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PERÚ 2022: Una posibilidad de enrumbarnos

Escribe: Limberg Chero Senmache (*)
Edición N° 1235

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El Perú mantiene un ritmo de vacunación destacable en la región. Más de 45 millones de dosis de vacunas contra la COVID 19 aplicadas hablan de una estructura que funciona y puede responder a la demanda ciudadana. No obstante, nuestra estructura pública no depende sólo de la eficiencia de los buenos y notables servidores públicos, que los hay. Si no que depende, como toda organización, del impulso y liderazgo que quien los dirija.

Ese liderazgo establece no sólo las condiciones para el ejercicio de la rectoría de los sectores y la labor del Estado, sino que el hecho mismo de hacerlo y comunicarlo eficazmente brinda predictibilidad a todo aquellos que operan en el país, por ejemplo, a los empresarios de grandes o pequeños capitales les dice las condiciones en las cuales se puede generar oportunidades, embarcarse en nuevos emprendimientos o reinvertir sus ganancias para hacer crecer más el negocio; del mismo modo, por ejemplo, a los trabajadores y a los estudiantes les brinda información valiosa sobre si podrán conseguir mejores condiciones para desarrollar sus actividades o especializarse en temas que les brinde mejores oportunidades.

La predictibilidad es una de las claves para que un país funcione cada vez mejor. Y es una atribución y hasta responsabilidad del Presidente brindarla. No es una cuestión técnica ni que requiera análisis. Está más bien el ámbito de la forma y la percepción de quien recibe el mensaje. No tiene que ver sólo con la entonación, ni con la facilidad de palabra, más bien influye la seguridad que transmita al pronunciarlo, lo que dicen sus gestos y acciones y hasta el color de su vestimenta. Obviamente, no basta solo el discurso, esto se tiene que complementar en un segundo momento con el papel, con el texto… como por ejemplo, el plan de gobierno, la política general de gobierno o las líneas enfatizadas del plan estratégico de desarrollo nacional. Si existieran incongruencias percibibles entre lo que se dice, lo que se lee, o se hace, más que predictibilidad de las acciones del Gobierno, tendremos un escenario que abre paso a la incertidumbre. Este paso a lo incierto parece haber sacudido al actual régimen y como muestra, podemos ver lo insuficientes que han sido las escasas apariciones públicas del Mandatario y la incongruencia entre los documentos estratégicos y las prioridades manifiestas en su plan de gobierno y en las prerrogativas de algunos de sus ministros.

Por otro lado, se sabe que la predictibilidad del Perú también está influida por el escenario internacional. El escenario de pandemia y las restricciones económicas presionaron hacia arriba los insumos (gasolina, maíz, soja, entre otros) y lo seguirán haciendo en 2022. Pero no todas las noticias desde el extranjero fueron malas, el Perú es un exportador de cobre y este mineral sigue y sigue subiendo de precio internacionalmente y este escenario podría repetirse en 2022 si la variante Omicrón no para a las grandes fábricas de Asia y América, como amenaza hacerlo.

Incertidumbre

En este contexto, el Perú tiene retos importantes en 2022. Los principales relacionados a la salud y al empleo de las mayorías, temas que no se pueden soslayar o dejar de atender.

Para poder responder, el Estado necesita gastar bien su presupuesto, en eficiencia, eficacia y con transparencia. Para obtener el presupuesto necesita recaudar fondos, y estos provienen de las empresas formales que pagan impuestos (sector privado). Si no hay más empresas formales, no habrá ningún fondo extra para hacer algo más.

La inversión privada (Las empresas y sus proyectos) son los motores de la economía. Representan 3 o 4 veces el monto de la inversión pública. A más empresas, mayores posibilidades de recaudar, de contar con empleos para quienes buscan trabajo y menos familias pasando angustias.

Las proyecciones de crecimiento para 2022 no son alentadoras. Se habla de un crecimiento de entre 2 y 3%, lo que significa que la economía producirá un poco más que en 2021, pero que no será suficiente para tener empleos para todos los que lo busquen. Esta situación, unida a la crisis trasladada de la economía internacional, podría desencadenar en 2022 una crispación social alta que resultaría difícil de manejar sin un estructurado mensaje que esté respaldado en acciones congruentes de la gestión.

Solución

Aún se puede revertir la situación. Si bien el panorama sombrío de finales de 2021 condiciona buena parte de 2022, no lo condiciona del todo ya que el segundo semestre de 2022 podría ser mejor producto de un escenario en el cual, a pesar de que se avizora una crisis producto de la economía internacional, se tengan mensajes claros respecto de la gestión del país. Estos mensajes podrían agregar predictibilidad al entorno y por lo tanto, condiciones más favorables para emprender (y con ello generar empleo).

Algunas medidas que podrían ayudar en ese aspecto serían:

Mantener la dinámica de la vacunación. Ya se empezó con la tercera dosis, y es probable que haya alguna dosis de refuerzo adicional en los próximos meses. El personal médico de primera línea viene jugándose esta batalla dos años sin descanso. Ya se debe pensar en una relación más directa con la academia y centros de formación para asumir los retos sanitarios que se vienen.

Mayor comunicación directa entre el Presidente y la población. No se trata de que el Mandatario domine los temas, para eso están los ministros, se trata de que brinde las líneas claras de las prioridades de su gestión, las cuales si bien están escritas, resulta ampliamente conveniente se les brinde el respaldo público.

Aumentar la congruencia entre una voluntad de reactivación de la economía y el trato con los empresarios. No se trata de tener la espada de Damocles de la nueva Constitución presente, ni de decir que se quiere aumentar los impuestos a los que ya pagan, menos en un escenario de pandemia. Se trata de mostrar los esfuerzos del Gobierno en aumentar la base tributaria (formalización, lucha contra la evasión, defraudación y uso de mejores herramientas contra la elusión), en apoyar la generación de empleos de las empresas privadas en ciudades seguras y en condiciones laborales cada vez mejores.

Fortalecer la percepción de meritocracia en el Estado. No se trata de ser amigos de la gestión de turno para ocupar un puesto clave en el actual Gobierno, si no que, como siempre se ha procurado, se elija a los mejores disponibles.

Con la mirada y la comunicación puesta en estos puntos se garantiza una lucha frontal contra la incertidumbre, y, ceteris paribus, podría ser que rinda sus primeros frutos en julio 2022 si se empieza a desplegar desde hoy. No se trata de sostenerse en ideologías para construir o criticar, se trata de enfocarse en esos objetivos que compartimos todos los peruanos y sobre los cuales se puede empezar a trabajar. ¡Vamos Perú!

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(*) Economista.

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