Terminamos este año con un panorama político bastante complicado por una suma de irresponsabilidades y falta de liderazgo de quienes gobiernan el país. Qué duda cabe que los comicios del 6 de junio pasado engendraron una riesgosa estela de violencia que todavía persiste y es promovida por aquellos que perdieron las elecciones. Tanto el Ejecutivo y el Legislativo tienen una gran deuda con el pueblo peruano, en especial con las poblaciones más vulnerables y olvidadas históricamente por los gobiernos, que demanda inclusión y ser visibles para el Estado.
Este 2021 ha sido, otra vez, un año para el olvido, un año que nos deja un saldo de más hechos negativos que positivos, con un futuro marcado por la incertidumbre y la desesperanza. Este 2021 termina siendo trágico para el Perú en el aspecto político, económico, educativo, de seguridad ciudadana, pues los actores que toman decisiones en los poderes Ejecutivo y Legislativo no están a la altura de las circunstancias, y en lugar de trabajar bajo una misma perspectiva y visión de desarrollo de país, tendiendo puentes de comunicación para superar las diferencias y materializar de forma efectiva los proyectos que coadyuven a este propósito, han optado por el enfrentamiento y por ponerse zancadillas para demostrar su supremacía. Estos dos poderes del Estado actúan con desinteligencia y una evidente falta de madurez política, anteponiendo intereses particulares o de grupos económicos antes que el bien común. Este 2021 deja un Perú maltrecho por la ineptitud e incapacidad de quienes nos gobiernan, que no han sido capaces de deponer sus diferencias ideológicas y políticas, para tratar de encaminar a este país por la senda del progreso que tanto reclaman hombres y mujeres, en especial las clases sociales más olvidadas por los diferentes gobiernos de turno.
Este año que se va el tema político acaparó la atención de la opinión pública; primero, porque se terminaba el gobierno de transición de Francisco Sagasti, culminaba el periodo del mediocre Congreso de un año de gestión, y se produjo la elección del nuevo presidente de la República, Pedro Castillo, en medio de una campaña llena de odio y medias verdades. Lo que pasó en la segunda vuelta para definir al ganador fue deplorable e indignante, pues todos los partidos de la derecha conservadora, grupos empresariales y medios de comunicación que defienden el establishment, se unieron en torno a la candidatura de Keiko Fujimori; mientras que las fuerzas de izquierda (aunque divididas) y escasos medios de prensa, sobre todo de provincias, apoyaron a Castillo. La campaña electoral dividió a los peruanos entre ciudadanos de primera y segunda clase, entre los de piel clara, cabello rubio y poses de pituco -por lo general residentes en Lima, versus los de piel cobriza, aquellos que siempre han sido los relegados y apestados de la sociedad. Los medios concentrados, aquellos que dominan el mercado informativo, jugaron su partido a parte en el desarrollo de la campaña, al tomar posición abiertamente por una de las propuestas políticas en contienda y direccionar groseramente las noticias a su favor, en claro desmedro del opositor, constituyendo un peligro para la sociedad por su poder de manipulación.
En esta contienda el Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, tenía que estar presente -como lo ha hecho en las últimas elecciones- y asumió postura por la derechista Fujimori, pese a que en el pasado siempre se declaró un férreo opositor de su padre. “Keiko Fujimori representa la libertad y el progreso; y el señor (Pedro) Castillo representa la dictadura”, dijo en su momento. Los medios de comunicación en general atravesaron (y todavía subsiste) una crisis de orden ético y moral, en gran medida por la insensatez e intolerancia de sus propietarios, que no supieron interiorizar y comprender sobre la importancia que significa administrar estas empresas, de la enorme responsabilidad que tienen entre manos con el público. El proceso electoral evidenció la podredumbre en que cayó el denominado “cuarto poder”, ya que la poca credibilidad y confianza que aún tenían sus audiencias en los medios fue tirada por la borda, por la ambición de los grupos económicos que siempre han manejado el país a su antojo y por defender el modelo económico que tantos réditos les ha dado; pero que ha quedado desfasado en tiempo y espacio.
La misma tesis de siempre
La segunda vuelta electoral nos dejó una peligrosa estela de violencia, producto de una campaña intestina, con ensañamiento entre los militantes de las agrupaciones políticas que disputaron la Presidencia de la República. Hoy, pese al tiempo transcurrido, esas heridas abiertas aún no pueden ser cerradas por posiciones extremistas, que no comprenden el enorme daño que pueden acarrear sus exabruptos. Después del 6 de junio, cuando las autoridades electorales y las encuestadoras daban como ganador a Castillo, la situación se tornó muy peligrosa, las agresiones físicas y verbales fueron pan de cada día, y se profundizó cuando los abogados de Fujimori iniciaron una cruzada legal para tratar de demostrar que Castillo había ganado el proceso en base a un supuesto fraude, el cual nunca se llegó a comprobar. Actualmente esos sentimientos no han desaparecido por quienes creen que les robaron la elección. El psicoterapeuta, Jorge Lazo Manrique, sostuvo que el fanatismo y el mal manejo de las emociones se sumaron a la polarización en la segunda vuelta, potenciando la crispación y los altos niveles de violencia e intolerancia.
