Desde el pasado mes el Club Mundial de Filosofía liderado por Francisco González Cabañas, filósofo argentino, Ana Lacalle de España y Jorge De La Torre filósofo mexicano, junto con otros pensadores de diversas nacionalidades, organizaron el VI Simposio Correntino de Filosofía Política, quienes me convocaron a participar en uno de los paneles para el debate desde diferentes perspectivas, haciéndose efectivo el pasado fin de semana. El panel en el que decidí participar se denominó “Las nociones de ‘pueblo’” donde disertaron también Andrea Valcárcel, Luis Bretoneche, Xavier Palomino y Pietro Montanari.
Preliminarmente, hago presente los valiosos aportes intelectuales de los colegas: Pietro Montanari reflexionó en torno a la generación de las “creencias” como concepción colectiva que se va generando a partir de costumbres muchas de ellas irreflexivas, a veces mal utilizadas por grupos de poder para manipular al pueblo. A su vez, Bretoneche afirmó la diferenciación entre las nociones de “ciudadanía” y “pueblo” teniendo este último diversas acepciones, alguna de estas fue adecuada al pensamiento del gran Augusto Salazar Bondy por parte de la disertación de Xavier Palomino, mientras que, Andrea Valcárcel expuso contextualizadamente desde El Chaco argentino, las ideas del filósofo hindú Amartya Sen en torno al desarrollo de los pueblos, a fin de contribuir a su “despertar” y salir del status quo de “adormecimiento” e ir tras el progreso social. Sin duda, todos muy buenos aportes. Veamos ahora lo que preparé para el panel, y al mismo tiempo, pensé en voz alta en torno a lo que me suscitaron los colegas.
El origen de las nociones de “Pueblo” y sus sentidos
El concepto pueblo del latín pópulus, designaba a los varones romanos jóvenes (de raíz latina: pubes, inicio de la adultez) capaces de ejercer las armas, con facultad de elegir, pero no de ser elegidos, no por falta de criterio sino de experiencia, contrastándose con el término senatus (del latín senex, anciano) quienes podían ser elegidos, con facultad consultiva por su mayor experiencia y hasta cierto límite, con poder de decisión conjunta, lo que se conocía como senado romano, término que ha venido hasta nuestros días como institución política en muchos países republicanos.
Desde esa concepción originaria los sentidos en el uso del término pueblo han variado con el tiempo. El Diccionario de la Real Academia da cinco significaciones: Ciudad o villa, población de menor categoría, conjunto de personas de un lugar, región o país, gente común o humilde y, finalmente, país con gobierno independiente. Comprobamos que, algunas significaciones calzan en una comprensión adecuada como el de conjunto de personas de un lugar, ciudad o país con gobierno independiente, pero otras tienen significación diferenciada de clase. Al parecer, este es el sentido más extendido, y por supuesto el menos adecuado, puesto que todos lo habitantes de un país, sea cual fuere su condición social, sexual, económica, ideológica, racial, étnico, cultural y de fe, nos hermana la humanidad, la dignidad de personas y el derecho ciudadano, que nos reconoce y protege por ley desde dentro del vientre materno hasta último día de nuestras vidas. Recordemos que hoy en día se ha dejado atrás el sentido de ciudadanía como habitante mayor de edad, para valorar -como debe de ser- a toda persona por el sólo hecho de serlo al margen de su edad, características o condición.
Los negativos usos políticos de las nociones de “Pueblo”
Ahondando en la reflexión, recordemos que, en los avatares de la vida política, tanto en nuestro país como en el de otras latitudes, hemos escuchado frases tales como “El pueblo unido jamás será vencido” para la reivindicación social, “El pueblo lo hizo” para atribuir una obra pública al esfuerzo mancomunado de todos, entre otros muchos, todos ellos reivindicativos del reconocimiento de derechos y generadores de vínculos de sólida unidad, son frases que calan en el inconsciente colectivo, y principalmente cuando los políticos de turno en el poder hablan en su nombre suelen decir “El pueblo lo demanda… el pueblo lo exige”, esta última es la frase más manoseada por intereses políticos y mediáticos ideologizados desde diversos frentes para cubrir sus particulares intereses malsanos, y escudarse en un concepto que en términos de beneficios particulares y sectorizados les resulta rentable, pero al que no les hacen caso en sus verdaderas necesidades ni atienden en sus legítimas demandas.
Así tenemos que, para los sectores políticos ideologizados de derecha, el pueblo muchas veces es considerado como gente común, pobre, o incluso -como lo expresó un fallecido político peruano - “ciudadanos de segunda clase” a quienes subordinan o ningunean; mientras que para los sectores políticos ideologizados de izquierda, el pueblo no es otra cosa que su catapulta de ascensión al poder y bajo su nombre asirse permanentemente en él, generando narrativas conflictivas para dar cumplimiento al adagio “divide y vencerás”, ejemplo de ello lo tenemos en la historia reciente europea y latinoamericana.
¿Cuál es el resultado de ambas comprensiones políticas extremadamente ideologizadas?: Polarización extrema dentro de la vida social y política de los países, y más de lo mismo, el pueblo que somos la ciudadanía en pleno, soportando los reveses de sus actos de corrupción, mentiras, manipulaciones y sufriendo las decisiones que, lejos de atender las necesidades de todos los ciudadanos afectan en nuestra institucionalidad y en calidad de vida que no es sólo económica, sino integral como merecemos.
¿Qué es el pueblo? ¿Quiénes son el pueblo? El mensaje universal
Amable lector, entonces te preguntarás: “A las finales ¿qué es el pueblo? ¿quiénes son el pueblo?”, para que nos ayude a responder a estas preguntas te presento a dos grandes pensadores: Para Marco Tulio Cicerón (s. I a.C) el pueblo es la organización de los habitantes de un territorio de acuerdo a leyes para satisfacer sus necesidades naturales y sociales que son su bien; mientras que para Agustín de Hipona (s. V d.C) el pueblo es la agrupación de muchas personas en comunión y conformidad de las realidades que ama. A partir de ellos, podemos decir que el pueblo es la asociación humana debidamente organizada en base el equilibrio entre el derecho y los deberes de cada quien, en beneficio de satisfacción integral de necesidades comunes. En otras palabras, el pueblo es ciudadanía organizada para el bien común, el pueblo lo conformamos todos.
Los políticos, estén o no en el poder, sean de derecha o de izquierda, los legisladores, magistrados judiciales, campesinos, militares, intelectuales, niños, jóvenes, adultos, adultos mayores hombres y mujeres, han de comprender que no son clase, todos somos el pueblo y que debemos ejercer nuestras funciones con honestidad. Los políticos en el poder, de la ideología que fuera y en cualquier tiempo, deben ser los primeros en atender las necesidades del pueblo que somos todos y no generar discrepancias para que “a río revuelto” saquen su ganancia manchada con el ninguneo y el tráfico de las necesidades de los otros. Los que gobiernan deben entender que no gobiernan para perpetuar su ideología, gobiernan para dotar al ciudadano, a la totalidad del pueblo de bienestar y calidad integral de vida, para lo cual ellos mismos deben subordinarse a las leyes y al imperio del buen criterio y la razón.
Finalizo recordando que en nuestro contexto la canción, que empieza “Hay un pueblo llamado Chiclayo donde todos parecen hermanos”. Me quedo con este sentido de pueblo, como hermandad humana en ciudadanía participativa, donde todos, gobernantes y gobernados trabajemos conjuntamente, sin dobleces, perfidias e intereses de grupo, vale la pena intentarlo ¿por qué no?
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(*) Filósofo y docente investigador.
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