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CIEN DÍAS DE CASTILLO Y LA DERECHA: Inestabilidad política y económica marcan la pauta del gobierno

Escribe: Juan Vejarano Vergara (*)
Edición N° 1229

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El presidente de la República llega bastante magullado a esta parte de su gobierno, por errores propios y por influencias perniciosas del líder de Perú Libre. Los partidos de derecha y colectivos violentistas persisten en la vacancia de Pedro Castillo, por considerar que no tiene la capacidad para sacar adelante el país. Su slogan de campaña “palabra de maestro” a estas alturas está bastante devaluada y lo que urge es valorar y posicionar la figura presidencial.

Cuando un presidente de la República inicia una nueva gestión, siempre tiene un periodo de gracia de cien días para instalarse y poner en marcha un plan mínimo de trabajo, y de esa manera proyectar el rumbo del país para los próximos cinco años. Pasó con Toledo, García, Humala, Kuczynski, y ahora le ha correspondido al actual, Pedro Castillo. Este era el escenario perfecto para que el mandatario aplique las medidas correctas e indispensables para generar estabilidad y equilibrio en todo orden de cosas, considerando el convulsionado ambiente político heredado producto de las denuncias de un presunto fraude electoral que le endilgó su contrincante, Keiko Fujimori, y representantes de partidos de la derecha extrema, quienes además promovían marchas para soliviantar los ánimos y gestar las condiciones para un golpe de estado. En esta etapa el gobierno debió trazar las líneas maestras para impulsar la reactivación económica en el mediano y largo plazo, estimando la fuerte caída que había sufrido este sector debido a la pandemia del coronavirus.

En estos cien días el gobierno de Castillo debió conceptuar un Estado organizado al servicio del ciudadano, que fomente el diálogo alturado para mantener la paz interna y solucionar los conflictos existentes (y los que estaban en formación); además de implementar las propuestas específicas que hizo en campaña y que eran factibles de realizar, como promover una mayor inclusión social, disminuir las brechas de desigualdad y pobreza, y gestar la igualdad de oportunidades, sobre todo en los estratos más desprotegidos de la población. En este corto ciclo el presidente tuvo que haber demostrado -a opositores y oficialistas- su liderazgo, carisma y principio de autoridad para encarar los duros retos que enfrentaría su administración, que asumió con marcada expectativa el 28 de julio, pues sabía que el derrotero sería bastante difícil y requeriría de mucha personalidad y carácter, para sobrellevar los problemas producto de la emergencia sanitaria y la crisis política desatada luego de la segunda vuelta del 6 de junio pasado.

Está en deuda

Pero nada de ello ha ocurrido en este lapso, o en el mejor de los casos es muy poco lo que se ha hecho para alcanzar los objetivos que el dignatario expuso en su discurso de asunción de mando ante el Congreso. Lo que dejan estos cien días es la sensación de un aparente desgobierno o un gobierno errático que no encuentra la brújula para enrumbar su camino, hay ausencia de un liderazgo fuerte y sostenido por parte de Pedro Castillo para tomar el control de esta nave, que pareciera se va a descarrilar y el único que no se entera de esta desgracia es el propio presidente (ojalá que este temor sea rebatido con evidencias). Hay una severa incertidumbre por lo que pasará mañana, el futuro es impredecible por el sombrío panorama político y económico que vivimos, todos buscan llevar agua para sus molinos (en especial los partidos de derecha afines al fujimorismo), pero no se dan cuenta que si seguimos en esta senda de inseguridades y entredichos, que seguramente a muchos les conviene, lo más probable es que la nave se estrelle y deje miles de heridos y muertos. Castillo mira desde la platea este escenario nada alentador, pero no se atreve a tomar el toro por las astas para tratar de enmendar errores y encaminar al Perú por la senda del desarrollo.

Desde el inicio de su régimen, Castillo ha tenido muchos desaciertos que han generado una sensación de anarquía e improvisación. Sucedió con su primer gabinete, impuesto por el líder de Perú Libre, Vladimir Cerrón, al nombrar como titular de la PCM al cuestionado Guido Bellido, y a ministros con pasados turbulentos, que en lugar de generar confianza y dar tranquilidad a nivel interno y externo, lo único que provocaron fue más inestabilidad y que la economía se vea afectada (disparada del precio del dólar). El propio gobierno se ha disparado a los pies (y lo sigue haciendo) sin medir las consecuencias de sus actos, como el haber designado en puestos claves del Estado a personas que no reúnen las calificaciones profesionales y morales. Pese a los esfuerzos que hace la premier Mirtha Vásquez para tratar de cambiar el rostro de este mellado Ejecutivo, desde otros flancos -ejemplo, bancada oficialista de Perú Libre- torpedean cualquier acción para seguir debilitando la figura presidencial, y por ende al Gabinete.

