Esta semana se cumplen cuatro años del inicio de funcionamiento del Servicio de Áreas Críticas perteneciente al Hospital Regional de Lambayeque – HRL, conformado por la Unidad de Cuidados Intensivos – UCI, la Unidad de Cuidados Intermedios – UCIN, y la UCI Neonatal.
En el 2012, esta área empezó a brindar servicio a los pacientes críticos pertenecientes al Sistema Integral de Salud – SIS, de la macroregion norte, quienes anteriormente tenían que ser trasladados a otros nosocomios. Igualmente, a través de los años, el HRL ha ido perfeccionando sus equipos tecnológicos de terapia intensiva y, según el médico intensivista Luis Ángel Coaguila Cusicanqui, coordinador del servicio, existe una proyección a una UCI por especialidades.
El Hospital Regional de Lambayeque fue inaugurado en julio del 2011 por el expresidente Alan García, sin embargo, no fue hasta fines de ese año que el nosocomio empezó sus funciones. Casi un año después de su inauguración, el médico Luis Ángel Coaguila Cusicanqui fue encargado de la jefatura del Departamento de Emergencia y Áreas Críticas para dar inicio al servicio de emergencia, que hasta mayo de 2012 no se encontraba implementada. Para ese entonces, el nosocomio solo atendía consultas regulares.
Mientras se iniciaba las funciones del servicio de emergencia, en paralelo se trabajaba conjuntamente con enfermería en la habilitación del equipamiento del Servicio de Áreas Críticas de la UCI, UCIN y UCI Neonatal. Esta última empezó funciones el año pasado con tres camas especializadas para recibir a recién nacidos en estado crítico por nacimiento prematuro o algún otro problema suscitado durante el parto.
En términos generales, el Servicio de Áreas Críticas recibe a pacientes que necesitan ser estabilizados previamente en áreas como emergencia, pacientes postoperados o de otros servicios críticos como shock trauma.
“Cuando las especialidades tienen pacientes críticos, nosotros los evaluamos para ver la posibilidad de trasladarlos a nuestro servicio y continúen un tratamiento de terapia intensiva sea en UCI como en UCIN. La UCI Neonatal está al cuidado de pediatría, pero dentro del Servicio de Áreas Críticas”, cuenta Luis Coaguila.
INICIO DEL ÁREA CRÍTICA
El 1 de julio de 2012 se inauguró el servicio de áreas críticas con el inicio de actividades de la UCIN, que inicialmente solo recibiría a pacientes postoperados de cirugía adbominal. En ese entonces, se necesitaba resolver algunas carencias y probar los equipos que estuvieron paralizados durante año y medio, según cuenta Coaguila Cusicanqui.
“El día de la inauguración del servicio de áreas críticas, la UCIN funcionaba más como una UCI, debido a que ya contábamos con los ventiladores armados, bombas, monitores conectados y una central de monitoreo integrada”, afirma.
En un primer momento, la UCIN pensó que, al ser una unidad nueva, podría seleccionar a los pacientes para probar el correcto funcionamiento de sus equipos. No obstante, no pasaron doce horas de inaugurada, la UCIN terminó repleta de pacientes en las cinco camas que inicialmente se dispuso.
“No se llenaron con pacientes postoperados, sino que venían de otros servicios y hospitales como Las Mercedes. Cuando no existía el Servicio de Áreas Críticas, los pacientes de emergencia eran trasladados a la UCI de Las Mercedes. Por ese motivo, urgía la apertura del servicio de áreas críticas”, asegura Luis Coaguila.
En la noche del 1 de julio del 2012, las cinco camas de la UCIN estaban copadas de pacientes críticos con problemas pulmonares, fallas renales y cardiacos como lo manejan normalmente las UCI, que aún no iniciaba labores.
“Nos alarmó bastante porque sentimos que la comunidad necesitaba una UCI más sólida y equipada. Empezamos colocando una cama más y se convocó a otros profesionales no solo para que apoyaran en el funcionamiento de la UCIN, sino para poner en marcha lo que es la UCI en la actualidad”, cuenta Luis Coaguila.
De igual manera, se solicitó a los directivos del HRL la contratación de más personal médico para que la UCI pueda dar inicio a la hospitalización.
“La expectativa de la comunidad no solo era que nosotros brindamos la atención médica, sino que esta sea de calidad. Ellos tiene la expectativa que el HRL es el más moderno de la región y en realidad lo es”, afirma.
En agosto del mismo año, la UCI y la UCIN empezaron paralelamente a realizar sus funciones con seis camas especiales cada una. Sin embargo, algunos pacientes que debían estar, por su condición, en el primer servicio eran atendidos en UCIN, dada la alta demanda.
“Ambas unidades cuentan con la tecnología para brindar el soporte de terapia intensiva, entonces da esa facilidad. De igual manera, se cuenta con personal médico especializado en medicina intensiva y enfermeras especialistas en terapia intensiva tanto en UCI como en UCIN. La atención de calidad que se le da a un paciente crítico es en las mismas condiciones”, asegura Luis Coaguila.
