Vulnerabilidad de monumentos arqueológicos es cada vez mayor por falta de conservación y mejoras en el cauce el río La Leche.
Lambayeque perdió en el 2012 la posibilidad de creación de una unidad ejecutora con competencias específicas para la conservación y estudio de la zona arqueológica de Pómac, el centro histórico de mayor diversidad en el departamento, pese a que la Ley de Presupuesto de la República de ese año autorizó la transferencia de los recursos para el funcionamiento de dicho organismo.
En su septuagésima quinta disposición complementaria, la Ley N° 29812, Ley de Presupuesto del Sector Público para el año fiscal 2012, autorizó a PromPerú transferir, mediante Decreto Supremo, los recursos para la creación de la Unidad Ejecutora Santuario Bosque de Pómac en el pliego del Gobierno Regional de Lambayeque.
Las gestiones para que concrete la creación de la unidad se iniciaron en el 2011, siendo el propósito, tal como lo señala la ley, “implementar las decisiones que neutralicen los fenómenos naturales y el rescate arqueológico del santuario, la descolmatación y defensas ribereñas, así como drenajes del río La Leche”, cuya inexistencia afecta seriamente la integridad de los templos-mausoleos que dejó la cultura Sicán en la zona.
Sin embargo, la Oficina de Planificación y Presupuesto del gobierno regional, ocho meses después de promulgada la ley, transfirió el asunto al Ministerio de Cultura, quedando trunca la iniciativa de la unidad ejecutora.
RIESGO PERMANENTE
Lo cierto es que a la fecha sigue siendo urgente la asignación de un presupuesto específico para ser administrado por una entidad exclusiva que permita la conservación de los monumentos arqueológicos de Pómac, parte de ellos destruidos por el Fenómeno El Niño de 1983 y 1998, con pérdidas incalculables para la historia del país.
Debido al serio problema que presenta la saturación del cauce del río La Leche, que atraviesa el espacio arqueológico, más de una huaca ha desaparecido, como sucedió con cuatro edificaciones en el sector Loayza, y otras se mantienen en peligro de correr la misma suerte, como huaca La Merced, El Loro y Las Ventanas, esta última con las aguas discurriendo a sus pies.
“Estamos trabajando en un programa de difusión que se llamará ‘Lo que el río se llevó’, en referencia al río La Leche y todo el daño causado al patrimonio arqueológico por su falta de encausamiento. Es mucho el patrimonio cultural mueble e inmueble el que se ha perdido en el complejo arqueológico del Santuario Histórico Bosque de Pómac, por ello también vamos a mostrar lo que el río no se llevó, es decir lo que hemos logrado salvar, pero además lo que el río se va a llevar, porque así están las cosas”, menciona Carlos Elera Arévalo, director del Museo Nacional Sicán.
El problema de Pómac no solo es la vulnerabilidad por El Niño cada cierto tiempo, sino también la posibilidad de volver a ser invadido como sucedió con los sectores Palería I y II, cuyo desalojo, en enero del 2009, dejó saldos lamentables.
“Se crearon las bases de la unidad ejecutora para los complejos arqueológicos de Pómac, Batán Grande y Cuenca de La Leche, y ahora esperamos que la nueva gestión dé luz verde para que esta se implemente, ya que en la gestión pasada no hubo decisión política. Por suerte no hubo un Fenómeno El Niño catastrófico, sino hubiera habido culpables”, indica.
PROTECCIÓN A MEDIAS
Añade que los trabajos de encausamiento y mejora de defensas ribereñas en el río La Leche, ejecutados a inicios de año como medidas preventivas por el Fenómeno El Niño, no fueron suficientes para proteger los monumentos en permanente vulnerabilidad.
“No porque solo se trata de un paliativo, no es un trabajo sistemático a mediano y largo plazo que permita acciones de descolmatación, de rescate arqueológico, de defensa ribereña con tratamiento paisajístico adecuado, en fin, varios componentes que nos deberían ayudar a proteger el patrimonio”, explica.
Elera Arévalo anota que las unidades ejecutoras para el patrimonio cultural se crean cuando este está en peligro de desaparecer y ese es el caso concreto de Pómac. “Ningún sitio que tiene una unidad ejecutora es tan vulnerable como Pómac, y no es hablar por hablar”, asevera.
BOSQUES Y PIRÁMIDES
Este año, el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo – MINCETUR, lanzó a nivel nacional el producto “Bosques y Pirámides de Lambayeque”, que busca la incorporación del espacio histórico y cultural al paquete turístico local, con la posibilidad de que los visitantes disfruten además de experiencias de cultura viva y tradiciones propias del corredor que parte desde el Museo Nacional Sicán, en Ferreñafe, y llega hasta el Museo de Túcume, en la provincia de Lambayeque.
