En el caserío El Limoncito, al norte del Perú, los pobladores cuyas viviendas y sembríos han sido afectados por las lluvias han emprendido innovadoras medidas para contrarrestar el problema usando, entre otras cosas, el bambú y han logrado hacer frente a los nuevos escenarios ambientales con técnicas ancestrales, apoyo gubernamental y/o asistencia del sector privado.
Los bosques de bambú, conocido también como caña de Guayaquil, rodean todo el camino hacia el distrito de La Florida, provincia de San Miguel, en la región Cajamarca, al norte del Perú y a solo tres horas de Chiclayo.
A 10 kilómetros se encuentra el caserío El Limoncito, que de diciembre a mayo soporta lluvias cada vez más intensas y que perjudican a los pobladores dañando sus viviendas y arrasando sus cultivos. En respuesta, ellos han emprendido medidas para contrarrestar el riesgo de estos efectos climatológicos, utilizando nada menos que el abundante bambú del lugar, una especie forestal a la que están dando múltiples usos.
El cambio climático es una problemática que está afectando al planeta, además está cambiando a paso acelerado la actividad de la población de este caserío y causando, entre otros, que la temperatura se incremente cada vez más.
El caserío El Limoncito, es vulnerable al cambio climático, pero don Paco Cueva Galindo (42) agricultor y maestro carpintero de la zona, le ha sacado el máximo provecho al bambú. Y es que lo ha utilizado para adaptarlo a su vivienda luego de ser capacitado por la ONG Cicap que puso en marcha en el 2010 un proyecto de desarrollo sostenible con bambú para beneficiar a los pobladores de este caserío.
El ingeniero Jimmy rubio Núñez, en ese entonces uno de los promotores del proyecto, manifestó que los pobladores primero se mostraban desconfiados de emprender nuevas experiencias con el bambú, sin pensar que iba a mejorar sus modos de vida. “Nosotros mediante fichas íbamos midiendo las capacidades de los agricultores y los productores y donde ellos aplicaban y veían, el cual era ventajoso y beneficioso para ellos y aplicar las técnicas porque así incrementaban su producción”.
Don Paco junto a su familia, relata que es consiente que, más allá de tener una casa moderna, prefiere una que contribuya con el medio ambiente y, también a su economía. “Para nosotros los que estamos ya capacitados en el bambú es todo el bambú, ah otras personas prefieren lo que es otros productos como material noble por decirle así plástico y eso sí es más económico y más ecológico también”.
Y es que el bambú, por sus propiedades no necesita ningún químico en su proceso, aprovecha el agua de las lluvias para su rápido crecimiento, es muy resistente, ecológico y ayuda a reducir los gases de efecto invernadero al producir un 35% más de oxígeno que cualquier otra especie de plantas. Además, al ser utilizado en la construcción, se tendrán viviendas económicas y seguras contra las lluvias y desastres extremos pues su vida útil es de 40 años.
Las técnicas en la carpintería le sirvieron para construir los paneles que utiliza como techo e ir adaptando, poco a poco, cada ambiente de su vivienda con caña de Guayaquil, que lo ha utilizado en las puertas, ventanas y todo tipo de objetos con bambú.
Anteriormente trabajaba con madera, lo que implicaba talar árboles, pero para evitar la deforestación, optó por usar el bambú, una planta que, según explica, ha dado un giro a su vida por los beneficios que obtiene de ella. Empezó realizando artesanías para luego fabricar muebles y ahora él mismo construye módulos de vivienda. “Como que la gente aquí vive dentro del bambú y no lo toma muy en cuenta, pero de otros lugares nos visitan y sí se quedan asombrados de las cosas que estamos haciendo aquí en La Florida”.
El director de Gestión Sostenible del Patrimonio Forestal del Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (Serfor), Luis Llerena Suárez, explica que una casa hecha de bambú es más rápida de construir tras desastres extremos, y beneficiaría a las posibles familias damnificadas por las propiedades que tiene. “Que ha permitido que la gente pueda vivir en un ambiente mucho más seguro, el bambú tiene esa propiedad que es sismo resistente, la propiedades mecánicas son adecuadas para la construcción y pues es un beneficio que tenemos de esta planta”.
Además, en El Limoncito, los tradicionales cultivos como el café están siendo ahora reemplazados por esta planta por sus beneficios ambientales y ecológicos. Según Paco Cueva, antes había 350 hectáreas, pero ahora existe aproximadamente mil hectáreas cultivadas del bambú.
Paco además trabaja con su primo Rafael Cueva, son considerados los “maestros del bambú”, y han instalado un taller de artesanía en El Limoncito cuyos productos se elaboran con caña de guayaquil, que también lo están adaptado a las ventanas y las puertas.
Ambos se han convertido en una fuente de trabajo para varios pobladores de la zona, quienes los ayudan en la artesanía y en la producción de los chusquines, o semillas de bambú.
En La Florida el bambú es utilizado también como defensa ribereña, ya que resiste el embate de agujas torrentosas debido a que sus raíces al crecer vertical y horizontalmente forman una maraña que evita la erosión de los suelos.
La Municipalidad de La Florida se ha sumado también a iniciativas de adaptación al cambio climático, pues en el parque principal las sombrillas son a base de bambú. La comuna se ha comprometido a continuar implementando este lugar de recreación con esta planta que tiene miles de usos.
Los “maestros del bambú”, desconocían de los peligros que trae el cambio climático, por lo que decidieron apostar por el reto de adaptarse y reducir los riesgos por los efectos climatológicos. Esperan que otras personas opten por estas iniciativas y contribuyan en el cuidado del planeta aprovechando los recursos con los que cuentan en sus comunidades.
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