TECNOLOGÍA ACTUAL
Con el paso de los años, la tecnología del servicio de áreas críticas ha ido progresando. Inicialmente, empezaron solo con un equipamiento de soporte de ventilación mecánica, monitoreo hemodinámico, monitoreo neurológico y camas especializadas en terapia intensiva para diferentes tipos de terapia que se realizan.
“Hemos ido perfeccionando algunas cosas más con el tiempo. Hablando de la terapia neurológica, nosotros tenemos un doppler transcraneal, que permite ver flujos a nivel de arterias cerebrales en pacientes neurológicos que tengan patologías neurovasculares quirúrgicas o lesiones traumáticas y, de esta manera, modificar la terapia intensiva y el monitoreo neurológico. En la macroregion norte no hay ningún hospital que tenga ese tipo de monitoreo. El equipo es moderno y nos ayuda bastante en la evolución, tratamiento y pronóstico de nuestros pacientes”, asegura Luis Coaguila.
Asimismo, en un inicio, el Hospital Regional Lambayeque solo contaba con ventiladores marca Elisa para realizar la ventilación médica. Un año y medio después, según señala Luis Coaguila, el HRL adquirió 10 ventiladores modernos y de alta gama de marca Maquet, los cuales facilitan el monitoreo de los pacientes y la ejecución del soporte ventilatorio correspondiente tanto a patologías pulmonares como cardiovasculares y cardiopulmonares.
En la parte hemodinámica, correspondiente al estudio del dinamismo de la sangre en las estructuras sanguíneas, el HRL cuenta con monitores de cardioQ, que permiten evaluar el gasto cardiaco, las resistencias vasculares y otros puntos.
De igual forma, en la parte respiratoria también se cuenta con un broncofibroscopio, el cual permite detectar rápidamente, observando la cabecera de la cama del paciente, cualquier patología que se encuentra dentro de la luz de la tráquea o de los bronquios durante una terapia broncoscópica.
“Brinda gran ayuda, porque podemos visualizar diferentes problemas en las vías respiratorias, sean infecciones, inflamaciones o que pueden producir diferentes tipos de anomalías estructurales en el árbol bronquial”, manifiesta Luis Coaguila.
Tras la detección de estos problemas se puede dar inicio a tratamientos como el lavado broncoalveolar, extracciones de cuerpos extraños, cepillados, cultivos de secreción bronquial y las biopsias que son realizadas por los neumólogos.
La terapia intensiva no es una unidad que trabaja sola y aislada, sino que se fortalece con el apoyo de otros servicios, según indica Coaguila Cusicanqui. El servicio de áreas críticas coordina con diferentes servicios como medicina interna, cardiología, traumatología, hasta psicología y psiquiatría, para una atención personalizada.
“El paciente crítico se merece una atención multidisciplinaria al tener un alto riesgo de mortalidad. Nosotros somos muy consientes de eso y es ahí donde se sostiene nuestro profesionalismo, porque nos dedicamos a salvar la vida de personas y nos esforzamos para que la atención sea de la máxima calidad posible”, asegura Luis Coaguila.
LOS CUIDADOS INTENSIVOS
La UCI monitorea las 24 horas del día a pacientes en estado crítico; muchos de ellos provienen de centros de salud de diferentes ciudades. Esta unidad, al igual que la UCIN, cuenta con un total de ocho camas, de las cuales, seis están siempre en servicio a los pacientes, mientras que dos están en reserva. Ambas unidades, cuentan con dos habitaciones aisladas y una sala común para las cuatro camas restantes.
“Tenemos de reserva dos camas por temas de funcionamiento, reparación y desinfección. Ante la salida de un paciente, se tienen que desinfectar las gavetas, los parantes, los monitores, los cables, el piso, las paredes, el mostrador, el teclado, las sillas y demás. Eso no se logra en una o dos horas, sino en un período hasta de 24 horas”, asegura.
Cuando se realiza una desinfección general, los pacientes son trasladados a otras unidades con todos los equipos necesarios para su supervisión, según indica Luis Coaguila. Asimismo, el tener dos camas de reserva permite que, ante la salida de un paciente, se habilite rápidamente un cupo para uno nuevo, pues la cama usada es reemplazada por una extra previamente desinfectada.
“No se ocupa la cama del saliente, sino otra previamente desinfectada y habilitada con todo. Imagínense tener que desinfectar esa cama, sacar el colchón y todo lo demás. Eso demoraría y no se hace en un par de horas, si no se hace correctamente, es de alto riesgo que el paciente entrante pueda infectarse o contaminarse con la salida del paciente anterior. La camilla usada se desinfecta con tiempo”, afirma Coaguila Cusicanqui.
Finalmente, comenta la existencia de una proyección a futuro para UCI por especialidades. Por ejemplo, se necesita una UCI exclusivamente para postoperados neuroquirúrgicos, cardiados y ginecoobstétricos.
“Podemos hacer una unidad aparte y especializada. Casi el 40 % de nuestros pacientes, y a veces hasta el 50 %, son de patología neurológica o neuroquirúrgica. Por otro lado, no tenemos muchos pacientes con tratamientos de infartos”, afirma.
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