Tal vez nunca imaginó que estos serían sus últimos meses como alcalde. Tal vez nunca supo cuáles fueron los primeros. Los breves esfuerzos de Jorge Muñoz Wells no ocurrieron necesariamente en el municipio, sino en redes sociales y canales de televisión, como uno de los más fervientes críticos del gobierno. Tanto promovió la vacancia para que al final el vacado fuera él. Sin embargo, lo preocupante es que la decisión del Jurado Nacional de Elecciones tampoco es para celebrar.
Alguna vez, cuando esta crisis era igual o peor, solo que no aparecía en la televisión, Jorge Muñoz ganó las elecciones municipales. La verdad es que no había mucho de donde elegir. Apareció en las encuestas como un fantasma y se empeñó decididamente en cumplir ese rol. Como los fantasmas, la gente discutía si existía o no, pero nadie de verdad lo había visto. Los medios no reclamaron su ausencia. Era el espectro que apenas aparecía en las marchas ciudadanas para apagar arbitrariamente las luces de todo el Centro Histórico de Lima. En medio de las penumbras, entre gases y represión, la gente igual protestaba.
Conviene recordar en este punto lo selectivo que era nuestro exalcalde. Cuando las marchas coincidían con sus simpatías políticas más bien lo veíamos muy activo en Twitter y con abrumadora presencia mediática. En ninguna entrevista le preguntaron por los intercambios viales que incrementarán el tráfico, por los puentes peatonales más largos e inútiles del mundo, ni mucho menos por su cuestionada pertenencia al directorio de Sedapal, lo cual está expresamente prohibido por la Ley Orgánica de Municipalidades. Ahí llegó a cobrar dietas de hasta S/ 3000 semanales ante el silencio de la gran prensa. Tuvo que ser la denuncia de un ciudadano. Quizá uno de los que protestaba en medio del apagón edil.
Jorge Muñoz deja la alcaldía de Lima y la noticia tal vez dé lo mismo para millones: nunca supimos quién fue. Su plan de gobierno fue un documento más que se expuso en debates televisivos para luego desaparecer. Todo se resumía a “convertir Lima en Miraflores”, revelando con ello un centralismo perverso. El arribismo profundo de una ciudad que no quiere ver más allá de sus privilegios y a la que ahora tal vez le espere un panorama peor.
Lo que queda para la capital
Miguel Romero Sotelo, teniente alcalde que asumirá el cargo dejado por Muñoz, enfrentará más de un cuestionamiento en la brevedad de su nueva gestión. Tal como ha informado el portal Ojo Público, Romero ha estado relacionado hasta con cinco empresas del sector inmobiliario y constructor. Su hija, hermano y sobrinos presentan también vínculos con otras seis compañías del mismo rubro. En la investigación elaborada por el periodista Ernesto Cabral comprobamos que hasta una extrabajadora de una las empresas dirigidas por la hija del ahora flamante alcalde de Lima, llegó a ocupar el cargo de jefa de planeamiento durante el periodo de Muñoz.
Más allá de ocupar o copar cargos públicos, es importante recordar que fue el actual concejo metropolitano de Lima quien decidió modificar la zonificación del valle de Lurín. Fueron 1700 hectáreas que se destinarán ahora para fines comerciales y residenciales, con el consecuente riesgo para la seguridad alimentaria de toda la ciudad. Millones de ciudadanos seremos los perjudicados directos con una decisión de ese tipo, como millones también son los que están en juego para un sector inmobiliario que parece realmente vivir en una burbuja.
Conflicto de intereses. Incertidumbre por lo que viene. Obras inútiles, si es que hay obras. Funcionarios denunciados y autoridades que terminan en la cárcel. Ningún proyecto de ciudad, ninguna idea de comunidad. Esta película ya la hemos visto en los cines de Chiclayo, y en versión de drama mezclada con terror.
Rumbo al norte
Las recientes acusaciones que endilga el Gobierno Regional de Lambayeque a la Municipalidad Provincial de Chiclayo, a propósito de las cuestionadas obras de la avenida Colectora, tan solo reflejan el desolador panorama político de nuestra ciudad. Aquí no hacen falta vacancias. Ellos mismos abandonan su compromiso desde el primer día. La noción de funcionario público dejó de existir hace mucho. No es de ahora. Ya no es una frase pasajera sino un estado natural de las cosas decir que Chiclayo está destruido, lleno de basura. Una ciudad donde no se puede ni caminar porque hasta el Serenazgo puede venir, golpearte y llevarse tus cosas.
Llegará una nueva elección y volveremos a escuchar promesas de terminar con los mismos problemas que en la anterior elección no se pudieron solucionar. Creíamos que era cuestión de decisión, pero no. Asumir un cargo público parece haber convertido en trampolín para organizaciones criminales con fachada de partidos. Si se van todos, regresan todos otra vez. La banda cambia de nombre. La lógica se mantiene.
Y sin embargo, una denuncia ciudadana fue la que logró la vacancia de un alcalde igual de incapaz como quienes nos siguen gobernando. Marchan en todo el Perú quienes defienden la tierra como posibilidad de vivir, ya ni siquiera de vivir bien, sino solo de vivir. No siempre logramos cosas, pero resistimos. No falta mucho para elegir alcaldes y gobernadores. Chiclayo, ¿para cuándo? Chiclayo, ¿hasta cuándo?
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(*) Sociólogo y docente universitario.
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