Los cuestionamientos, al parecer irrebatibles, a la tesis de maestría del presidente Pedro Castillo, son ahora la nueva bandera de los promotores de la vacancia. Si se tratara de una genuina preocupación por el abandono de la investigación científica en nuestro país, estaríamos todos del mismo lado. El problema es que la indignación la lideran quienes pretendieron y pretenden desaparecer a la Sunedu y tumbarse la reforma universitaria.
Diariamente, los docentes de la universidad en el Perú lidiamos con una tendencia más que preocupante, angustiante: cada ciclo que termina es comprobar el debilitamiento de los recursos individuales para la expresión escrita. No importa si son ciencias o letras, tampoco si son los primeros o los últimos ciclos. Puede que el escenario sea ligeramente distinto si contraponemos públicas y privadas, pero la dirección es la misma. Pareciera que ya nadie quiere ir a la universidad a investigar, a cuestionar, a buscar la verdad. El ingreso al mercado laboral es el indicador hegemónico para lograr el anhelado éxito individual, traducido siempre en indicadores económicos.
¿Para qué sirve una tesis cuando se quiere el éxito? Todos sabemos que es el resultado de una investigación original que busca involucrarse con la realidad, alternando información teórica y de campo que permita proponer estrategias de solución para realidades específicas. Por eso le llamamos problema de investigación al punto de partida. Encontramos respuestas no para guardarlas en archivos que nadie leerá sino para que la vida social a nuestro alrededor mejore. Nadie debería estudiar una carrera para memorizar de paporreta cosas que luego repetirá en exámenes perfectamente olvidables. Somos todos creadores. Experiencia y teoría que precisamente nos convierten en ese profesional que alguna vez soñamos.
¿Qué hemos hecho con la universidad para que sus muros se empapelen con letreros que ofrecen hacer la tesis hasta en una semana, 100% garantizado? Una nueva denuncia de plagio asoma en el debate político, y eso está muy bien, seguramente. Pero mientras se decide la culpabilidad del responsable, en este mismo momento se están plagiando otras tesis más. Y peor aún: otras más se están sustentando sin que sus autores sepan realmente lo que acaban de hacer.
La universidad empresa
En noviembre de 1996, se instauró en el Perú el modelo de universidad con fines de lucro. De un momento a otro, proliferaron por costa, sierra y selva, universidades que se adaptaban a todos los bolsillos. Todas con la misma promesa de progreso y movilidad social para quienes lograsen culminar cinco años de sacrificados estudios. Han pasado 25 años, las consecuencias también egresaron y ejercen profesionalmente.
Donde el alumno es cliente y el docente un colaborador, no esperemos encontrar tesis que elaboren conocimiento nuevo. Este el país donde los congresistas encuentran proyectos de ley en internet y la gran prensa presenta como primicias lo que otros medios independientes ya publicaron. Hace algunos días nomás, un artista chiclayano tuvo que denunciar en redes que la misma Municipalidad había usurpado sus dibujos sin ningún consentimiento. “¿Pero qué más quieres? Si te vas a hacer conocido?”, le respondieron quienes se sienten impunes ante el fuerte rumor de que nuestro alcalde asumirá un cargo en el Ejecutivo.
No vamos a defender al presidente Castillo. Que le quiten el título de magíster, de ser necesario. Que los estudiantes del Perú sepan cuánto valía la palabra de maestro. Y que sean sus mismos colegas quienes expresen la indignación de saber cómo se ha manchado una profesión digna. Porque hay docentes que escriben tesis todos los días, enfrentando con mucha valentía y pocos recursos las dificultades de aprendizaje de nuestros hijos luego de la pandemia.
No lo vamos a defender, pero tampoco vamos a soportar la sinvergüencería de quienes han saboteado la educación toda la vida. Los que decían que “leer da Alzheimer”, los que interpelaron a ministros de educación por acusaciones sin sentido, los que llegan al congreso sin ningún tipo de preparación, ni intelectual ni moral. Ellos han plagiado el concepto de democracia pretendiendo actuar en su nombre cuando ocultan sus verdaderos intereses.
La tesis que debemos discutir
Lo primero que se aprende en la universidad es a dudar. A cuestionar todo sentido común. Eso te lo dan las lecturas y también la calle. Si la Asamblea Constituyente es o no una demanda ciudadana no lo determinará una encuesta, mucho menos si la realizan las mismas empresas que intentaron sesgar el voto popular con resultados que eran cualquier cosa menos la realidad.
No sabemos si la gente respalda la propuesta por la Asamblea Constituyente. Pero de lo que sí estamos totalmente seguros es de que la gente quiere el cambio. Que no importa la temperatura de nuestras posturas políticas: queremos, necesitamos, exigimos el cambio. Votamos para eso. Hace 30 años que votamos por un cambio que nunca parece llegar. Y tal vez ya nos cansamos de esperar.
Tal vez ya fue refutada la tesis que afirmaba que el progreso económico “chorreará” algún día para todos. Tal vez ya desaprobaron a todos los que sostenían que “el pobre es pobre porque quiere”. Tal vez los marcos teóricos que sostienen la crítica a los medios de comunicación cuentan con irrefutable evidencia empírica.
Tal vez la hora del cambio ha llegado. Tal vez ya está ocurriendo.
respuesta de 693526 el 2024-06-07.
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