El retiro cada vez más cercano de las actuales autoridades municipales en la región Lambayeque viene apurando la convocatoria de procesos selectivos para la contratación de bienes y servicios, principalmente para la ejecución de obras, donde sus empleados de confianza hacen denodados esfuerzos para concretarlos, en muchos casos direccionando su adjudicación y, de esta manera, incrementar la corrupción en esta parte del país.
De acuerdo al Sistema Electrónico de las Contrataciones con el Estado - SEACE, se puede advertir las paulatinas convocatorias que vienen realizando las comunas de la región Lambayeque, en su mayoría, para contratar la ejecución de obras en cada una de las jurisdicciones, para lo cual los burgomaestres nombran los comités se selección preferentemente conformados por expertos independientes y funcionarios de su confianza, quienes utilizando mecanismos a todas luces vedados, elaboran las bases con algunos candados escondidos, para luego de evaluar las ofertas presentadas por los postores, lograr que estas en su mayoría, sino son admitidas, sean descalificadas subrepticiamente aprovechando los requisitos sesgados para lograr el objetivo de otorgar la buena pro al postor previamente acordado.
La forma de consumar el hecho
La radiografía de las corruptelas en las que incurren los comités se encuentra plasmada en el de admisión, evaluación, calificación y adjudicación de la buena pro de cada uno de los procesos, las mismas que obligatoriamente tienen y deben ser publicadas en el SEACE, donde con meridiana claridad se evidencian las malas mañas que aplican los comités y los estropicios que estos ocasionan al descartar cuanta oferta que hubiera que admitir y, si en esta etapa no logran su propósito furtivo de bajarse la oferta, sin duda en la siguiente etapa de su evaluación, una a una pasarán a mejor vida producto de la acuciosidad desmedida de estos miserables operadores de la corrupción.
El direccionamiento en su cabal medida
Consumados los hechos previos al insano accionar de estos personajillos de quinta, proceden a manipular sistemas informáticos y ponen al postor direccionado en un lugar expectante en el orden de prelación, para luego de seguir escrudiñando y tratando de hallar en el acervo documental contenido en la oferta de los postores sobrevivientes, sino son por errores de forma, alevosamente deciden sacarlos de carrera buscando alguna inconsistencia que no resulta ser tal, pero les sirve para que de un plumazo, hagan constar en el acta del proceso la palabra recurrente “descalificado”, continuando con su orgía de desatinos con la adjudicación al participante que, con un acuerdo previo bajo la mesa, favorecerlo con la adjudicación de la buena pro sin reparo alguno.
La implicancia de un hecho de corrupción
En primer lugar hay que analizar qué calidad moral tiene un corrupto. La conclusión imperativa y razonablemente establecida es: Un corrupto es tal cual, por consiguiente es un enano mental para hacer el bien, que no solo no tiene valor para vivir, sino que los valores de la ética y la honestidad que le otorgan un estatus moral a un ser humano, son solo una utopía para ellos y una forma de vivir constantemente apropiándose de lo ajeno, utilizando para tal fin sus artimañas bien diseñadas, y de esta forma lograr con eficacia robarse los dineros estatales.
En este contexto, la implicancia de un hecho corrupto, siendo un delito tipificado como un crimen organizado, también es pernicioso con implicancia directa respecto al arrebato sistemático de los dineros asignados por el estado para beneficio de la ciudadanía, los cuales bajo argucias y estrategias soterradas son arrebatados vilmente por los corruptos burócratas que, sino ostentan el poder, operan en favor del que lo tiene, en este caso, la autoridad de turno, que en la mayoría de los casos es quien dirige y decide las estrategias para concertar y consumar el hecho corrupto a su favor.
(*) Especialista en Contrataciones del Estado.
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