Los partidos tradicionales recibieron un claro mensaje después de las elecciones del 10 abril y esto es lo que el exministro Enrique Cornejo Ramírez asegura que quiere para el Partido Aprista Peruano: la reforma. Con un discurso abierto e integrador, siendo severo con quienes cargan acusaciones por corrupción o inconducta partidaria, el también excandidato a la alcaldía de Lima quiere llegar a la secretaría general de la tienda de Haya de la Torre y para ello ya inició el trabajo al interior del país, visitando bases y convocando a sus compañeros.
Expresión dialogó con Cornejo Ramírez durante su reciente visita a Chiclayo para conocer, entre otras cosas, la visión que tiene del aprismo actualmente y la estrategia que piensa poner en marcha para que la agrupación recupere la confianza de los electores, incluso de sus mismos militantes.
Es innegable que después de las elecciones presidenciales el Partido Aprista Peruano quedó golpeado, como también le pasó en las regionales y municipales del 2014, sin ganar un gobierno regional y pocos gobiernos provinciales. Sin embargo, hay líderes a los que pareciera importarles mantener el statu quo, ¿cómo superar esta severa crisis partidaria?
Abriendo el espacio a todos los militantes, sin ninguna distinción, paras que se expresen democrática y libremente. Si esa democracia se produce, mayoritariamente votarán por el cambio, por la no utilización de métodos que nos han llevado a esta situación: imposiciones desde Lima, manejos de los padrones, impedimentos hacia algunos compañeros para que puedan surgir y tener su espacio de liderazgo, en suma, un conjunto de prácticas que no son precisamente las prácticas que el APRA pregona hacia afuera y que, sin embargo, ha tenido en los últimos tiempos.
¿En qué momento se contaminó el APRA?
Esto ya viene de hace unos diez o tal vez 15 años, en que, por tener la aspiración de ser gobierno descuidamos al partido y al descuidar al partido equivocadamente perdimos el brazo fundamental de conexión con el pueblo y entonces viene una gran contradicción. En el 2006 – 2011 hicimos un gran gobierno, por las obras, hemos generado diez mil 500 kilómetros de carretera, un millón de títulos de propiedad, hemos desaparecido el analfabetismo funcional, hemos generalizado la vacunación infantil, combatido la desnutrición, bajado 20 % la pobreza, hemos crecido en 7 % promedio y en plena crisis mundial, el año 2010, crecimos casi 10 %. Hemos generado tres millones de empleos, hemos iniciado la carrera pública magisterial. Solo eso bastaría para decir: ¡Qué bien!. Entonces la pregunta es por qué no se traduce eso en votos de la población.
Porque también hubo lo otro. En el caso de Lambayeque se le destinaron 650 millones de soles para obras de saneamiento y hoy es la novena con este servicio a nivel nacional, pese a que fue la que más dinero recibió, porque muchas de las obras encargadas a alcaldes precisamente apristas o se hicieron mal, o no se abandonaron o están judicializadas.
Es cierto y entonces el APRA tiene que propugnar que la función pública tiene que tener tres características: Primera y subrayada, transparencia; segundo, eficiencia, basta ya de esa idea de que el funcionario público no puede ser tan eficiente como el privado. Debe ser igual o más eficiente porque está usando recursos públicos. Tercero, rapidez. No solamente hay que hacer la obra bien y transparentemente, hay que hacerla para hoy, no para pasado mañana. Esa combinación de tres requisitos implica un perfil de funcionario público diferente.
Yo soy el funcionario público que más dinero ha manejado, en el último gobierno aprista manejé un presupuesto de prácticamente seis mil millones de dólares y no tengo ningún tema de discusión o investigación ni nada que me quite el sueño.
La función pública requiere, en primer lugar, decisión política; requiere, en segundo lugar, buenos equipos, gente buena que haga el trabajo que debe hacer profesionalmente; tercero, una palabra mágica que se llama seguimiento. Hay bíblicamente una frase que dice: “El ojo del amo engorda al ganado”, en la política eso es fundamental. Yo como ministro de Vivienda o de Transportes no podía quedarme con lo que me decían mi viceministro o mi director, ni siquiera con lo que decía el ingeniero residente. Yo caía inopinadamente a cualquier hora para mirar las obras y pasado un tiempo tenía un conocimiento tan cercano que podía darme por dónde iba a producirse el problema.
Solo por decir una obra, yo hice en 18 meses la Línea 1 del Tren Eléctrico, y ahí está, bien hecha, moderna, sirviendo a millones de limeños y como un ejemplo para otras obras de esa envergadura.
¿El APRA también ha perdido su vida partidaria? Ahora los candidatos apristas a cualquier cargo se alejan de los locales, buscan sus bunker o sus centros de operaciones y rompen con la organicidad que antes era la principal fuerza del aprismo.
Lamentablemente el APRA se ha contagiado en los últimos años de la mediocridad de algunas organizaciones o agrupaciones políticas, la mediocridad que consiste solamente en esperar una votación. La política no es para una votación, la política es para servir a la gente, para trascender y el APRA tiene que volver a esa línea de conducta, a esa práctica y ser un partido de tiempo completo, no solo un partido electoral que activa apenas algunos meses antes de la votación. Eso es lo que siempre hemos hecho y ahora debemos volver a hacer.
