Sube!

No existen noticias en esta categoría para esta edición

LO QUE ABUNDA EN LA CLASE POLÍTICA: Sobre capaces y capataces

Escribe: Eloy Seclén Neyra (*)
Edición N° 1240

  comentarios   

“Yo no fui preparado para ser presidente de la república, a mí nadie me entrenó”. Si reemplazamos el sustantivo común de esta frase por cualquiera de nuestros roles en la vida, hasta parecería la más honesta declaración de identidad. Y sin embargo, transcurrido un mes desde aquellas primeras entrevistas presidenciales, nos seguimos preguntando a quiénes se cuestiona y a quiénes no.

Apagadas las cámaras de la sección farándula, por ejemplo, hay quienes pueden ejercer como alcaldes pese a arrastrar contundentes denuncias de agresión a sus parejas. Entre el candor y el delirio, un día nos sorprenden con propuestas así: que ningún extranjero debería ejercer actividades de mototaxi, taxi y servicio delivery. El drama de la inseguridad ciudadana de pronto tiene solución desde una propuesta cuyo origen, afirma el mismo funcionario, proviene de la novedosa teoría de la “discriminación positiva”.

Hasta donde recuerdo, uno iba a la universidad a formarse a punta de trabajos de investigación que se respalden en un marco teórico y antecedentes. Textos que sostengan una metodología que, a su vez, sea la base para proponer trabajos de campo cuya finalidad sea obtener evidencia empírica. Solo el rigor científico para obtener información de la realidad permitiría cambiarla, mejorarla. Cuando hacíamos la tesis nos enseñaron que toda decisión de política pública provenía de esa ruta. Esa era nuestra capacitación.

¿Qué evidencia empírica sostiene la relación entre las variables “inseguridad ciudadana” y “dinámicas migratorias”? ¿Qué clase de autores, en pleno siglo XXI, sostendrían una barbaridad como la mentada “discriminación positiva”? Predomina aún el discurso que cuestiona la “capacidad” presidencial cuando tantos, muchos, casi todos, en la política peruana padecen del mismo mal.

¿No resultaba más honesto el presidente Castillo con aquella frase? No nos referimos a la de los chistes, sino a la de la preparación para un cargo público. Alcaldes, ministros, congresistas: muchos permanecen entre el silencio de su ineptitud e iniciativas surgidas de una cuestionable creatividad. ¿Cuándo y cuánto se les cuestionó por su preparación para el cargo?

Subiéndose a la misma moto

En la misma ruta, pronto será ley que dos personas no puedan ir juntas en una moto. “Luchar contra la inseguridad ciudadana”, justifica un congreso que pareciera ignorar la realidad del transporte en muchas de las regiones que precisamente representan. Pero ahí van con la misma lógica: criminalizando desde la generalización. ¿Surgen estas ideas de profesionales capacitados? Estar “capacitado”, entonces, ¿se limita a hacer lo que la inspiración personal sugiere entre sueños de poder?

No tenemos la respuesta, pero sí muchas evidencias. El hijo de un famoso presentador de noticias, por ejemplo, a quien de repente vemos los domingos por la noche en televisión nacional. Ninguno de sus colegas le preguntó si estaba capacitado para el cargo. Tal vez sus irrupciones ante cámara con máscaras de “El juego del calamar” sean alguna innovación que aprendió en la universidad.

¿Qué tan preparados estarían los que iban a los mercados a “denunciar” la subida de precios y eran desmentidos por los mismos trabajadores? ¿O los que ordenaron cubrir las fachadas de bancos con triplays por temor a saqueos? ¿Qué me dicen de aquella líder de opinión que, ante el desastre ambiental, sugirió que “se veía terrible, pero se puede limpiar”?

Liderar no es mandonear

Doscientos años después, el Perú siendo esa hacienda donde el capataz asume que tiene un derecho natural a hacer y deshacer. No necesita estar capacitado, menos justificarse. Muchos deberán obedecer y solo unos cuantos podrán dirigir, heredando los cargos eternamente.

Es nuestra historia y hasta parece que la estuviéramos viendo. Tal vez eso es lo que está ocurriendo. Que asistimos a la desesperación de una élite que históricamente no ha tenido la capacidad para dirigir un país. Liderar no es mandonear. Aquí y allá, la gente mira, se da cuenta. Y después de tanto, es realmente capaz de generar el cambio.

Deja tu Comentario