Tras el triunfo de la rebelión contra el gobierno del general Mariano Ignacio Prado, logrado en las luchas en Arequipa y Chiclayo entre diciembre de 1867 y enero de 1868, el general Pedro Diez Canseco asumió interinamente la Presidencia convocando a elecciones y restaurando la vigencia de la Constitución de 1860. El coronel José Balta, vencedor en las trincheras de Chiclayo, fue elegido presidente y asumió el mando el 2 de agosto de 1868.
El respaldo al gobierno
La gran polémica del régimen baltista fue la originada por el contrato Dreyfus. Balta y su joven ministro de Hacienda, Nicolás de Piérola, teniendo en contra al dictamen de la Comisión Permanente y a la misma Corte Suprema, rompieron el control de los consignatarios sobre la renta guanera, entregándosela a la parisina Casa Dreyfus, logrando la aprobación del Congreso, tras ardorosos debates y denuncias de sobornos.
“Por primera vez en el Perú, la cuestión política quedó de un lado. Lo económico primó sobre la lucha partidista, y los asuntos públicos quedaron reducidos a una disputa entre negociadores peruanos y negociadores extranjeros para apoderarse del manejo de los recursos del Fisco. Como la fiebre ferrocarrilera enardecía los ánimos y la mayoría de las gentes esperaba de las obras públicas una era de prosperidad, nadie luchaba por Dreyfus o por los consignatarios peruanos, sino a favor de la lluvia de oro que debía traer al Perú la venta de dos millones de toneladas de guano”, recordaría Pedro Dávalos y Lissón.
En tal ambiente, varios ayuntamientos de la República enviaron actas solidarizándose con el gobierno. Uno de dichos municipios fue el de Lambayeque, fechada en 22 de junio de 1870. Los vecinos consideraban que el coronel Balta “ha correspondido leal y dignamente á las esperanzas que en él concibieron los pueblos de la República”, que había protegido la educación, y que había realizado obras en provecho de la provincia, como “la instalacion de su colegio” y la financiación de las obras de canalización del río Lambayeque, “á fin de que desaparezcan los peligros de toda inundacion; esta amenaza perpétua de que, anteriores Gobiernos, jamas quisieron ocuparse”.
Las obras públicas y las inundaciones de 1871
En el mensaje al Congreso de 1872 que no llegaría a pronunciar, el coronel Balta decía: “Las obras públicas en las que os toca envidiable honra de la iniciativa han sido objeto de mis constantes desvelos. La República, semejante al cuerpo humano, necesitaba de arterias, que representadas por líneas férreas, cruzasen su territorio para dar rápido paso a la civilización, al comercio y a la industria, y para estrechar los vínculos entre apartadas regiones”.
En el caso de las provincias de Lambayeque y Chiclayo, el gobierno encargó estudios para construir un ferrocarril entre Chiclayo y Lambayeque, y las condiciones para la reconstrucción de la iglesia y hospital de Chiclayo (noviembre de 1868), autorizó los estudios para un ambicioso ferrocarril entre Huacho y Lambayeque (enero de 1869), ordenó la construcción de un nuevo templo en Chiclayo (febrero de 1869), aclaró los conflictos entre los concesionarios de las líneas de Eten y de Pimentel (junio de 1869), aprobó la ramificación del ferrocarril de Pimentel hacia las haciendas de Tumán y Pátapo (noviembre de 1870), y autorizó los estudios de un ferrocarril entre Lambayeque y Motupe (enero de 1871).
En enero de 1871, el prefecto del departamento de la Libertad, doctor Aníbal Víctor de la Torre, recapitulaba los datos recogidos en su minuciosa visita a las provincias de Pacasmayo, Chiclayo y Lambayeque. El prefecto destacaba cómo en las provincias de Lambayeque y Chiclayo, luego de las ardorosas luchas que se veían desde 1854, “han ido desapareciendo las mezquinas ideas de provincialismo y se vá comprendiendo que el progreso moral y material de nuestros vecinos, no solo no puede perjudicarnos, sino que por el contrario fomentará el nuestro, proporcionalmente”. En la provincia de Chiclayo, el prefecto atestiguó la miseria y abandono en Lagunas, la inseguridad en Saña, las obras ferroviarias en Eten, la exigencia de un mejor local escolar en Monsefú, las posibles mejoras en Santa Rosa, la reparación de la escuela y cárcel en Reque, el entusiasmo y laboriosidad en Chiclayo, la mala situación de Picsi, la pobreza del puerto de Pimentel, y la modernización de las haciendas. En la provincia de Lambayeque, el prefecto apuntó la calidad de las instalaciones escolares, cárcel y hospital de Lambayeque, el adelanto de Ferreñafe, la falta de cementerio en Mochumí, de local escolar en Túcume, la falta de agua en Íllimo, la reparación de la iglesia de Pacora, los problemas educativos en Jayanca, las posibilidades de Motupe, la inseguridad de la cárcel de Salas, la repetición de esos problemas en Penachi, la carencia de establecimientos en Incahuasi, Cañaris y Calaya, las refacciones necesarias en Olmos, los abusos en los entierros en Mórrope, la renta aduanera de San José.
El prefecto expresó, además, la necesidad de regular la distribución de las aguas y el derecho a las tierras de sembrío, prosiguiendo con los trabajos de la Comisión Agraria en las provincias de Lambayeque, Chiclayo y Pacasmayo para evitar inundaciones. Esta Comisión, a cargo del coronel Tomás Gómez Villabazo, recibió críticas por las obras emprendidas, ante lo cual, una comisión de vecinos de Lambayeque efectuó un reconocimiento en marzo de 1871, juzgando “todo seguro, perfectamente seguro; la campiña seca y los agricultores preparando y cuidando sin temor sus sementeras”.
