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EL DILEMA: FUJIMORISMO VS ANTIFUJIMORISMO: Controvertido indulto a Fujimori reabre viejas heridas en la sociedad

Escribe: Juan Vejarano Vergara (*)
Edición N° 1244

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La decisión del TC de restablecer el indulto humanitario a favor de Fujimori, ha enervado los ánimos de aquellos que defienden al exmandatario y quienes consideran que con ello se genera impunidad. El apellido Fujimori mantiene al Perú fracturado entre quienes ensalzan la figura del expresidente, al destacar que salvó al país del terrorismo y del colapso económico; y quienes aducen que fue un tirano que incurrió en graves violaciones a los derechos humanos. El antifujimorismo se sostiene en el tiempo porque desde Fuerza Popular no han dado pasos importantes para transparentar y generar credibilidad ante la ciudadanía.

El cuestionado fallo del Tribunal Constitucional (TC) que declaró fundado un habeas corpus a favor del expresidente Alberto Fujimori, restableciendo los efectos del indulto humanitario otorgado por el exmandatario Pedro Pablo Kuczynski en 2017, ha encendido una vez más el debate entre las huestes defensoras del fujimorismo y los antifujimoristas. Entre aquellos que piensan que el anciano exdictador debe pasar sus últimos días en su casa, por “padecer de enfermedades terminales” y porque las condiciones carcelarias son un grave riesgo para su vida. Y otros que se muestran indignados porque el indulto es una forma de impunidad, considerando que Fujimori está involucrado en graves violaciones a los derechos humanos: la masacre de quince personas en Barrios Altos (1991) y la desaparición forzada y ejecución de nueve estudiantes y un profesor de la Universidad La Cantuta (1992). Este es un tema muy delicado que toca las fibras más sensibles de la sociedad, porque se reabren heridas aún no sanadas por el tiempo y deviene en una enorme polarización, porque viene a la memoria las tropelías, los abusos, las injusticias que se cometieron en ese régimen dictatorial. Después del autogolpe del 5 de abril de 1992, Fujimori en contubernio con su asesor Vladimiro Montesinos sometieron a las instituciones democráticas del país para conservar y extender su poder, la corrupción se infiltró a pasos agigantados en el aparato estatal, con la venia del exgobernante y su siniestro asesor. Y elaboraron una Constitución a su medida con el propósito de perpetuarse en el gobierno.

Según el politólogo y jurista, Francisco Miro Quesada, “el fujimorismo vigente es la continuación del fujimorismo original. Tiene a sus defensores que pretenden borrar con una mano lo que se hizo con la otra, intentando tergiversar la realidad”. Añade que el fujimorismo no es una ideología explícita, porque no la tiene; es más bien una forma de hacer política en que se mezclan caudillismo, populismo, clientelismo y abuso del poder. Wikipedia precisa que “el fujimorismo es una corriente política personalista en torno a la figura del expresidente Alberto Fujimori, su sucesora política Keiko Fujimori, orientada hacia el caudillismo, el conservadurismo, el populismo de derecha, el neoliberalismo, la democracia liberal, el culto a la personalidad y el autoritarismo”. El fujimorismo desde su nacimiento ha estado integrado por varios partidos y alianzas, entre ellos: Cambio 90-Nueva Mayoría, Sí Cumple (antes Vamos Vecino), Perú 2000, Siempre Unidos (antes Juntos Sí Podemos), Alianza por el Futuro, Fuerza 2011, y el actual Fuerza Popular. Es indudable que esta agrupación camaleónica en su objetivo de mantener cuotas de poder o de tener el poder absoluto, no ha dudado en cambiar de denominación las veces que sea necesario, ya sea para las elecciones presidenciales, regionales o municipales. Como decía el filósofo italiano, Nicolás Maquiavelo: “el fin justifica los medios”; es decir, cuando el objetivo final es importante, cualquier medio para lograrlo es válido. Esta ha sido una vieja práctica del fujimorismo en aras de copar los distintos niveles de gobierno. Unas veces ha tenido éxito, otras no.

