Desde la experiencia, la de antes y sobre todo la de estos dos años recientes. Escrito con plumón o con tiza de colores. En este Día del Maestro y la Maestra, compartimos un testimonio hecho pentálogo, es decir, un conjunto de cinco pautas o consejos respecto de un tema. Y el tema es lo que hacemos.
Tú sí tienes palabra
No es de ahora, colegas. Bien sabemos que el protagonismo del proceso educativo, en todos sus niveles, dejó de ser de la escuela o de la familia. Nos lo arrebataron los medios de comunicación. Usted podrá objetar si ello fue inevitable o si hasta trajo algunos beneficios. El asunto es que los medios educan. Y que ya no son solo los medios de siempre. La digitalización ha generado un desborde de información y estímulos visuales único en la historia. Los estudiantes provienen de ella y aun estando en clase se forman en ella. Cuestionan si lo que enseñamos realmente servirá para ese futuro al cual miran con escepticismo. Están convencidos, casi adoctrinados, que el desarrollo se expresa únicamente en acumular dinero. ¿Podremos cambiar tamaña estructura con la palabra como herramienta? No lo sabemos, pero es lo que intentamos cada día. No estamos aquí para normalizar el sentido común, sino para cuestionarlo. No vamos a prometer alcanzar el éxito sino a cuestionar esa y otras definiciones hegemónicas. Los maestros y maestras sí tenemos palabra y con ella enseñamos a cuestionar, no a obedecer.
Rompe la cadena
Reprochaban en cierta clase de maestría que cómo es posible que eso no lo hayan aprendido en pregrado. Y durante cinco años decían que cómo es posible que eso no lo hayan visto en secundaria. Ya te imaginarás que ahí se preguntaban que cómo es posible que eso no lo hayan visto en primaria. Y que no faltó alguien preguntándose que cómo es posible que eso no lo hayan visto en inicial. Mientras la cadena se endurecía con cada repetición, miles aprendieron a priorizar lo que supuestamente no tenían en lugar de identificar y valorar sus saberes previos. ¡Rompe la cadena, colega! Cada clase es una oportunidad de compensar, de reforzar, de estimular el conocimiento. Poco importa en qué etapa tuvieron que hacerlo o quién debió ser el responsable de brindárselo. Siempre hay saberes previos y precisamente el trabajo docente radica en reconocerlos para luego planificar qué lograremos al final de nuestro breve camino. Le decimos bimestre, semestre, trimestre, pero al final todos pueden ser como un viaje. Y nunca somos los mismos al regresar de un viaje.
El enfoque está en ti
“El enfoque de género no es nuestra prioridad”, dijo, con actitud pusilánime, el presidente de la república. Hasta parecía querer congraciarse con el Congreso, feliz de la vida de ver cómo se censuraba uno de los pocos logros alcanzados a nivel educativo en nuestro país. Sin mayor sustento que un jurásico sentido conservador y creencias meramente religiosas, insisten en utilizar el término “ideología de género” para estigmatizar aquello que no conocen, aquello sobre lo que no han leído nada. Y usted, colega, sabe lo que ocurre en las aulas. Sabe de los intereses de los estudiantes. Sabe muy bien que identidad, diversidad, machismo, violencia simbólica, disidencias, son algunos conceptos que los estudiantes manejan mejor que sus profesores. Usted sabe muy bien que mientras más censura se imponga, se hace más fuerte la capacidad de resistir. Usted ha visto las multitudinarias manifestaciones que por todo el país convocan sobre todo a jóvenes que tan solo reclaman el derecho a ser. La libertad de existir. Esa revolución del amor y la diversidad no se va a detener por una ley. La educación necesita del enfoque de género para combatir la violencia en todas sus formas y para aspirar a una sociedad con justicia e igualdad.
La única constante
Decía el historiador Yuval Noah Harari que el cambio es la única constante. Efectivamente, en estos tiempos de incertidumbre estructural, quizá la única certeza es la posibilidad de reinventarnos, de afrontar con resiliencia los desafíos de la nueva era. Mercedes Sosa lo cantaba hasta estremecer el alma: “Cambia, todo cambia. Y lo que cambió ayer tendrá que cambiar mañana, así como cambio yo en estas tierras lejanas”. Usted sabe muy bien que la lección ya no se repite, que hasta la palabra paporreta dejó de utilizarse. La transmisión de conocimientos se reemplazó por una transmisión en vivo en la que buscamos inspirar, estimular la curiosidad. La información puede aparecer ahora en la palma de la mano. Hay que motivar a buscarla con precisión. No basta con hacer un clic en la pantalla del celular. Hay que distinguirla en medio de la creciente ola de información falsa. Parece sencillo pero ese simple proceso podría salvar una vida. Cambia, todo cambia, colega. ¿Que no han escuchado a Mercedes Sosa? ¿Y si probamos poniendo música en clase? “Cambia lo superficial, cambia todo lo profundo, cambia el modo de pensar, cambia todo en este mundo”.
Colofón
Nos propusimos plantear un pentálogo y apenas vamos cuatro puntos. No fue un error, menos censura. Es que el quinto testimonio debe completarlo usted, colega. Así no solo dinamizaremos la clase, sino que fomentaremos el diálogo. Aprenderemos mutuamente. El ser humano evolucionó porque fue capaz de interactuar, de usar sus sentidos para dialogar, buscar el entendimiento que logre el bien común. Precisamente, por ser humano.
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(*) Sociólogo y docente universitario.
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