El filósofo italiano Nicolás Maquiavelo decía que “La sabiduría es una cualidad que todo dirigente siempre debe poseer, pues sin ella estará abocado al fracaso de una forma totalmente inevitable”. Y si Castillo no es capaz de darse cuenta que sus errores están llevando al fracaso a su gobierno, y por ende afectando a todo un país, terminará en la más absoluta decepción, siendo un fiasco para los peruanos. Aún está a tiempo de cambiar el rumbo de la historia, pero para ello tiene que rodearse de profesionales idóneos, capaces, con una moral intachable, que lo ayuden a gobernar y terminar su gestión de la mejor manera, respetando los cánones democráticos que tanto nos ha costado recuperar.

Derecha radicalista

Si bien el presidente Pedro Castillo es el primer responsable para evitar que la crisis política se siga profundizando y dividiendo a los peruanos -por ser la máxima autoridad del país-, hay un actor importante al que no debemos de perder de vista y que ganó protagonismo tras la derrota de su máxima representante, Keiko Fujimori. Se trata de los partidos políticos de la derecha y de la derecha extrema (Renovación Popular, Fuerza Popular, Avanza País y Acción Popular), los cuales se unieron en torno al argumento del presunto fraude en las urnas, para deslegitimar la victoria de Castillo. A ellos se han sumado exmiembros de las Fuerzas Armadas, que junto a violentos colectivos fujimoristas como La Resistencia, La Insurgencia y Los Combatientes, convocan a marchas y plantones exigiendo la vacancia de Castillo, al que tildan de “terrorista” y “comunista”. Bajo esas adjetivaciones al mandatario, estos grupos han mostrado todo su radicalismo, sus poses antidemocráticas (pese a que quieren aparecer como democráticos), su férrea defensa al modelo económico neoliberal y a la Constitución de 1993, cuando saben que esa carta magna ha perdido vigencia en varios de sus capítulos, como el Económico.

En el fondo lo que buscan estos partidos y colectivos extremistas es la defensa a ultranza del modelo vigente establecido en la Constitución, no quieren perder el statu quo ni sus gollerías que ostentan hace más de 30 años. El investigador Luis Pásara sostiene que el problema de este sector de derecha que clamó por el fraude, muestra una gran ambición de poder; pero no tienen propuestas y eso es muy serio. “Da la impresión que lo que quieren es el no-cambio, es decir que todo siga como ha venido estando en el país, tradicionalmente”. (La República 31-10-2021). Se reconoce que el modelo económico iniciado en la década del 90 tuvo un extenso periodo de crecimiento, coadyuvó a la reducción de la pobreza extrema, aumentó los ingresos de las familias; pero el lado negativo ha sido la inequitativa redistribución de la riqueza, concentrada en pocas manos, y la poca capacidad de gasto. La pandemia se encargó de sacar a la luz todas las falencias de este prototipo, que hoy urge de cambios constitucionales puntuales para atender las necesidades más urgentes de sectores estratégicos, y como Estado llegar a los sectores más vulnerables a lo largo del territorio nacional.

Subsanar errores

Las elecciones terminaron hace más de cuatro meses, se proclamó a un presidente; pero para los partidos de derecha creen que la campaña continúa, y no cesarán hasta lograr la vacancia de Pedro Castillo. Para ello, desde el Congreso los voceros de las bancadas derechistas con sus declaraciones sectarias cada día juegan sus cartas, instigan a la población para ir en el camino de la vacancia, cuando saben que este paso será perjudicial para la democracia y solo provocará más incertidumbre. Por su parte el presidente tiene que hilar muy fino si quiere terminar su mandato, considerando que no tiene mayoría en el parlamento, ya que la bancada de Perú Libre se quebró tras el voto de confianza a la premier Vásquez. Castillo tiene que hacer un mea culpa de lo hecho o dejado de hacer hasta el momento, subsanar los graves errores cometidos y no permitir injerencias de ningún tipo. Su slogan de campaña “palabra de maestro” a estas alturas está bastante devaluada y lo que urge es valorar y posicionar la figura presidencial. Maquiavelo señalaba que “la política y la moral rara vez van de la mano, pues si el político desea triunfar en el futuro sabe muy bien que la hipocresía y la doble moral siempre serán sus armas más efectivas”. Y esto lo entiende muy bien nuestra clase política.

(*) Licenciado en Ciencias de la Comunicación.

 respuesta de 479131 el 2024-06-07.

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