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CHICLAYO: La vieja costumbre de dejarlo todo para el final

Escribe: Varykino Aarón (*)
Edición N° 1264

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Hace unos días mientras iba en un taxi por la ciudad creyéndome copiloto del Rally Dakar, me vi envuelto en el deporte por antonomasia de Chiclayo: «quejarse de todo y por todo».

Y es que bastaba con ver el paupérrimo estado de nuestras pistas para dar rienda suelta a esa capacidad enfermiza, casi innata, que tenemos los chiclayanos de quejarnos de manera improductiva por algo y recalco lo de improductiva porque, tras bajar del taxi, el mundo seguirá su curso y las pistas su deplorable estado.

¿Qué se puede hacer para cambiar Chiclayo?

La respuesta va más allá del políticamente correcto: «Bueno, hay que mejorar el proceso de adjudicación de las obras y tener una mejor fiscalización de las mismas», pues algo que siempre ha caracterizado a este tipo de ejecuciones en Chiclayo es la prisa y una aparente improvisación.

Podría decir sin temor a equivocarme, que desde hace más de 20 años que no tenemos una obra adecuadamente planificada para nuestra ciudad. Basta una mirada rápida a la ejecución de los presupuestos de nuestras anteriores administraciones ediles y nos daremos con la sorpresa, o quizás no, de que los presupuestos no fueron ejecutados sino hasta casi el final del año fiscal correspondiente, en algunos casos, y de la gestión en todos sin excepción.

¿Por qué sucede esto? Hay una explicación desde el punto de vista de la gestión pública, pero explayarse en ello, ‘ad portas’ de una nueva elección es un ejercicio innecesario, por lo que me decantaré por una explicación más sencilla de entender: «La quinta nota».

Chiclayo y la quinta nota

Si ya pintas canas como yo, de seguro has oído hablar de este particular término, si no te lo explico de buen grado. La ‘quinta nota’ era para el estudiante escolar promedio, lo que el repechaje es a la selección peruana, la última chance para clasificar al mundial, ergo aprobar el año. Socorrida mecánica de un buen número de escolares de aquellos años dorados en que convivían el castigo físico y las notas de cero a veinte.

Parece mentira, pero este comportamiento que se veía medio en chiste, medio en serio fue arraigando en nuestro comportamiento una especie de esperanzadora forma de salir airoso de cualquier lid mediante ‘el último recurso’, arrastrándolo a lo largo de nuestra historia como una forma de vida. Me explico mejor, en mi condición de docente y a la vez estudiante he tenido el privilegio de observar que mis alumnos y compañeros de estudio dejan siempre para el final el desarrollo de trabajos o estudiar para un determinado examen. Odio ese comportamiento, porque solo trae consigo la improvisación y una idea recurrente en el común del estudiantado: aprobar como fin supremo una asignatura, mas no aprenderla.

Este comportamiento que se da a nivel de aulas se transporta al trabajo, dejando a última hora la presentación de algún proyecto en específico, dando la falsa idea de que el estrés por presentarlo a contra reloj sacará lo mejor de nosotros como ocurre en las películas motivadoras que vemos en la tele y el cine. Entonces, si sucede en las aulas, sucede en el trabajo ¿por qué sería la excepción que sucediera en la gestión pública? Sumemos dos más dos y veremos que la razón de la improvisación y la premura por ‘dejar huella’ en la comunidad está fuertemente influenciada por esta forma de proceder.

Sin ir muy lejos miremos las últimas obras que nos está dejando el saliente inquilino del palacio municipal. Por mi casa, Bancarios, tenemos una que es casi un hecho que quedará inconclusa y se cargará a la siguiente gestión edil, so pretexto de la continuidad que implican los planes de gestión multianuales. Lo más seguro es que la voluntad política del siguiente alcalde sea para favorecer a su facción y no al bienestar común del ciudadano, así pues, la nuestra y las de Villarreal y Santa Victoria, por mencionar algunas, también serán vistas como errores de la gestión anterior y servirán para adjetivarlas como tales, trayendo como resultado que no se culminen en favor de otros desvaríos del siguiente inquilino del palacio municipal.

En ese sentido, la última ‘gran obra’ de nuestro saliente alcalde en la avenida Balta parece ser un testimonio más de esa forma de vivir que hemos optado por abrazar en nuestro Chiclayo, dejar todo para el final, muy cerca de las elecciones, para que el pueblo vea que se hizo algo por la ciudad y que no todo es improvisación, pero creo que todos hemos podido ver que esta última pinta de cuerpo entero lo que realmente ha sido esta saliente gestión municipal, que esperamos solo sea el final de un modo de vida que no ha hecho más que dañar la imagen que tiene nuestro hermoso Chiclayo.

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(*) Licenciado en Ciencias de la Comunicación y columnista de Locheros.pe.

 respuesta de JUAN CASAS el 2019-10-21.

ESTE MAL ABOGADO YEVA 15 LARGOS AÑOS ESTAFANDO A LOS POBRES JUBILADOS POR ESO NADIE LO QUIERE EN SU PROPIA TIERRA QUE ES TUMAN Y ALRREDEDORES, CORRUPTOR DE JUECES, SECRETARIOS Y HASTA NOTIFICADORES.

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