Sube!

No existen noticias en esta categoría para esta edición

EL 6 DE JULIO SE CELEBRÓ SU DÍA: Maestros del ayer, maestros de hoy, y su apostolado por la educación

Escribe: Juan Vejarano Vergara (*)
Edición N° 1259

  comentarios   

  • Destacando su trascendencia y aporte a la sociedad.

“Maestros, los de mis tiempos”, se suele decir para destacar la figura del docente de aula, aquel que contribuyó en la formación de sus estudiantes como personas de bien. Cada 6 de julio se resalta el papel del profesor en la ardua tarea de moldear al individuo en su esencia de ser, para construir sociedades más justas e igualitarias, sin discriminación alguna. Hoy, el maestro percibe mejores ingresos económicos, por tanto la sociedad está en todo su derecho de exigir una mejor calidad de enseñanza, con profesores calificados y capacitados. La gratitud por siempre a quienes nos forjaron y nos instruyeron para ser profesionales al servicio de nuestro país.

Desde que tengo uso de razón, siempre escuché decir que ser maestro en el Perú era un verdadero apostolado, por el sacrificio y entrega que desarrollaban en sus jornadas de clases para impartir conocimientos a sus alumnos; pese a que no recibían un adecuado salario acorde a esa inmolación en beneficio de la educación. Era la década del setenta y ochenta cuando cursé mi educación primaria y secundaria en un colegio público. Ciertamente era un apostolado, porque a pesar de sus magras condiciones económicas los maestros no se rendían, y más bien era como un acicate para que continúen en su brega de formar buenos ciudadanos para el futuro, con valores y con discernimiento para enfrentar los retos de una sociedad cada vez más exigente y modernizada. Así de abnegados eran los maestros que tuve en mi formación escolar, su palabra infundía respeto, obediencia, y a la primera palomillada nos ponían en su sitio. Y si algún estudiante se quejaba ante sus padres por un fuerte llamado de atención del profesor o del director del plantel, el progenitor respaldaba la acción del maestro porque su figura encarnaba consideración en la comunidad. En mis tiempos era el señor MAESTRO, y no como ahora que ha devenido en el término abreviado y grotesco “profe”. Como se dice popularmente: “Maestros, los de mis tiempos”, que con su estilo y personalidad imponían autoridad en el aula.

Las personas de mi generación podrán dar fe de la calidad de educación que recibimos en las aulas, el colegio del Estado era muy bien visto por su plana docente, era lo mejor que había (sin desmerecer a los buenos colegios privados de la época). Con el correr de los años esa excelencia lamentablemente no se supo mantener por responsabilidad directa de los gobiernos de turno, que se negaban a incrementar el presupuesto para el sector Educación o lo hacían a cuenta gotas, y en otros casos modificaron el currículo escolar a su antojo hasta minimizarlo a su máxima expresión (eliminaron cursos esenciales para la formación del alumno o terminaron por fusionar varios de ellos), especialmente en la dictadura de Alberto Fujimori. En la década del noventa la figura del maestro fue disminuida y maltratada, el régimen de Fujimori los asoció con el terrorismo (pertenecer al Sutep era sinónimo de ser “terruco”), y en el tema económico sus sueldos se vieron impactados tras el fujishock de 1992. En esa década se puso en marcha un proceso de privatización de la educación, a través de una estrategia de liberalización del servicio educativo y la promoción de la inversión privada en ese sector, lo que propició la aparición de institutos particulares de formación magisterial sin un control ni calidad, y se precarizó el trabajo docente en el sector privado. Al maestro no se le dio el sitial que le correspondía por su labor trascendente en la sociedad.

El profesor Sigfredo Chiroque en su blog “Educación Esperanza”, señala que la devaluación del sueldo magisterial en la década del ‘90 fue la más importante que sufrió en los últimos 46 años, si se toma como punto de partida 1965 que es el año en que el sueldo de los profesores alcanzó su punto más alto (gobierno de Fernando Belaúnde). Chiroque señala que el sueldo de los maestros se devaluó en 52,9% entre 1990 y el 2000, lo que resultó catastrófico porque ya se venía de un quinquenio trágico: el primer gobierno de Alan García 1985-1990, donde los sueldos, por la hiperinflación causada por la desastrosa política aprista, se redujeron considerablemente. El poder adquisitivo del promedio de los docentes cayó en 15.8% en ese gobierno. Los maestros se hicieron más pobres. “Lo mismo sucedió durante el segundo gobierno aprista (2006-2011): el poder adquisitivo de los docentes cayó en alrededor del 10%, siendo condenados a una mayor pobreza”.

Mejoras importantes

Si bien el sueldo de los maestros ha mejorado sustancialmente en los últimos años, todavía no es el ideal para garantizar un proceso educativo continuo. Actualmente un profesor nombrado de la primera escala magisterial con jornada de 30 horas percibe S/ 2,500 y S/ 4,750 en la sétima escala; mientras que los docentes con jornada de 40 horas ganan entre S/ 3,333 y S/ 6,333 en la sétima escala. En tanto, la remuneración de los docentes contratados se fija en S/ 2,500 y S/3,333, de acuerdo a la jornada laboral de 30 y 40 horas pedagógicas, respectivamente. Estas medidas han permitido elevar el piso salarial del magisterio en los últimos seis años, pasando de S/ 1,555 (2016) a S/ 2,500 (2022), lo que representa un 60% de incremento. Bajo este contexto, la sociedad tiene todo el derecho de exigir una mejor calidad de enseñanza, con profesores calificados y capacitados en técnicas pedagógicas y en las nuevas tecnologías de la información, que sean proactivos y dinámicos en su desarrollo profesional. Y desde el Estado, que haya una distribución equitativa de los recursos (no solo mirar a la escuela urbana, sino dar su espacio a la escuela rural) para lograr la igualdad que tanto se pregona.

