El desarrollo del pensamiento humano, desde tiempos antiguos, será siempre la categoría que sirve para lo bueno y también para lo malo, aunque este último puede ser necesario hasta para salvarnos la vida. Por algo existe la antípoda a cualquier categoría; es decir, lo justo en relación con lo injusto, lo agradable frente a lo desagradable, etc. En cuanto al acto de pensar, ¿podría decirse que memorizar es lo antagónico? Veamos.
La acción de crítica implica, según la RAE: «Analizar pormenorizadamente algo y valorarlo según los criterios propios de la materia de que se trate».
Ahora bien, ¿a qué le podemos llamar criterios propios? Se me ocurre decir que Chiclayo es la ciudad más desordenada urbanísticamente. Probablemente algunos profesionales entendidos en urbanismo con maestría aquí cerca me darían con palo por ser «tan crítico» con solo una afirmación. En realidad, qué criterios tengo para afirmar eso. Puede ser muy simple, suficiente con mirar otras ciudades y comparar o no es cierto que las calles de Ecuador son un jardín solo cuando se cruza la frontera empezamos a criticarnos.
El fondo de todo este rollo es la comparación que nos induce a realizar la crítica que, según la RAE, contiene nuestros propios criterios. Por lo tanto, cualquier ciudadano puede hacerlo sin que pretenda molestar a los entendidos. ¿Qué culpa tengo que, como ciudadano, pueda comparar y decir que vivo en una ciudad pestilente? Tengo criterio para sostener que Chiclayo es una ciudad desordenada. Sin embargo, existen universidades que le dan sentido a la arquitectura, pero al parecer no es evidente.
‘Hablar mal’
La RAE, por definición, otorga libertad de pensamiento mediante la crítica, que no es lo mismo que pensamiento crítico. No obstante, la misma entidad nos dice que la acción de criticar es «[h]ablar mal de alguien o de algo, o señalar un defecto o una tacha suyos». De otro modo, tengo licencia para hablar mal, que no es más que la verdad. No puede, entonces, confundirse que la crítica no otorga el privilegio de ‘hablar mal’, porque está permitido desde todo punto de vista. Sin embargo, ¿cómo entender la crítica que solo nos dice la verdad?
Desde mucho tiempo se habla de la ‘crítica constructiva’ debajo de la artimaña política o al pie de cualquier acuerdo siniestro para ‘hablar bien’ sabiendo que todo anda mal. En realidad, nuestra libertad, con licencia de la RAE, nos induce a decirnos críticamente la verdad, la cual encarna criterios hasta del sentido común, entonces no debemos encaramarnos cuando somos parte del problema y rehuimos de la solución, sabiendo que teniendo el poder no es posible hacer bien las cosas, ello tipifica para calificarnos como inútiles; es decir, que no somos útiles y que la misma RAE sentencia haciendo referencia a la persona, de quien se dice «[q]ue no puede trabajar o moverse por impedimento físico». Por lo tanto, decirle a cualquier autoridad que es inútil es solo decirle la verdad y que por sentido común surge el criterio para ser crítico sin pretender hacerle pasar un mal rato.
La diferencia
El tránsito de la crítica hacia el pensamiento crítico, es otro ‘level’ ―como dicen los chicos―, porque se trata del desarrollo cognitivo del pensamiento, que en la versión de Facione (1990) desarrolla seis habilidades: interpretación, análisis, evaluación, inferencia, explicación y autorregulación.
El único error visible es que sin la observación no se puede interpretar la realidad, de este modo, Facione admite la crítica que para ello el hombre es capaz de crear conocimiento desde el error ajeno sin pretender ninguna calificación, porque ser crítico es también manejar conocimiento, aunque moleste.
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(*) Educador, ganador de las Palmas Magisteriales 2016.
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