Según explica el arqueólogo, lo que se quiere es revalorar un espacio natural donde se ha dado ocupación humana a través del tiempo, cuyo centro es el ecosistema del bosque seco ecuatorial, es decir desde el litoral hasta la zona media del valle, que es donde empiezan los contrafuertes andinos, donde se encuentran los bosques de galería junto con sus humedales, y las nacientes de las aguas de los ríos Moyán y Sangana, que dan origen al río La Leche.
Pero la falta de medidas de protección y conservación para los monumentos de Pómac no son los únicos problemas que enfrenta el patrimonio arqueológico de la zona. De hecho, el Museo Nacional Sicán tiene también diversas limitaciones de espacio y, sobre todo, recursos para la catalogación de las colecciones que guarda.
“En el museo hay piezas que no se pueden exhibir por falta de espacio o porque no están restauradas. Por ejemplo, resultado de una excavación que se realizó entre el 2010 y el 2011, en Huaca Las Ventanas, en una sola tumba se encontró aproximadamente 200 vasijas fragmentadas que se tienen que reconstruir. Eso permite tener una idea de cuánto se documenta, porque se encuentran piezas completas como también piezas fragmentadas”, comenta Carlos Elera.
A nivel oficial, el museo tiene cerca de mil 200 piezas registradas como patrimonio cultural mueble, pero todavía hay muchas más en proceso de registro, prioridad que – sostiene - se debe dar en todos los museos con apoyo del Ministerio de Cultura.
“Lo que retrasa este proceso es la falta de equipo. Nosotros necesitamos por lo menos a dos personas más si queremos registrar más piezas, porque no es un proceso sencillo. Ningún museo lambayecano tiene catalogado al 100 % sus colecciones de patrimonio cultural mueble”, menciona.
Hay toda una propuesta de ampliación y mejora del museo y sus servicios, que consiste en la actualización de la museografía, por ejemplo.
“Para eso se creó la Unidad Ejecutora Naymlap – Lambayeque, para asignar a investigadores, técnicos y especialistas de manera equitativa por cada museo, para poder lograr en cada ámbito de influencia de los mismos una excelente gestión del patrimonio cultural y natural junto con sus comunidades a las cuales sirve. Actualmente no es así y eso tiene que cambiar. Esperamos que con la nueva gestión en el Ministerio de Cultura se logre el equilibrio, porque no puede ser que un museo tenga más apoyo frente a otros”, señala Carlos Elera.
El museo que dirige se ha propuesto investigaciones en el la zona de Batán Grande y en el Morro de Eten, pero además un programa integral para la conservación de los monumentos arqueológicos en el Bosque de Pómac.
PROYECTOS ALTOANDINOS
Por otro lado, se están realizando trabajos en la zona altoandina de Ferreñafe para el rescate y preservación de las tradiciones orales de la población de Cañaris e Incahuasi.
“Hace poco hemos tenido una reunión con las autoridades del municipio distrital de Cañaris, donde el alcalde, José Gaspar Lucero, quien forma parte de la Comunidad Campesina de San Juan, está muy interesado en que se revalore el bagaje cultural de un territorio rico en biodiversidad. Para ello se está trabajando una propuesta de identificación de unidades paisajístico – culturales, bajo la valoración lingüística quechua de sus mismo habitantes. En ese sentido se está viendo, a través de la lengua, el inventario de esos componentes y la definición de parajes territoriales, a fin de contar la historia con proyectos de intervención que tiene previsto el museo en la zona”, refiere.
Agrega que esto permitirá que se revalore el quechua lambayecano que es muy diferente al quechua del sur. “Se trata del quechua menos conocido a nivel nacional y hay un colectivo de profesores tanto incahuasinos como cañarenses, donde también participa una antropóloga de la Universidad Complutense de Madrid, que está trabajando muy seriamente en el tema”, refiere.
La idea es publicar un libro, el futuro diccionario del quechua de Lambayeque, además de textos educativos que permitan revalorar el idioma con la enseñanza del mismo a las comunidades de Cañaris, Incahuasi y Salas, así como Huarmaca en Piura y parte de Cajamarca.
“Existía peligro en que se pierda este lenguaje porque el Ministerio de Educación en algún momento quiso estandarizar e imponer el quechua chanca del sur o simplemente castellanizarlo todo. Si queremos que este país salga adelante tenemos que respetar la diversidad de sus lenguas, costumbres y tradiciones”, destaca el arqueólogo.
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