En estos 201 años de vida patria, nos encontramos ante un “aparente” nuevo problema: la crisis política del actual gobierno, que para otros es desgobierno. Y afirmo que es nuevo en apariencia, porque es el mismo de siempre: la dialéctica poder político sin visión de país-corrupción extendida. Cada país tiene su propia problemática, sus historias oscilan de manera parecida en choques culturales y raciales, conflictos civiles y guerras internas (por fronteras u otros intereses), pobreza, corrupción, y sus consecuencias en lo económico, que afecta siempre a las grandes mayorías. Basta revisar sus historias para dar cuenta de ello.
Pero la gran pregunta es ¿De qué manera nuestro Perú puede salir de su crisis casi permanente? Pregunta difícil de responder por los diversos factores implicados en ella; pero un buen inicio es la labor de objetividad crítica de los intelectuales para crear conciencia política y ciudadana, enfatizándose en la cohesión de país con visión propositiva plausible y no en la contraposición que algunos políticos usan para beneficio propio y mantener sus gollerías de poder.
Esta tarea no es fácil, es de una lucha sin tregua ni cuartel, pues muchas veces nuestros compatriotas son indiferentes ante cualquier problemática nacional, pues hay jóvenes y aún adultos que no están concientizados de la importancia que tiene su quehacer para el desarrollo del país. No les interesan los asuntos públicos, contexto que los políticos corruptos quieren para hacerse del país como un botín, criminalidad que se va extendiendo de manera alarmante.
Asunto grave
La indiferencia por los asuntos públicos es un asunto muy grave que trae consecuencias negativas para la direccionalidad de un país, puesto que una sociedad mayoritariamente poco informada y formada en temas de interés nacional es fácilmente manipulable por ideologías nefastas de diversa índole, y peor aún, se carecerá del criterio suficiente para evaluar propuestas políticas de los candidatos a los diferentes cargos de los poderes centrales del Estado. ¿La consecuencia? Políticos y funcionarios públicos que son más conocidos por sus escándalos y actos de corrupción que por sus propuestas y acciones.
Si hay indiferentes, hay otro grupo interesado que busca mantenerse en el poder político. Existe un antiguo adagio que expresa: ‘Una de las razones para que el mal se extienda, es que los buenos no hagan nada por impedirlo’. Se dice también que es propio del peruano hablar y decir sin ser directo, o expresarse de manera contundente ante un reclamo, cualquiera que sea el ámbito… es la influencia de la ‘humillada cerviz’ hermanada paradójicamente con el ‘somos libres’.
De los interesados en los asuntos públicos, existen dos grupos. Los interesados porque consideran al poder político como medio de agenciarse económicamente y de privilegios; y los interesados que conociendo la realidad nacional expresan taxativamente que todo está perdido y no hay solución posible. Tanto los indiferentes como los interesados, tienen algo en común: la total desconfianza en los poderes del Estado, que los lleva a tolerar corruptelas a sus autoridades en el colmo de la indiferencia; cercándose el círculo vicioso de país sin rumbo, sin proyectos o vagas ideas. ¡Eso no debe ser así! ¡Ya no más!
Valorar la peruanidad
Sin embargo, quienes formamos conciencias debemos promover un creciente sentimiento de autovaloración de la peruanidad, de la identidad que siempre tuvimos y que ahora estamos paulatinamente tomando conciencia, identidad esforzada, progresista… que debemos alentar desde ahora y para siempre.
Tanto las conciencias como los proyectos de desarrollo nacional no se logran sin educación científico tecnológica, es cierto; pero se necesita también de una educación del espíritu, forjando el pensamiento, la creatividad y por supuesto las virtudes y el afecto. Los proyectos comunes no solo necesitan de mano de obra, sino de pensamiento planificado. Nuestra sociedad no solo necesita de hombres prácticos, sino también de ciudadanos con crítica constructiva, celosos y atentos defensores de los principios que salvaguarden el bien social y la convivencia democrática.
Todo ciudadano debe saber que todo enquistamiento en el poder político deviene en mantenimiento de ‘argollas’ de corrupción y desmoronamiento de la institucionalidad del Estado. Todo poder, incluyendo el político, debe fluir para que no sea nocivo. Este fluir se logra con cultura política, con ciudadanos que se organicen no solo en partidos políticos para el momento de elecciones, cuyos objetivos sean fundamentadas propuestas de largo alcance y plazo, y no exclusivamente ganar la elección ‘y luego veremos’, sino también en diversos tipos de organización social que busquen responsablemente la solución a sus problemas no solo a través de la petición de demandas, sino con propuestas viables, consensuadas.
Para lograrlo la comprensión sobre el país no debe ser sesgada, parcializada o ideologizada, sino que debe considerarse integralmente, puesto que los problemas de un país no sólo son problemas de una clase o grupo social. De tal manera se debe generar no conciencia de clase para afrentar a la otra, sino conciencia de nación y patria, conciencia ciudadana, para afrontar todos juntos nuestras comunes problemáticas. Se debe saber que el peruano es síntesis racial y cultural de lo incásico, lo hispánico, lo afro, lo asiático y otras culturas acogidas en nuestras tierras ya propias desde tiempos inmemoriales ya foráneas; que se muestran en la variopinta riqueza de nuestras manifestaciones culturales de las cuales nos sentimos orgullosos. Por eso, no hay lugar para trasnochados racismos y clasismos.
Todos los peruanos anhelamos que la población estudiantil sea no solo la mano de obra del desarrollo económico en el que estamos encaminados, como se enfatiza equivocadamente, sino también el grupo pensante que lo haga sostenible. Todo ciudadano debe tener conciencia nacional ética, no referida a un patrioterismo o nacionalismo vacío o de palabra que después sea violentada al venderse a intereses trasnacionales, sino fundado en la vivencia ética del esfuerzo cotidiano, pues, quienes cometen actos delincuenciales de cualquier tipo carecen no sólo de conciencia moral, sino también de amor a la patria y a la humanidad.
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(*) Filósofo investigador y docente universitario.
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