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NI CLASISMO NI RACISMO, CAMINEMOS A UNA SOCIEDAD SIN DISCRIMINACIÓN: Hay que desterrar las posiciones segregacionistas que hacen tanto daño a la sociedad

Escribe: Juan Vejarano Vergara (*)
Edición N° 1260

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Las controvertidas declaraciones de la presidenta del Congreso, María del Carmen Alva, quien señaló que “ellos trabajan sin excepción, BLANCOS E INDIOS unidos”, generó diversas reacciones en contra y la calificaron de clasista. Aunque ella intentó quitarse responsabilidad y señaló que sus palabras fueron “sacadas de contexto”, lo cierto es que la funcionaria tiene antecedentes de acciones discriminatorias durante su gestión al frente de este poder del Estado. Incluso, la Defensoría del Pueblo rechazó toda expresión que pueda generar discriminación al hacer alusión a aspectos raciales de las personas. La titular del Legislativo piensa que todavía vivimos en tiempos de la colonia o de la época feudal, donde el clasismo y el racismo se imponían en la sociedad.

En un afán por intentar congraciar al Congreso con la ciudadanía, respecto de la altísima desaprobación que ostenta este poder del Estado, por legislar de espaldas a los verdaderos intereses nacionales y aprobar proyectos que solo benefician a grupos de poder político y económico, su presidenta, María del Carmen Alva, metió la pata una vez más. Y lo hizo en una plaza pública, en una ceremonia oficial. Con poses de rancio abolengo, dio un discurso con tufillo racista que ha enervado la sensibilidad de la población, sobre todo cuando desde diversos sectores se busca combatir y eliminar cualquier tipo de discriminación y prejuicios que tanto daño hacen a la sociedad.

Es innegable que a la sobrina del exlíder acciopopulista, Javier Alva Orlandini, le apesta un sector de peruanos, en especial aquellos pobladores que tienen la piel cobriza, piel oscura, o una piel muy contraria a la raza blanca, de la cual ella se jacta pertenecer. Sus infelices declaraciones dadas en Piura, donde señaló que “el Congreso trabajaba para todos sin excepción, a nivel nacional, Lima y regiones unidos, BLANCOS E INDIOS unidos”, no hace más que confirmar sus posturas clasistas y segregacionistas que ya los ha expresado en diferentes situaciones durante su mandato. Y para rematar dijo: “Nosotros (Congreso) no tenemos un discurso divisionista de lucha de clases”. Sin embargo, sus acciones demuestran todo lo contrario, por más que ella después quiera justificar lo injustificable.

Veamos uno de los antecedentes más criticados que pintan de cuerpo entero la actitud autoritaria y hasta despreciativa de María del Carmen Alva. Sucedió en agosto de 2021. Luego de la reunión que mantuvo con el presidente Pedro Castillo en el Congreso, se dirigieron hasta la entrada de esta institución para despedir el encuentro frente a la prensa. Como acto protocolar, el jefe de Estado extendió el codo a la acciopopulista como símbolo de saludo; pero esta hizo un gesto de rechazo y de desplante, y miró hacia otro lado, como si frente a ella no hubiera nadie. Castillo se quedó con el codo extendido y tras el incómodo episodio se marchó. Este acto fue duramente criticado por la ciudadanía, que no solo coincidió en percibir una animadversión de Alva hacia el mandatario, sino que calificaron el gesto como clasista y racista. Otro acto que generó polémica y mereció serios cuestionamientos a la actitud descortés de Alva se produjo el 28 de julio pasado, cuando el expresidente Francisco Sagasti fue impedido de ingresar al Congreso para que entregue la banda presidencial. El psicoanalista Jorge Bruce señala que el racismo, el clasismo y el machismo deben ser desterrados no solo como formas de discriminación, sino también de dominación. Sitúa a la discriminación racial como el eje que articula a todas las demás formas de desigualdad, es la que hegemoniza a la discriminación sexista, clasista, contra la comunidad LGBTIQ+, entre otras.

Clase social en decadencia

Tras la ola de críticas que recibió por su controversial mensaje en Piura, María del Carmen Alva intentó quitarse responsabilidad y escribió en su cuenta de Twitter que sus palabras fueron “sacadas de contexto” por quienes intentan generar un discurso divisionista entre los peruanos, como lo hacen el oficialismo y sus aliados. Pero por qué aludió a BLANCOS E INDIOS en su alocución, cuando bien pudo haber dicho: “desde el Congreso trabajamos por la población en general o por el bienestar de todos los peruanos”; pero no apelar a un discurso clasista para responder a una frase del gobierno de Castillo: “somos el Gobierno del pueblo”.