Tras la juramentación de Castillo como presidente de la República, había la esperanza de que la incertidumbre política decaiga y todo vuelva a la normalidad. Pero no fue así, por el contrario esta se acrecentó por desatinos y torpezas propias del mandatario en sus primeras acciones de gobierno, como el hecho de no querer despachar desde palacio o el cuestionado nombramiento de los ministros de sus primeros gabinetes, varios de ellos con un pasado borrascoso y con vinculaciones a grupos terroristas. Estos yerros le costaron al dignatario muchos puntos en contra: su credibilidad y su palabra empeñada quedaron por los suelos; el principio de autoridad de su administración fue puesto en tela de juicio, y su consabida frase de campaña: “palabra de maestro” fue estropeada por sus impericias y falta de criterio político. Todo este cúmulo de despropósitos no han hecho más que echar más leña al fuego al panorama de escepticismo y de tensión que se vive hoy en día, lo cual ha incidido en la economía del país, porque cada metida de pata de Castillo (con declaraciones polémicas y fuera de lugar) ha significado que la cotización del dólar se dispare y los precios de los productos alimenticios y otros suban sin control alguno.
Pero no solo ello, los conflictos sociales que se han producido en las últimas semanas, principalmente en el sector minero, con ataques a campamentos y daños a vehículos e infraestructura, no han tenido el manejo adecuado desde el Ejecutivo, el presidente no ha tenido capacidad de reacción frente a estos estallidos o ha preferido el silencio, como si ello fuera la panacea a los problemas que hay en su gobierno. Pareciera que el país camina en automático, no hay piloto que lo conduzca, pues si bien Castillo físicamente está en el poder, pero su mente anda en otro lado y a otro ritmo del que requiere un gobernante.
Congreso en deuda
Ahora veamos el otro lado de la moneda. Tiene que ver con el desempeño del Congreso de la República, que en cinco meses de gestión es muy poco lo que tiene que mostrar como resultados satisfactorios. Por el contrario, sus integrantes, empezando por su presidenta María del Carmen Alva, no están a la altura de lo que demanda la ciudadanía, de allí el bajísimo índice de aprobación que registra (según la última encuesta del IEP, el 78% de peruanos desaprueba su labor). Se pensó que los nuevos rostros elegidos en los comicios del 11 de abril podrían inyectarle frescura y otra actitud; pero hasta el momento no marcan la diferencia y se parece mucho al Legislativo obstruccionista y poco dialogante del 2016. Gran parte de su tiempo lo han perdido en encontrar a los responsables del presunto fraude electoral del 6 de junio, a tal punto que las bancadas de derecha han formado una comisión para investigar este asunto jalado de los cabellos. La herida causada por la derrota infringida en las ánforas todavía no cierra para estos grupos políticos. Su tiempo también lo han malgastado en hallar los motivos para presentar la solicitud de vacancia presidencial, que al final no prosperó porque no reunieron los 52 votos que se requerían para pasar al pleno.
El Parlamento por ahora no sintoniza con las demandas ciudadanas y está pensando más en traerse abajo la reforma universitaria e interrumpir el trabajo desplegado con éxito por la Sunedu, que en legislar a favor de las grandes mayorías. También pretender elegir a los miembros del Tribunal Constitucional de acuerdo a sus conveniencias políticas y personales. Y seguramente volverán a la carga con una nueva solicitud de vacancia presidencial. Eso a no dudarlo. Para cerrar este círculo poco virtuoso del Congreso, una comisión encabezada por su titular viajó a España recientemente para pedir a los diputados del Parlamento emitan un pronunciamiento, “señalando que el Perú ha sido capturado por el comunismo y que Castillo es un presidente que no tiene legitimidad”. Nunca antes se había visto que un presidente del Congreso en visita oficial desprestigie a un gobierno en el extranjero.