Es innegable que hoy en día la educación privada en general le ha sacado varios cuerpos de ventaja a la escuela estatal; pero es obligación de este gobierno, y de los futuros, generar las condiciones necesarias para que la educación pública -no solo a nivel escolar, sino también universitaria- garantice una formación integral de los jóvenes que en un futuro próximo tomarán las riendas del país. La UNESCO define a la educación de calidad en términos de igualdad; es decir, no por la cantidad de estudiantes, sino por aspectos de desarrollo cognitivo más elevados. En tanto que la UNICEF promueve principios que garantizan igualdad de oportunidades y el acceso a la educación en todos los niveles, además de fomentar políticas de protección de los derechos del niño, de la mejora de la calidad educativa incentivando la inversión del Estado y la eliminación de todas las formas de discriminación.

Se dice que la educación es un arte; “un arte de formar hombres, de construir sociedades y de edificar el futuro. Y ese arte tiene en el maestro a su figura estelar, porque éste tiene la tarea de formar al individuo en su esencia de ser y así preservar la civilización”. El maestro asume su profesión desde la perspectiva de que la educación es ante todo una acción de convicción y no solo el hecho de acceder a una plaza laboral. Por eso se demanda que el desempeño del profesor esté al servicio de la sociedad como un fundamental formador de hombres. Un maestro tiene la habilidad de ver más allá de las personas y encontrar las capacidades escondidas en cada uno de nosotros. “La profesión docente es la más distinguida, consagrada y de decisiva acción sobre lo que se conoce como el cometido social. De allí que la responsabilidad del docente no tiene comparación con ninguna otra profesión, por su determinante misión e influencia en la preparación del hombre”. La apreciación a la labor del maestro ya era evidente en el antiguo Perú, en tiempos del Tahuantinsuyo los amautas o sabios eran respetados y venerados por instruir a los hijos del Inca y de la nobleza.

Esta estimación a la labor docente hoy en día debe ser imperecedera, debe trascender en el tiempo, por la responsabilidad histórica que tienen de sacar adelante el aprendizaje de nuestros estudiantes. El propio Estado tiene que empoderar a sus maestros, tiene que darles el sitial que históricamente les corresponde, porque su apostolado permitirá seguir formando generaciones de bien en circunstancias muchas veces adversas. Esto lo hemos visto en tiempos de la pandemia, donde muchos maestros han ido a sus comunidades a buscar a sus alumnos, para evitar que pierdan el año escolar. El notable educador y político, José Antonio Encinas, decía que “el más alto cargo que un ciudadano puede desempeñar en democracia es la de ser maestro de escuela”.

Gratitud y homenaje

Cada 6 de julio se celebra el Día del Maestro, porque un día como ese, en 1822, el libertador José de San Martín creó por decreto supremo la primera Escuela Normal de Varones, con el propósito de combatir el analfabetismo y equilibrar la educación que las élites limeñas recibían de Europa. Dicha institución es hoy la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle (La Cantuta). Pero en esta importante fecha también se rememora la figura de Horacio Zeballos Gámez, quien encarnó una lucha permanente por la reivindicación del maestro en tiempos de la dictadura militar de Juan Velasco Alvarado y el gobierno de Fernando Belaunde. Se opuso a la reforma educativa impulsada por el régimen de Velasco, y a consecuencia de ello fue internado en el penal el SEPA, en 1973. Fue fundador del Sutep, siendo elegido su primer secretario general.

Antes de terminar estas líneas, quiero rendir testimonio de gratitud y reconocimiento a mis maestros del Colegio Nacional Abel Alva de Contumazá (Cajamarca), donde mi padre fue director por 17 años. Cómo no recordar a Nelly Castillo, Antero Vásquez, Elena Uriol, Jaime La Portilla, José Ríos, Nelson Tejada, Carola Pereda, María Chuan, Magna Rebaza, Soledad Alva, Nina Uriol, Víctor Florián, nuestro maestro de música, Luis “bemol” Castillo. También mi admiración a mi profesora de primaria, Manuel Florián Alva. Y como no mencionar a mis maestros de la UPAO, los extintos Eduardo Quirós Sánchez y Alfredo Valle Riestra, Luis Amaya Deza, Ana María Galloso, Margot Herbias, Luis Benavente, José Perla Anaya, José Matos, Atilio León Rubio, entre otros. Mi agradecimiento a todos ellos por sus enseñanzas, sus consejos para ser personas y profesionales de bien.

------------------------

(*) Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Primer Vicedecano del Colegio de Periodistas de La Libertad.

 respuesta de brihan mori vilchez el 2024-10-10.

hasta el culo tu empresa causaaaaaaaaaaaaaa paltaaaaaa!

Deja tu Comentario