticos exclusivamente, sino fortaleciéndose a través de experiencias que puedan comprobar el impacto de promover iniciativas artísticas culturales hayan tenido sobre los propios ciudadanos. En ese sentido hacer una revisión de las propuestas que nacen desde la ciudadanía y que vienen sosteniéndose en el tiempo y durante muchos años, se convierten en antecedentes de necesaria investigación y validación de su existencia.
La alianza de comunicación y gestión entre el Ministerio de Cultura, sus Direcciones Regionales y los Gobiernos Regionales y Locales, sería de gran utilidad para abordar la problemática del sector, sus necesidades, prioridades y demandas urgentes según el territorio en el que se desempeñen sus ciudadanos y ciudadanas. Por otro lado, también sería importante la adhesión como actor activo al sector Educación, las escuelas públicas en principio que son a las que mayormente podemos acceder. Una enseñanza transversal del arte, por ejemplo, que entregue sensibilidad a los estudiantes y juicio crítico también, no precisamente para que se conviertan en artistas, pero sí en personas que consumamos arte y podamos disfrutar de él, sobre todo que no sintiéndolo lejano o únicamente dirigido a gente con mejores situaciones económicas que las nuestras, sino que todos lo podemos apreciar y producir desde este ángulo de la vida.
El derecho
Educación Artística como derecho y no privilegio de algunos desde la Educación, visibilidad y valoración de las múltiples iniciativas ciudadanas artístico culturales sostenidas en el tiempo en el país e impulsar una co-gestión responsable, con vínculos atravesados por el trabajo colaborativo desde el Estado, que se comprenda y valore los conocimientos locales y regionales sobre su propio sector, será vital para repensar las estrategias o miradas hacia el futuro que necesitamos transformar; por un acceso al arte y la cultura menos homogeneizador y reduccionista, más realista e integrador desde sus propias necesidades, batallas, apreciaciones, conflictos y coincidencias. Y sobre todo que nos lleve a la reflexión constante de nuestra tarea y rol dentro de la comunidad en concreto, para conocerlo, reconocerlo y poder compartirlo con más involucrados en esta labor, para ser transmitido a la ciudadanía en su totalidad, y que no se sientan como procesos aislados o de unos cuantos, sino que siempre serán procesos colectivos, dinámicas sociales y comunitarias, y que en ese sentido los avances que se den serán determinados por los miembros de esa colectividad a la que pertenecemos, que nos impacta e impactamos.
Necesitamos replantear los paradigmas bajo los que nos movemos como ciudadanía que accede al arte y cultura, o que puede trabajar, producir, conocer, reflexionar y cuestionar situaciones o prácticas que venimos repitiendo desde hace muchos años atrás, y que no han sido funcionales o no permiten ampliar la perspectiva frente a los nuevos tiempos o a los cambios que están ocurriendo dentro de las sociedades en las que habitamos.
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(*) Comunicadora Social y Gestora Cultural, directora del Cineclub de Lambayeque.
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