Cuando se elabora cada uno de esos platillos capaces de alegrarnos la vida en toda circunstancia, hay un proceso donde participan muchos. Hay manos que cumplen todas las labores, incluidas las de escribir un relato. En Vuelven Los Mochicas (Huerequeque, 2020), buscamos algunas de ellas.
Espesado de res
La mano en el pecho alude a la verdad sobre todas las cosas, se coloca a la altura del corazoÌn porque quien lo tiene no sabe mentir. El espesado es de carne de pecho, de pecho de res, y de res gorda. Tiene que hervir a fuego intenso junto a las zarandajas, menestras tan tiÌpicas en la regioÌn que hasta apodo tienen. Las llaman chilenos. Para que su tono paÌlido no sea el color de nuestro espesado, hay que agregar loche y yucas, cosechadas en PaÌtapo de todas maneras.
Paralelamente se ha iniciado el sacrificado trabajo de moler el choclo con el culantro. Es ahiÌ que se concentraraÌ el sabor de nuestro preciado platillo, y las dosis que en este esfuerzo pongamos de cebolla y ajiÌ verde contribuiraÌn al resultado final. La masa resultante, ya molida, alrededor de tres litros, se agrega a la carne cocida. Echaremos maÌs caldo de acuerdo a la espesura de la mezcla. Solo la experiencia permitiraÌ saber las cantidades adecuadas que, como la vida misma, siempre dependeraÌn de las circunstancias en particular: cuaÌntas personas vienen a comer y sobre todo quieÌnes son esos cuantos. Quienes sea que sean, deben haber llegado un diÌa lunes, y el espesado se les serviraÌ con arroz colorado y manteca colorada (se prepara con aceite y solo un poquito de pimentoÌn para darle color).
Seco de cabrito
Sepan, comprueben, difundan, que en Chiclayo la sazoÌn se lleva en las manos. En forma de liÌneas, ellas llevan tatuado el tiempo, tan importante en la preparacioÌn de todas nuestras comidas. Aprender a cocinar es el descubrimiento de uno mismo, el contacto con un legado de platillos costumbristas que recorre la historia de todas las familias. Delicias que han hecho conocida nuestra regioÌn como el seco de cabrito, cuyo sabor se garantiza trozaÌndolo con equilibrio y aderezaÌndolo con sal, pimienta y chicha del Guabo.
Una vez listo, procuremos un refrito de ajos, cebolla, sal, pimienta y ajiÌes de color. Ese es el aderezo con que freiremos el cabrito. Solo con esos procesos listos, agregaremos el ancestral loche, cucurbitaÌcea que por milenios ha preservado el sabor de todo el norte. Suavemente rallaremos primero la caÌscara. Ya sin ella lo trozaremos en pequeños pedazos a los cuales incorporaremos aceite. Cuando se haya consumido, se le agregaraÌ tres cucharones de caldo. Tan preciado es el aroma del loche que hay que tapar la olla muy bien para no perder esa concentracioÌn de sabores. Arroz bien graneado y alverjado, asiÌ como yucas sancochadas, acompañaraÌn este platillo emblemaÌtico, tiÌpico de los cumpleaños, que es cuando hay que ofrecer lo mejor de lo mejor.
Panquitas de life
Sea para asegurar el alimento diario, a traveÌs de la caza, o para afrontar sanguinarias batallas, casi igual de diarias, los guerreros mochica portaban siempre las estoÌlicas. Estas fueron una suerte de propulsores de lanzas, talladas en madera, en cuya parte superior soliÌa representarse la imagen de un pez life.
Tiempos hubo en los que bastaba con meter la mano a las acequias, de verdad cristalinas, para encontrar brillantes lifes, cascafes, chalcocas, mojarras y el camaroÌn nativo. Hoy son tan escasos que, si se tiene suerte en su buÌsqueda, hay que limpiarlos con particular cuidado, para luego pasar a aderezarlos con sal. La cebolla, el culantro y los ajiÌes, por su parte, deben picarse proporcionalmente al tamaño del pez, lo cual confirma eso de que lo que realmente bueno se concentra en dimensiones realmente pequeñas. Su sabor es tan preciado que hay que enfundarlo en un atado de pancas de choclo para no perderlo: cuatro lifes por porcioÌn. Se amarran y luego se asan en una lata, firmemente colocada sobre un brasero de carboÌn. Cuando ya estaÌn cocidos se sirven acompañados de torrejas de choclo, las cuales no deben confundirse con las tortitas de choclo. Estas son incomparables.
Boda
En la vida, solo una vez. Si asiÌ ha de ser, el platillo principal del diÌa de la boda llevaraÌ el mismo nombre y tendraÌ que prepararse con la anticipacioÌn que este tipo de ceremonias requiere. Hay que remojar el garbanzo desde la noche anterior y luego hervirlo junto a la carne de pecho. El cocimiento seraÌ lento, como todo enamoramiento que aspire al equilibrio. HabraÌ que saberlo esperar para recieÌn incorporar las yucas. Antes deshojaremos la lechuga y tambieÌn la pondremos a cocinar, no necesariamente con la misma lentitud.
En la ceremonia de la boda comulgaremos con el pan y con el vino. Tal es la razoÌn para que la base de este platillo sea el pan, remojado y bien batido para obtener el espesor regular. En una sarteÌn aparte, pondremos aceite, cebolla en tajadas y un poquito de ajiÌ pimentoÌn que le daraÌ el color necesario. AcompañaraÌ este aderezo el azafraÌn ya tostado, ligeramente molido. Ambos se incorporaraÌn a la olla para una lenta coccioÌn, cuyo final se proclamaraÌ con ramas de hierbabuena. Una vez servido, cual bendicioÌn final, incorporaremos una uÌltima preparacioÌn: media taza de aceite, dos dientes de ajo molidos y otro poquito de ajiÌ pimentoÌn. Solo entonces gritaremos «¡que vivan los novios!». ComprobaraÌs con el tiempo que quien te ama lo primero que te preguntaraÌ es si ya comiste.
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(*) Sociólogo y docente universitario.
respuesta de me encantaría comunicarme con la responsable de Recursos Naturales y Gestión Ambiental para visitar el 2024-06-08.
Soy docente de la I.E. San Pablo de Pacora y nos encantaría visitar estos espacios de vida... tenemos birgadas de Protección de la biodiversidad (18) y contamos con un club de ciencia y tecnología: "Gretty K. Villena Chávez" cuyos estudiantes suman 73 y 9 docentes del área comprometidos con la proteción y conservación de estos ecosistemas... me podrían llamar para ir de visita, asi como saber las condiciones
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