Sin embargo, una semana después, la realidad fue más contundente que el optimismo: la noche del lunes 13 de marzo, las aguas inundaron la ciudad y convirtieron en canales las calles de la ciudad. Cincuenta años después, el presidente Augusto B. Leguía, testigo de aquel desastre, recordaría: “Había agua por doquiera y nos vimos precisados a salir de la casa. Aún me es posible recordar gentes que remaban en botes por la plaza anegada. Las aguas subieron a la altura de un metro y medio y las condiciones de la inundación duraron un mes”. Las familias que veraneaban en San José quedaron incomunicadas, teniendo que recibir víveres de Huanchaco para no morir de hambre.
El gobierno envió entonces al ministro de Justicia, Instrucción, Culto y Beneficencia, doctor José Araníbar, para inspeccionar y llevar alivio a las zonas damnificadas. El 24 de abril, los vecinos de Lambayeque firmaron un acta expresando con descarnada franqueza: “Que tan generoso proceder nos dá fundadas esperanzas de que el distinguido Jefe del Estado, continúe su decidida y eficaz proteccion, porque existiendo aun los campos inundados, las sementeras perdidas, las vias de comunicación interrumpidas, los ríos sin puentes, la industria y el comercio paralizados, los artesanos sin labor; y en fin, casi todos los vecinos en estado de completa indijencia, los esfuerzos de éstos serian del todo estériles para levantarse de la postracion á que los ha reducido tan diversas y repetidas calamidades”, pidiendo la construcción de obras para impedir futuras inundaciones, la reconstrucción del hospital y de las iglesias de Ferreñafe, Jayanca y Pacora, la refacción de la iglesia de Lambayeque, y la protección de los indígenas afectados.
La creación (condicional) del departamento
Una idea constante en la población de las provincias de Lambayeque y Chiclayo era la de separarse del departamento de La Libertad y formar un departamento propio. Ya en 1868, se propuso convertir a Lambayeque en “Provincia Litoral”, con la incorporación de los pueblos de Cachén y Tocmoche, aduciendo las facilidades del transporte en dicha zona. Sin embargo, el desastre de 1871 rebajó las posibilidades de convertir a la ciudad de Lambayeque en cabeza del proyectado departamento, y el proyecto presentado por el Ejecutivo daba la primacía a Chiclayo, pero el Congreso no alcanzó a dar su aprobación.
Así, el 7 de enero de 1872, un decreto firmado por el presidente Balta y su ministro de Gobierno, Manuel Santa María, considerando que las provincias de Chiclayo y Lambayeque, “se encuentran de tal modo separadas de las otras y de la Capital del Departamento [de la Libertad], que la distancia viene á debilitar en ellas la influencia de la autoridad”, creó de forma condicional, el departamento de Lambayeque con capital en Chiclayo, “tan luego como merezca la aprobacion del Cuerpo Legislativo, á cuyo fin será sometido al próximo Congreso”. No sería así.
La pugna por la capitalidad se extendería también al ámbito marítimo, criticándose la idoneidad de San José, en la provincia de Lambayeque, como puerto mayor. Como el tráfico mercantil seguía en constante aumento, se optó por dar preferencia a Eten, en la provincia de Chiclayo, pese a su mar brava. En agosto de 1871, se declaró puerto mayor abierto al comercio extranjero al de Eten, rebajando a San José a puerto menor. Esta medida sería derogada en marzo de 1872 ante los gastos que generaría crear una aduana en Eten. Finalmente, el 30 de julio de 1872, tras los días de violencia de que hablaremos en el siguiente artículo, se confirmaría el decreto de 1871, quedando Eten como puerto mayor y San José como mera caleta habilitada.
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(*) Abogado, docente universitario e investigador.
respuesta de Yuri Dagner Nizama Puicón el 2024-07-13.
Me parece muy interesante este libro de mi paisano a quién felicito por su obra dedicada a nuestro querido Pacorita. ¿como puedo obtener el libro?
respuesta de Oscar Hender Taboada cabrejos el 2020-05-22.
En primer lugar mis saludos y felicitaciones mi estimado Paisano,tomar en cuenta y de referencia a nuestro pueblo para escribir esta obra habria que haber investigado lo suficiente y de verdad me alegra porque hay varios de nosotros que han hecho notas y revistas solo hablando de la feria del Apostol San Pablo aca veo las descripciones de los hechos reales y anecdotas que habido en nuestro distrito y nos trae muchos recuerdos a nuestra memoria. no he leido todavia la obra pero espero encontrar temas como hablar de los personajes politicos que han hecho obras fundamentales por el desarrollo de nuestro pueblo , otra es hablar de los personajes misticos y tipicos de nuestra niñez como Beto Pen, Arturo la Ñaña; el Tio candela, nativito y otros le deseo el mejor de los exitos con sus obras un abrazo y que Dios lo bendiga.
respuesta de William Eulimer el 2019-02-26.
Me sorprende gratamente que un contador publico, colega mio, tenga la virtud de escribir documentos de otra indole que no sea de la profesión, lo que denota un sentido humnanistico de la vida y su proyección. El resumen es interesante y espero leer la obra completa. Bien por el colega. Felicitaciones.
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