Mejorar la seguridad ciudadana no solo pasa por la asignación de mayor presupuesto, según manifiesta el criminólogo venezolano David Benavides Villarreal, quien da a conocer tres casos donde diferentes actores sociales decidieron firmemente dar una solución al problema sin contar con muchos recursos.
Para David Benavides el trabajo en seguridad ciudadana no resulta tan complicado como se piensa. El criminólogo cree que uno de los problemas radica en la falta de compromiso de la sociedad en su conjunto.
“Recién reclamamos cuando nos tocan en lo personal. El Perú está mal en criminalidad, pero no tanto en comparación a Latinoamérica. En Caracas mueren 200 personas en un fin de semana, sin embargo ese no es un motivo para que el Perú reaccione y haga algo”, afirma.
PERCEPCIÓN
Según un informe de Population Reference Bureau, publicado el año pasado, el Perú registra siete homicidios por cada 100 mil habitantes, ubicándose en el puesto 17 de 20 países evaluados en Latinoamérica.
Los países más violentos en Sudamérica son Venezuela, Brasil y Colombia, con 90, 26 y 25 homicidios cada 100 mil habitantes, respectivamente. Asimismo, según el mismo estudio, después del Perú país, Ecuador, Bolivia y Chile tienen las tasas más bajas con seis, cinco y tres homicidios.
“Una de las cosas importantes que tenemos que entender es que si nosotros no conocemos el fenómeno que vamos a afrontar, no lo podemos hacer de una manera efectiva. Primero hay que hacer un diagnóstico de acuerdo a todos los elementos involucrados como la sociedad, la policía, el serenazgo y las juntas vecinales, quienes tienen una labor fundamental en temas de seguridad ciudadana”, asegura.
Uno de las cosas que David Benavides cree que se debería tomar en cuenta son las encuestas de victimización a diferencia de las estadísticas de criminalidad.
“Casi siempre se dice: ‘El índice de criminalidad está en tanto por ciento’, pero solo toman en cuenta las denuncias y qué pasa con la gente que no”, afirma.
Revela que el porcentaje de personas que no denuncian los crímenes asciende aproximadamente a un 70 %. Por tal motivo, las encuestas resultan más precisas al buscar directamente la información en las víctimas de delitos, permiten ver y reflejar un panorama mucho más cercano a la realidad.
Por otro lado, comenta sobre la creación de una Oficina de Atención a la Víctima tanto en Brasil como en Venezuela. Según señala, estas oficinas se encargan de recibir las denuncias en una primera instancia y canalizarlas de manera efectiva.
“Las personas encargadas de recibir las denuncias tienen una formación específica para atender cada tipo de juicio en especial. No es lo mismo una denuncia por violación a una por arrebato de teléfono”, cuenta.
Asimismo, cuenta que en Brasil se ha designado a mujeres policías para atender las denuncias presentadas por otras mujeres.
“Está demostrado que las mujeres sienten una mayor empatía y comodidad a la hora de denunciar ciertos delitos cuando reciben atención de mujeres”, explica.
CASO CATUCHE
Catuche es uno de los barrios más peligrosos de Caracas, Venezuela, donde existía una gran rivalidad entre dos bandas criminales armadas: Portillo y La Quinta.
“Habían muertes todos los días. Las madres de ambas bandas dijeron: ¡Basta! Se pusieron de acuerdo e hicieron un acuerdo de paz tácito y explícito”, cuenta.
Las madres de los criminales se encargaron que sus hijos depusieran sus armas y los que no lo hicieran serían exiliados del barrio. Según refiere, con solo el esfuerzo y compromiso de las madres de familia se logró desaparecer la violencia en el sector en menos de un año.
“La mujer en la sociedad latinoamericana tiene un rol fundamental y protagonista aunque en el mayor de los casos no se vea así. Ahí vemos que las necesidades sociales nos dan la misma solución. Este ejemplo ha sido estudiado y aplicado en otros sectores de la región”, afirma.
CASO EL HATILLO
El Municipio de El Hatillo, ubicado también en Caracas, tiene su fuerza policial en condiciones precarias, pues para cumplir con estándares internacionales deberían tener al menos 400 efectivos policiales en las calles, cuando en lo real tiene menos de 160.
Además, según cuenta Benavides Villarreal, el gobierno central se negaba a la otorgar dinero al municipio por ser parte de la oposición.
En conjunto con la agencia publicitaria, J. Walter Thompson, la alcaldía inició la restauración de patrullas dañadas para colocarlas en diferentes puntos críticos del distrito. Las patrullas llevaban encendidas las luces de sus sirenas. Sin embargo, no tenían efectivos policiales dentro. Asimismo, se instalaron cámaras de seguridad para observar qué ocurría.
El resultado fue que la supuesta presencia policial incrementó la sensación de seguridad en la población, ante esto la gente empezó a salir más a las calles.