Hay también casos de líderes que aun cuando no ganan las elecciones, lejos de seguir trabajando en la vida partidaria, con las bases o representando a la oposición en los gobiernos regionales y municipales, se van. ¿Tiene esta gente espacio en el nuevo APRA que usted propone?
Los apristas que se fueron desanimados o tal vez imposibilitados de avanzar porque se lo impedían algunos compañeros; los que no han seguido activos pero tienen su corazón aprista; los que se ven desanimados por lo que hoy ocurre, a esos los queremos de vuelta y rápido, esta es su casa. Los apristas que se han ido por corrupción, a esos no los queremos ver ni en pintura, y a los que puedan venir en adelante con una actitud equivocada, que se vayan a otro lado. Nosotros queremos trabajar por el país, suficiente ya con esa responsabilidad.
Para eso tenemos que tener mecanismos de filtros y de autoregulaciones que también vamos a emplear para que la gente se dé cuenta que no tenemos nada que ver con la corrupción.
Ha dicho que le gustaría competir en las internas con Javier Velásquez Quesquén. ¿Qué siente usted al verlo ahora tan cercano al fujimorismo?
La circunstancia en la que nos encontramos, en la que no hay autoridades, porque prácticamente todas han dado un paso al costado, y estamos en esta transición al nuevo congreso en el que se nombrará a las nuevas autoridades, permite que cada quien dé su opinión y la exprese públicamente. Si estuviéramos en condiciones normales esa posición se hubiera llevado a una comisión política, se habría discutido y yo creo que no hubiera tenido aprobación mayoritaria.
La posición de Javier Velásquez es una posición personal, no expresa el sentir del partido, y estando el partido en transición ameritaría que todos nos abstengamos de tomar posiciones políticas, porque eso podría generar confusiones. Esperemos unas semanas.
Se presta a interpretaciones como si estuviera buscando acomodarse…
Sí pues, por eso mismo debemos tener posiciones de fondo, más institucionales. En este caso solo puedo comprender por el hecho de que no estamos en una buena situación momentáneamente.
Quiere ser secretario general del APRA y también ha señalado que no postulará a ningún cargo político si es que no lograr reformar al partido. ¿Cómo está trabajando para llegar a ese objetivo?
En primer lugar candidateando a la secretaría general, porque una cosa es mirar desde el balcón y otra participar en la cancha. Luego, tratando de motivar a todos los compañeros para que me acompañen en este empeño y tratando que en el más corto plazo se puedan ver resultados que impacten emocional y positivamente en todos los compañeros. Espero que eso ocurra, estoy seguro que eso va a ocurrir.
Dice usted que no quiere trabajar con los corruptos o con aquellos sobre los cuales hay sospecha de corrupción. ¿Qué hacer, por ejemplo, en el caso de Lambayeque, donde el secretario general está investigado por este tipo de hechos?
Mi posición es muy clara y creo que es la posición mayoritaria de los compañeros: persona que está en el partido, que tiene indicios de corrupción o investigaciones, mientras esté en esas circunstancias, debe ser separado del partido. Persona que tiene sentencias definitivas o fallos del Poder Judicial debe estar ya no separada, sino fuera del partido.
¿Considera que después del segundo gobierno de Alan García el APRA perdió la oportunidad de reestructurarse, reinventarse para dar paso a sus nuevas generaciones?
El segundo gobierno del APRA fue una oportunidad para reivindicarnos y demostrarle al país que nosotros podíamos hacer una buena gestión económica, y no cometer los errores del primer gobierno, pero descuidamos la parte política y perdimos la oportunidad de fortalecer nuestra cercanía con la gente desde el punto de vista partidario. Ahora tenemos que hacer el doble trabajo.
Ya no tenemos que demostrarle al Perú que podemos hacer un buen gobierno en lo económico, tenemos que demostrarle al Perú que podemos hacer un buen gobierno sin corrupción. Tenemos que activar al partido para que vuelva a ser el partido del pueblo, con agenda propia y con planteamientos de avanzadas.
¿Es prudente que Alan García permanezca en silencio hasta esperar que se concrete el proceso de reforma del partido?
Él está en esa posición, creo que debe mantenerla y seguramente encontrará la manera de seguir aportando al país y al partido sin necesidad de un cargo ejecutivo.
¿Cree que le será difícil a García sacudirse del estigma de la corrupción?
En la larga historia eso quedará aclarado, pero claramente nos hizo mucho daño en la última elección.
¿Hubo méritos suficientes para que se estigmatice al líder del APRA de corrupto?
Hubo hechos de corrupción individualizada que incluso están judicializados, pero el grueso de los temas que se le imputaron, y sobre todo esos cinco minutos con Olivera, hablando mentiras, no nos lo merecíamos y no los merecía Alan García. Por no haber hecho a tiempo el deslinde con la corrupción nos ganamos esos minutos de odio y de rencor que tendrán un tiempo seguramente, pero habrá que sacarnos ese estigmas.
Finalmente, ¿cuál es su receta la curar la herida tan profunda que tiene el APRA hoy en día?
Volver a Haya de la Torre, a la mística, a predicar con el ejemplo, a pensar en la política como un servicio al país. Cuando lo hagamos todo lo demás vendrá como consecuencia positiva para bien del partido y del país.
Deja tu Comentario