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¡NO DA PARA MÁS! Ya es la hora de partir, señor Castillo

Escribe: Jorge Chávez Pita (*)
Edición N° 1257

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Todo indica que las horas de Pedro Castillo en el gobierno están contadas. Lo acontecido el viernes 18 de los corrientes, cuando el hasta hoy “presidente del pueblo” – como él se autodenomina - caminó con aparente firmeza algunas calles del centro de la capital, por cierto con un extremado resguardo policial, con la finalidad de cumplir con el interrogatorio preparado por la Fiscalía de la Nación, nos hizo notar su histriónico ademán, que aparentemente no le preocupaba a donde estaba yendo y para qué lo hacía, aunque al parecer, la procesión iba por dentro.

La avalancha de audios aterradores, las delaciones acusadoras, dichos desde un penal y las fugas continuas de los operadores de presuntos actos de corrupción, integrantes de una banda criminal probablemente liderada por Castillo Terrones, nos hacen presumir que la cuenta regresiva para su salida del gobierno estaría en su parte final.

Sin duda hay un trasfondo oscurecido que hay que investigar y corroborar, pero los elementos de convicción plagados de evidencias claras delincuenciales, a simple vista nos muestra como un grupete de pillos han logrado desviar los dineros del Estado hacia sus arcas de mala manera y torpeza extrema, razón por la cual las cuerdas trenzadas de la verdad ya estarían a punto de estrangular la yugular y la cervical del hasta hoy dignatario de la nación, por lo tanto, ya no da para más.

Su impopularidad lo condena

Sabe Castillo que su impopularidad no lo favorece, al contrario lo condena. Sabe también que su parafernalia es cada vez menos fuerte y que sus gritos y arengas mentirosas languidecen cada vez con mayor intensidad; es decir, tanto el precario respaldo ciudadano y su incipiente solvencia de moralidad, por cierto pregonada donde le toca estar, no le suma ni le hace ningún favor, muy por el contrario, como un búmeran letal, día a día lo coloca en un sostenido decrecimiento de su popularidad, cada vez más endeble para esconder y decir la verdad de lo que hizo y desciso para que su gobierno, invadido por la corrupción, lo esté poniendo contra las cuerdas con una indefensión cada vez más evidente, difícil de revertir, mientras los tiempos se acortan y el horizonte de su gestión sumamente lesiva se oscurece cada vez más.

¿Debe de irse? Sí

Dice un refrán popular, tradicional y muy conocido aún: “No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”.  Efectivamente cuando el mal está identificado, como es el caso de la gestión de Pedro Castillo, por cierto cien años no puede durar, pero menos que cinco sí.

Igualmente la pretensión irracional de cumplir con el quinquenio de su mandato, ya no es resistible, por lo tanto, debe y tiene que dejar el cargo emanado por una elección popular engañosa y opaca en su integridad. Es preferible dejar el cargo, a que se lo quiten señor mandatario.

Su gestión no tiene sanación, por cuanto está cada vez en un proceso creciente de degeneración funcional y moral, no da para más, las claras evidencias y las fugas calculadas no hacen sino avivar las intrigas y las verdades a medias que al final desencadenaran en su ya previsible partida. ¡Se tiene que ir, profesor!  

Conclusión reflexiva

En días pasados, tuve la oportunidad de leer un artículo publicado en un medio periodístico de circulación nacional escrito por el economista Pablo Moreyra, dentro del cual llamó mi atención una interrogante planteada, que a mi modo de ver podía encajar como una reflexión concluyente del presente artículo.

La pregunta planteada por Moreyra es la siguiente: ¿Quieres saber el tamaño de una mentira? La contestación implícita del columnista, siendo sabia y real, dio la respuesta que era muy fácil, lo cual lo explica así: “Mide el largo de la explicación por el ancho de la excusa – y le agrega -, y si viene acompañada de una victimización se eleva al cuadrado”, nada más cierto y ajustada a la realidad de la forma cómo Pedro Castillo pretende hacernos creer que todo marcha bien y, lo que se está buscando, es que “un hombre del pueblo” no gobierne el país, con lo cual se configura su victimización. 

(*) Consultor en Contrataciones del Estado.

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