Este caso, para el criminólogo, no tiene como mensaje el poner más policías en las calles, sino que el tener esta problemática abrumadora, no contar con presupuesto o agentes policiales disponibles, no significa un obstáculo para encontrar una solución.
“Si nosotros tenemos el compromiso de algo vamos a encontrar la solución, porque a veces la tenemos ahí al frente, pero tenemos un muro que no nos deja avanzar y resulta que necesitamos otra perspectiva. A veces es dar tres pasos atrás y darnos cuenta que el muro no es tan alto como se creía, que se puede saltar o que simplemente hay una puerta”, afirma.
CASO BOGOTÁ
Entre los años 2001 y 2003, durante la gestión del filósofo Antanas Mockus, surgió en la capital colombiana una idea innovadora para solucionar el problema de inseguridad.
“Antanas Mockus hizo un trabajo excelente, pero no fue un trabajo de un año ni de una sola persona”, indica.
Según cuenta Benavides Villarreal, el alcalde realizó un trabajo en conjunto y estratégico de capacitar fuertemente a la policía y al serenazgo en métodos alternativos de resolución de conflictos, en conciliar y hacer arbitraje.
“En la medida en que la gente resuelve sus problemas en casa, las cosas se resuelven con mayor facilidad y no tienen que llegar a una denuncia formal”, afirma.
Asimismo, comenta que el alemán Friedrich Lösel, ganador en el 2006 del Premio Estocolmo de Criminología; equivalente al Premio Nobel del área y que premia logros sobresalientes en la investigación criminológica, así como por la investigación aplicada para la reducción de la delincuencia y la promoción de los Derechos Humanos; menciona en sus teorías que en la medida que una sociedad tenga lazos estrechos es menos probable que haya delincuencia.
“Si yo cometo un delito estoy defraudando al grupo que pertenezco. Entonces, yo trato de no hacer maldades para que no me vean como alguien detestable”, explica.
El entonces alcalde de Bogotá dispuso la colocación de 150 mimos en 150 esquinas con mucha afluencia de vehículos, donde los conductores solían detenerse en el crucero peatonal y la gente tenía que esquivarlos para lograr cruzar las pistas.
Según cuenta el criminólogo, la dinámica se trataba de, a través del uso de la mímica, ‘amarrar’ los autos infractores y ‘jalarlos’ hacía atrás cuando un conductor obstaculizaba un crucero peatonal.
“Todo el mundo le reclamaba al conductor y este se sentía avergonzado. Entonces, este se echaba hacía atrás y dejaba el pase libre”, cuenta.
Sin embargo, también existían conductores a quienes no le importaba la representación de los mimos y no se inmutaban. Ahí es donde aparecían los policías, quienes estaban escondidos, para ponerles la multa. Además, lo mismo se hizo para el uso del cinturón de seguridad en los autos y el uso del casco en el caso de las motocicletas.
“Era la primera vez que en Colombia se aplaudía la imposición de una multa. Entonces, eso hizo que paulatinamente se fueran reduciendo las infracciones. ¿Se necesitó de una mayor inversión o recursos para hacer esto? De ninguna manera”, afirma.
GESTIÓN EN PERÚ
David Benavides no solo deja en claro que está a favor de una integración entre la policía y la sociedad, sino que esta relación funciona y es necesaria.
“Es necesario que la fuerza policial no se sienta afuera o como un outsider de la comunidad. La Policía también es parte de ella”, asegura.
Por otro lado, comenta que trabajó en un estudio de victimización y percepción de la criminalidad en el distrito de la Punta, Callao, donde se demostró que es el distrito más seguro de todo el Perú. Reconoce que a pesar de tratarse de un distrito pequeño, está dentro de la Provincia Constitucional del Callao, actualmente en estado de emergencia hasta el 31 de julio de 2016.
Asimismo, lamenta que tras el cambio de gestión en el año 2015, el actual alcalde de La Punta, José Miguel Risi Carrascal, haya desconocido el estudio.
“No nos dejemos decaer en la importancia del compromiso de todos en esta tarea, es lo importante. No hay actor social que no tenga que ver con seguridad ciudadana. Hay causas delictivas y no delictivas que inciden en este tema, así que todos tenemos algo que aportar a este tema”, asegura.
Asimismo, el criminólogo afirma que los gobiernos regionales y distritales no usan a totalidad el presupuesto destinado a seguridad ciudadana en los planes de inversión pública.
“Existe el Fondo de Promoción a la Inversión Pública Regional y Local – FONIPREL, en el que las autoridades tienen la opción, aunque debería ser una obligación, de presentar un proyecto y solicitar los recursos para seguridad ciudadana”, confirma.
Finalmente, lamenta que el año pasado se devolvió casi el 90 % de este fondo.
“Las autoridades municipales y regionales no solicitaron el dinero. Imagínense, ¡Qué perdida! No monetaria, sino de inversión social que repercute en el desarrollo”, finaliza.
Deja tu Comentario