El presente fujimorista

El fujimorismo moderno lo encarna hoy Keiko, quien en su hoja de vida ya tiene tres derrotas electorales consecutivas en segunda vuelta, en su intento de llegar a la Presidencia de la República. Tras la huida de su padre al Japón y su renuncia por fax desde el país asiático, el 2001, la hija mayor de Fujimori tuvo las agallas para formar su propio partido Fuerza 2011, que luego se convertiría en Fuerza Popular, pese al profundo desprestigio político, moral y ético que le había provocado su padre con su tercera ilegal reelección. La casta Fujimori desapareció por completo de Perú después de la recuperación de la democracia, unos se fueron a Japón y otros a Estados Unidos, como fue el caso de Keiko. A su regreso, postuló en las elecciones de 2006 por un escaño en el Congreso, convirtiéndose en la candidata más votada. Durante su periodo mantuvo un perfil bastante discreto, se le objetó por sus prolongadas ausencias a las sesiones y su carencia de iniciativas legislativas. Desde ese momento, la Fujimori comenzó a estructurar lo que sería su partido político, hizo un trabajo silencioso con miras a los comicios del 2011. Se presentó ese año y en una reñida segunda vuelta perdió con Ollanta Humala, luego pasaría lo mismo con Kuzcynski, y el año pasado con el actual presidente, Pedro Castillo. ¿Tendrá una cuarta oportunidad? Ya veremos. En política todo puede ocurrir, sobre todo en la peruana.

El haber disputado tres segundas vueltas demuestra que el fujimorismo tiene una fuerza impredecible, con una militancia fiel pero oculta para la opinión pública, tal vez tienen temor de ser sindicados de pertenecer a un partido ligado a la corrupción y a la dictadura de los ‘90.  Como dicen algunos opinólogos, si Keiko Fujimori y su agrupación no han sido capaces de ganarle a Castillo, un candidato con muchas debilidades por donde se le mire, no serán capaces de ganarle a nadie nunca, porque el antifujimorismo cada vez se hace más fuerte. El apellido Fujimori mantiene al Perú fracturado entre quienes ensalzan la figura del expresidente, al destacar que salvó al país del terrorismo y del colapso económico; y quienes aducen que fue un tirano que incurrió en graves violaciones a los derechos humanos y tomó el control absoluto de instituciones claves del Estado, incluyendo las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional. El movimiento antifujimorista es muy fuerte en la actualidad y surgió como respuesta al autogolpe del 5 de abril de 1992, se ha mantenido a lo largo de 30 años y ha tenido un peso relevante en las derrotas consecutivas de Keiko Fujimori. Como era de esperarse, hoy hacen oposición al indulto de Alberto Fujimori en calles y plazas.

El antifujimorismo se consolida

Los adherentes al antifujimorismo “velan por defender la democracia y la dignidad nacional, por el cumplimiento de las leyes y la Constitución; y acusan al fujimorismo de buscar ejercer un poder sin control, sin fiscalización y evadir a la justicia”. La politóloga Eliana Carlín, sostiene que “la particularidad del movimiento radica en la perdurabilidad, con diversas transformaciones durante su trayectoria y en el desarrollo de un nivel mínimo de institucionalidad con el que ha venido operando. Es necesario resaltar la importancia que reviste un movimiento de esta naturaleza ante la crisis de representación y ante la crisis que atraviesa el fujimorismo”. El sociólogo Sinesio López señala que “el fujimorismo tiene un pensamiento reaccionario en la forma de hacer política, utiliza la guerra de baja intensidad. El fujimorismo ha encontrado en esa manera de hacer política un negocio, es la forma de sobrevivir, le rinde dividendos y de esa manera tienen a la izquierda a la defensiva. Esa es la manera que están sobreviviendo en los medios de ultraderecha y en la política, porque en esa guerra de baja intensidad ellos son los salvadores y los otros son los que hay que aplastar”.

El antifujimorismo se ha sostenido en el tiempo porque desde Fuerza Popular no han dado pasos importantes para transparentar y generar credibilidad ante la ciudadanía, ante los reiterados casos de corrupción en que se han visto involucrados altos dirigentes del partido, así como la propia Keiko, quien es investigada por el Equipo Especial Lava Jato, junto a otras 40 personas, acusados de lavado de activos procedentes, entre otros, de la constructora brasileña Odebrecht, para financiar las campañas políticas de Fuerza Popular. La Fiscalía ha pedido 30 años de prisión para la excandidata. Pero no solo es Keiko, la justicia también indaga al excongresista Kenji Fujimori, para quien han pedido 12 años de prisión por los delitos cohecho activo genérico propio y por tráfico de influencias agravado. Él junto a otros exlegisladores buscaron convencer al fallecido Moisés Mamani de no respaldar la vacancia de Kuczynski, a cambio obras públicas. Pero la cosa no queda allí. El esposo de Keiko, Mark Vito Villanella, es investigado por el Equipo Especial de la Fiscalía Supraprovincial Corporativa en Delitos de Corrupción de Funcionarios, por la presunta comisión del delito de lavado de activos. Estas son razones más que suficientes para que el antifujimorismo se mantengan en la palestra, mientras un Fujimori intente llegar al poder mediante elecciones, con el apoyo de la derecha conservadora y los grandes medios de comunicación, el movimiento crecerá más y se fortalecerá para evitar que se consumen esas ambiciones.

(*) Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Primer Vicedecano del Colegio de Periodistas de La Libertad.

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