Este 2021 también hubo gran expectativa respecto a la reactivación de la economía, tan golpeada desde el 2020 por la pandemia del coronavirus. Se abrigó esperanzas que con el nuevo régimen este proceso tendría un mayor impulso desde los distintos ministerios; pero estamos casi por finalizar el año y este objetivo al parecer quedará solo en buenas intenciones, porque la tasa de desempleo en promedio sigue en más del 10%, según el INEI. El impacto de la pandemia sobre la economía peruana ha sido dramático, con una contracción del PBI de 11% en 2020, según el BCR, la mayor en los últimos 30 años. Con estas cifras tan demoledoras se hacía urgente que el Estado sea más eficiente y calificado, que se promueva una adecuada gestión pública para brindar más y mejores servicios públicos a la ciudadanía, buscando cerrar las brechas que no han sido cubiertas por los gobiernos anteriores. Pero al no haber una reactivación de la economía de manera sostenida en el tiempo, y con un gobierno débil y timorato, lamentablemente la informalidad seguirá imperando en el país, con todos los agravantes que ello conlleva. Esta problemática no atendida, además, es un caldo de cultivo para que la delincuencia incremente.
Las regiones no se salvan
Por otro lado, la corrupción en los gobiernos regionales ha llegado a niveles alarmantes. Este año varios gobernadores han sido detenidos por liderar organizaciones criminales y usar sus cargos para cometer delitos en contra del Estado. A la fecha un total de 18 gobernadores y 52 funcionarios se encuentran investigados por los delitos de colusión, peculado y cohecho, y el sistema de justicia ha enviado a la cárcel de manera preventiva a algunos: Juan Morillo Ulloa (Áncash), Anselmo Lozano, con arresto domiciliario (Lambayeque), Elmer Cáceres Llica (Arequipa) y Agustín Luque Chaya (Puno). Hace poco fue intervenido Francisco Pezo Torres (Ucayali), Florentino Dios Benites (Tumbes) es buscado por tener una sentencia a 4 años de cárcel. Durante la emergencia sanitaria los actos de corrupción se duplicaron en la mayoría de gobiernos regionales. Esto debido a que el Ejecutivo autorizoÌ las contrataciones directas para agilizar la ejecución de obras públicas o las adquisiciones de bienes y servicios necesarios para responder al avance de la Covid-19. Empero, la situación fue aprovechada por las autoridades y su entorno más cercano para beneficiarse ilegalmente de los recursos públicos.
El sector Educación tampoco se ha salvado de la corrupción este 2021. El caso más sonado ha sido la supuesta filtración y venta de la prueba escrita del concurso para el ingreso a la Carrera Pública Magisterial, realizado en noviembre pasado. El pleno del Congreso de la República aprobó, por mayoría, anular el examen, mientras que el Colegio de Profesores y el Sutep demandan se convoque a otro y exigen la renuncia del ministro de Educación, Carlos Gallardo. Mientras todo esto sucede en las narices del presidente Castillo, él no sale a pronunciarse de manera enérgica y deja que el tiempo haga olvidar este escándalo. En cuanto al tema de Salud, si bien por ahora la pandemia pareciera estar bajo control, el Minsa ha anunciado la presencia de la variante ómicron en el país, por ello la población tiene que seguir extremando las medidas de seguridad sanitaria para evitar una tercera ola que podría hacer colapsar al sistema de salud.
El mensaje
Así termina este 2021, con la esperanza de que el año venidero sea más auspicioso y con un escenario más favorable para las inversiones, que la clase política actúe con madurez y responsabilidad pensando en el bien común de 33 millones de peruanos, que dejen de lado sus diferencias, los cálculos políticos y sus mezquindades, y se pongan a trabajar en serio. Miren lo que ha pasado en las elecciones presidenciales de Chile, donde el candidato perdedor, el derechista Antonio Kast, inmediatamente reconoció la victoria del izquierdista Gabriel Boric, dijo que primero estaba el país. Si bien en la campaña se dijeron de todo, pero al final antepusieron cualquier tipo de interés particular. Eso hace el líder de cualquier partido político, que actúa con madurez y sabiduría, cosa que no sucede en Perú con nuestra clase política llena de odio y rencores. Además, el presidente Pedro Castillo tiene que asumir con mayor seriedad y solvencia el encargo que el pueblo le dio en las urnas, tiene que cambiar el chip y la forma de gobernar para lograr la estabilidad política y económica que tanto exige el país, y que tanto daño ha provocado hasta hoy. Y que el Congreso haga los méritos suficientes para que se gane el respeto de sus electores, aprobando leyes productivas, trascendentes y sustanciales para mejorar la vida de los peruanos.
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(*) Licenciado en Ciencias de la Comunicación.
respuesta de Isolina Vidarte Sierra el 2020-07-06.
Merecido homensje a tan insigne educadora, ejemplo de amor a su profesión , digna nadre esposa y excelente ciudadana y maestra. Gloria a la excelsa señora Rebeca Sarmiento de Baca Rossi
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