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LA HAZAÑA DE GABRIELA KIMBERLY: Cuando se quiere se puede

Escribe: Jorge Chávez Pita (*)
Edición N° 1261

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En los últimos días, hemos sido partícipes de una gran noticia que eleva nuestra alicaída moral y autoestima a un nivel superlativo, produciéndose – por qué no - la alegría necesaria para paliar en parte la inestabilidad emocional y convivencial post pandemia y el sostenimiento de la crisis política y económica que hoy nos toca vivir, mezquina e intolerante por cierto, producto de ocurrencias y acciones que nada suman para alcanzar el bienestar social que anhelamos tener.

La noticia poco o casi nada pregonada, está referida al triunfo histórico de una gran atleta huancaína llamada Gabriela Kimberly García León, quien con mucho tesón y temperamento ha logrado obtener por primera vez en la historia del atletismo nacional la presea dorada en el campeonato mundial llevado a cabo en el estado de Oregón – EE.UU,  donde ocupó el primer lugar en la disciplina de marcha atlética, posición que pudo alcanzar recorriendo sin cesar la distancia de 20 km, para, al final, con el corazón erguido y el patriotismo a flor de piel, superar a sus dos competidoras de ocasión, como son las representantes de las repúblicas de China y Polonia, quienes sucumbieron ante la fuerza arrolladora de una atleta que quiso y logró ocupar el pódium más alto, para recibir la medalla de oro como premio a su noble actitud. Y es que “cuando se quiere se puede”.

La hazaña ensalzada a medias

El histórico triunfo de la admirable atleta, que necesariamente debe ser considerado como una hazaña deportiva en el país, no ha sido realzado en su nivel cabal por los encargados de producir la noticia, lo que pone en el tapete cómo los intereses mercantilistas y el desánimo de levantar una noticia de un acontecimiento épico, se torna mezquino cuando hay que colocarlo en el más alto relieve, no solo por el triunfo logrado, sino por su concepción misma impulsada por un equipo técnico que diseñó el trabajo y la estrategia para lograr el objetivo trazado de que el atletismo – tan venido a menos en el país -, sea reconocido con la más alta premiación en una disciplina que muy pocos la practican y muchos ni siquiera conocen.

Resulta pues paradójico – por decir lo menos – que cuando los triunfos se dan a medias en deportes masificados y multitudinarios, como por ejemplo, el fútbol, sean materia de un endiosamiento desmedido de sus actores directos y el ensalzamiento del equipo técnico que los dirige, quienes en su conjunto, casi siempre, nos dejaron sinsabores y tristezas, mientras que un logro épico alcanzado por una humilde atleta con un austero apoyo y un reducido equipo técnico, pasa desapercibido a pesar de lo alcanzado y el efecto social causado, que para nada se compara con la actual realidad socioeconómica que vive el país.

Los jóvenes a la obra  

El mensaje está dado, lo que la vida propone hay que cumplirlo. En tal sentido, la joven deportista desde el ámbito donde ella está triunfando y de la forma como lo viene consiguiendo, no hace sino demostrar que cuando la juventud se decide, consigue lo que se propone, sintiéndose feliz porque lo que quiso hacer y lo hizo bien.

En razón de ello, la gran hazaña de Gabriela Kimberly no solo es un ejemplo digno de resaltar, sino sujeta de emular en todos los aspectos del quehacer ciudadano, donde hay que incluir el cambio generacional imperativo que la patria reclama para cambiar el rumbo de su destino, desterrando para ello a la clase política desgastada e inmoral, y de esta manera, no sea permisible que nos sigan gobernando los peores.

Cuando la frescura y el tesón de gente joven como Gabriela Kimberly se imponga se revertirá lo perdido. ¡Nunca es tarde cuando se quiere empezar!                         

(*) Especialista en Contrataciones del Estado.

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