El líder de Perú Libre, Vladimir Cerrón, refirió que las palabras de la titular del Legislativo evidencian el verdadero complejo de una clase social en decadencia. “Arguedas diría una blanca entre los indios y una india entre los blancos. (…) En Perú ¿quién es blanco y quién indio? Simplemente nadie. Discurso racista de Alva evidencia verdadero complejo de una clase social en decadencia, más racista que Hitler”. Esto incluso ameritó el pronunciamiento de la Defensoría del Pueblo, que rechazó toda expresión que pueda generar discriminación al hacer alusión a aspectos raciales de personas, y pidió a los funcionarios públicos y ciudadanía en general evitar cualquier adjetivación o estereotipos que históricamente han sido utilizados para discriminar. “Un discurso de unidad debe procurar la integración de peruanas y peruanos por su condición de seres humanos, en un país multiétnico y pluricultural”.

Las manifestaciones de racismo durante la segunda vuelta electoral entre Pedro Castillo y Keiko Fujimori, y toda la derecha conservadora de su lado, se hicieron más visibles que nunca. En la primera vuelta Castillo fue ninguneado y su candidatura menospreciada. El panorama cambió radicalmente en la segunda vuelta. Con el apoyo de la mayoría de medios de comunicación se estigmatizó al profesor con la palabra “comunismo”, que era sinónimo de expropiación, de miseria, de terrorismo, de recorte de libertades, de Cuba y Venezuela.

Ser comunista equivalía a ser un resentido social, pero también a ser “andino e ignorante” (https://nuso.org). Finalmente el voto rural andino, del Perú profundo, y los excluidos del establismenth provenientes de las grandes zonas urbanas de la costa, le dieron el triunfo al candidato antisistema. Los mensajes clasistas y tenebrosos de la derecha no tuvieron el efecto esperado en el electorado, que apostó por la renovación y el cambio del sistema político y económico. “Una gran mayoría de la población que está harta de esta clase social que gobierna el país los últimos 30 años, y de los políticos que la representan: las María del Carmen Alva, los Barnecheas, los Merinos, los Raúl Diez Canseco, los Víctor García Belaúnde, creen que los ricos deben seguir gobernando y los demás debemos ser sus sirvientes. La élite política y económica ha perdido piso y lo único que les queda son sus gestos de desprecio, sus miradas soberbias, sus ademanes altaneros y sus gritos de vacancia, porque nunca les interesó el Perú”. (https://manoalzada.pe).

Sociedad más justa

Para María del Carmen Alva y sectores de la derecha ultraconservadora del país, aún creen que vivimos en la época de la colonia, donde las sociedades estaban claramente divididas en personas de raza blanca, los indios y los mestizos. En el tomo I de la vida y obra de Francisco Hernández, se describe que “los distingos clasistas en España tuvieron carácter menos agudo y provinieron como en Europa de la calidad o la fortuna. Los blancos puros formaron el estrato social superior. Eran considerados de hecho y de derecho como la buena raza, la raza dirigente y privilegiada”. Pero esta forma de concebir la existencia del ser humano fue hace varios siglos y se puede considerar hasta retrógrados para nuestros tiempos; pero ahora no se puede tolerar que una alta funcionaria del Estado tenga posiciones clasistas que no contribuyen en nada a la reconciliación nacional, a tener una sociedad más justa e igualitaria, con los mismos derechos que tiene un ciudadano que reside en Miraflores o San Isidro que uno de Villa El Salvador o San Juan de Lurigancho. O que cualquier ciudadano del lugar más recóndito del Perú.

Todos los seres humanos, blancos, indios y negros, pertenecemos a una sola raza: la raza humana. Las personas negras, afrodescendientes e indígenas son las más afectadas por cualquier forma de discriminación. En México, por ejemplo, “el racismo ha sido utilizado para la dominación política y social, argumentando la superioridad de algunas ‘razas’ para dominar a otras y justificar privilegios sobre el otro grupo. Esto sigue ocurriendo aún en la actualidad. El racismo ha provocado desigualdad social, esclavitud, exclusión y genocidios. El racismo está muy ligado al clasismo, que es el trato diferenciado en función del nivel socioeconómico de las personas, lo que genera marginación por parte de la sociedad, la falta de acceso a la educación y oportunidades de trabajo”. (https://www.myt.org.mx).

No permitamos que esta dura realidad que se experimenta en México y otras naciones del orbe se repita en el país, desde cualquier posición social hay que desterrar este tipo de conceptos atrasados y disociadores. El apartheid (sistema de segregación racial) ocurrido en Sudáfrica y Namibia es el mejor ejemplo de lo que no debe suceder en un país como el nuestro, donde la vida y la libertad son derechos ineludibles e inherentes al ser humano. Durante la vigencia del apartheid se crearon lugares separados para los diferentes grupos raciales, tanto habitacionales como académicos y recreativos. La raza blanca tenía el poder exclusivo para ejercer el voto y se prohibió los matrimonios, incluso las relaciones sexuales entre blancos y negros. Felizmente todo este holocausto para la sociedad sudafricana terminó en 1992. Por ello, no toleremos más posiciones clasistas ni racistas, venga de donde vengan; por el contrario, promovamos y respetemos los derechos de todos, sin hacer diferencias por el color de piel o la condición socioeconómica.

(*) Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Primer Vicedecano del Colegio de Periodistas de La Libertad.

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