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LUIS GASCO ARROBAS: "LA INFORMALIDAD LE HACE MUCHO DAí‘O AL SECTOR ARROCERO"

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 994

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Luis Gasco Arrobas, exitoso empresario del arroz y del transporte de carga, es uno de los principales ejemplos de que cuando se trabaja disciplinalmente y se tiene un buen guía, es posible convertir a las empresas familiares en grandes compañías.  

 

Chiclayano de nacimiento y de ascendencia cajamarquina, Luis Gasco heredó de su padre el nombre y también el ímpetu por el trabajo y el espíritu de superación constante.

 “Al principio teníamos la cadena del arroz en su totalidad, pero luego decidimos centrarnos en el acopio y la distribución. Hace años, era el gobierno el único comprador del arroz y fue una época buena para el distribuidor, pero desde ese entonces se cometían varios abusos con los productores; luego ya con el libre mercado las cosas cambiaron y tuvimos que adaptarnos a la competencia, por ello, varios empresarios de aquel entonces ya no están”, señala Gasco Arrobas.

 

Reseña que todos los actuales empresarios en la industria del arroz son emprendedores; es decir, no heredaron su empresa sino que la forjaron desde el inicio, aprendiendo a sortear los obstáculos, los retos que significa el libre mercado y, sobre todo, otros factores como el clima, las plagas y el descuido hacia la agricultura por parte de todos los gobiernos.

 

LA ATOMIZACIÓN Y LA FALTA DE AGUA

Presidente de la Asociación Peruana de Molineros de Arroz – APEMA, por 10 años, Luis Gasco conoce bien la problemática y las fortalezas del sector. Sabe que el grave problema es la atomización de la tierra para cultivo y su peor enemigo el calentamiento global, que ya genera graves consecuencias como la sequía, que amenaza con no permitir la siembra de la campaña de enero.

 

“El agricultor tiene que invertir, preocuparse por tener un producto de calidad y los que seguimos en la cadena debemos ingeniarnos para reducir costos y así no elevar el precio final. El peruano es uno de los mejores arroces de América del Sur, estamos compitiendo con el uruguayo, por ejemplo, que también es de alta calidad. Sin embargo, en el Perú, debido a la atomización de los productores y la falta de asociatividad, no logramos tener una agricultura a gran escala en este rubro y por ello los costos en la primera cadena son altos e impiden ser más competitivos internacionalmente”, reflexiona.

 

A ello se debe sumar el hecho de que en el Perú la mayor producción de arroz se da en la costa. Esto acarrea dos problemas graves, la salinización de la tierra en la que se cultiva este cereal y la falta de agua. En la costa peruana no llueve y Lambayeque básicamente depende de las lluvias de Cajamarca, porque la poca infraestructura de irrigación no almacena la cantidad necesaria para las épocas de estiaje.

 

“Y ahora, el problema se agrava con el alza de los precios en todos los eslabones de la producción. El arroz es un producto demasiado sensible a cualquier factor, basta que el clima cambie un poco para que el cultivo sufra una baja en la productividad”, explica el empresario.

 

EL CEREAL MÁS CONSUMIDO

Y es que la escasez del arroz no solo afecta a los productores y distribuidores, sino también afecta al 90 % de hogares, pues este se ha convertido en el principal alimento en las mesas, más aún en el norte. Según las últimas cifras, en promedio un peruano consume 55 kilos al año, por ello, es que a su alrededor ha surgido esta importante industria que genera muchos puestos de trabajo en todas sus etapas.

“El problema en el arroz, además de la falta de agua, es que la informalidad es alta y esta le hace mucho daño al sector. En innumerables reuniones con funcionarios de los diversos gobiernos que han ido pasando hemos tratado esta problemática y se les ha pedido el cambio de estructura; sin embargo, no se ha hecho nada y seguimos con un agricultor empobrecido”, sostiene.

 

Señala que por varios factores el agricultor ha ido perdiendo independencia económica. Estos, en su gran mayoría alquilan la tierra por cada campaña, prestan dinero para la siembra y cosecha, y al final la ganancia, si es una buena campaña, se distribuye entre el propietario de la tierra y el banco. Esta cadena es la que más daño está causando al arrocero, realidad que – dice el empresario – no cambiará en el mediano plazo.

 

“Los distintos gobiernos han tratado de ayudar a los agricultores a través de Agrobanco. Sin embargo, es una opción que no ayuda porque los intereses que ofrecen son muy altos, normalmente el interés por cada crédito es más alto en comparación al de las cajas financieras”, asegura Luis Gasco.

 

El otro esfuerzo de los diversos gobiernos son los productos alternativos, se intentó sembrar palta o quinua como parte del programa de reconversión de cultivos sin que se haya logrado importantes resultados, debido a la sensibilidad de estos productos y a que el mercado no es tan vasto como lo es en el caso del arroz.

 

HERENCIA EMPRESARIAL

De su padre, don Luis Gasco Bravo, recuerda su arduo trabajo y el inicio del ascenso cuando se convirtió en distribuidor de la cervecería Backus y Johnston en todo el nororiente, por casi 30 años. Eso les permitió acopiar el capital necesario para incursionar en la industria del arroz, en la que ahora no solo acopian y envasan marcas como Valle Norte; sino que han ampliado la cadena y ahora distribuyen sus productos hacia el sur, mercado al que están conquistando con gran éxito.

 

Pero su padre también es sinónimo de política. Dos veces alcalde de José Leonardo Ortiz y una vez congresista de la República, les inculcó a sus hijos también esta pasión, y si bien Marco Gasco le sigue los pasos; Luis prefiere ir con cautela en esta ciencia.

 

“Sí me gusta la política, yo no veo muy lejano hacer política, pero yo quisiera solo aquella política limpia, la que sí contribuye con el crecimiento del país, aquella que se está perdiendo. Por ahora, mi energía está centrada en el rubro empresarial”, sostiene.

 

Gasco Arrobas tiene dos hijas, y está feliz de que la primera tenga muchas posibilidades de seguirle los pasos en la empresa familiar, al igual que varios de sus sobrinos, porque ella estudia Ingeniería Industrial precisamente; mientras que la segunda, todavía está en la etapa escolar.

 

“Ojalá que mis hijas decidan seguir nuestros pasos en la empresa. Sin embargo ese es solo un deseo, ellas son libres para seguir sus propios sueños”, dice finalmente. 

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