Según la plataforma Vigilancia Electoral 2022, doce agrupaciones políticas nacionales que participan en los comicios del próximo 02 de octubre, tienen en sus listas a postulantes con investigaciones fiscales por presuntos casos de corrupción. Alianza Para el Progreso (APP) es el partido con la mayor cantidad de candidatos investigados: 294, y le sigue Somos Perú con 275. ¿Y los “rigurosos filtros” de los partidos no han funcionado, o los dirigentes se han hecho de la vista gorda y han colocado a personajes de dudosa reputación? La clase política sigue sumida en una crisis de valores, producto de los mal llamados líderes que no dan la talla y están involucrados en escándalos producto de ambiciones por ostentar al poder. Por ello, la madurez y sensatez del elector es trascendental en estos procesos, pues su voto es de suma importancia en estos escenarios tan deprimentes y sombríos.
Estamos a solo 24 días para la realización de los comicios regionales y municipales, donde se elegirán a los nuevos gobernadores regionales y alcaldes de las distintas municipalidades provinciales y distritales del país para los próximos cuatro años. Prácticamente hemos entrado a la recta final de este proceso. Los candidatos vienen desplegando todos sus esfuerzos para llegar con sus propuestas a la mayor cantidad de personas, y para ello no dudan en promover caravanas, caminatas, visitan mercados y cualquier lugar concurrido. Pero los que parecen no estar enchufados con la campaña son los ciudadanos de a pie, esa población mayoritaria que está pensando más en cómo conseguir el sustento diario para sus familias y hacer frente a la crisis económica antes que en las elecciones. Esta apatía al final puede resultar peligrosa, porque si no hay un interés por conocer el pasado y el presente de los postulantes, si éstos tienen cuentas pendientes con la justicia, o si son unos oportunistas que solo esperan el momento para trepar a la esfera del poder político, lo más probable es que el día de este plebiscito endosen su voto al candidato menos adecuado o al menos malo. Y eso es lo que no se quiere, porque ese tipo de escenarios ya lo venimos padeciendo hace mucho tiempo, y hasta hoy no aprendemos la lección.
Ante este panorama amargo es condición sine qua non de los electores indagar, a través de los medios oficiales, sobre la hoja de vida de los candidatos (plataforma del Jurado Nacional de Elecciones), o si algún postulante ha sido objeto de sanción por parte de la Contraloría de la República, mediante su herramienta digital “Tú tienes el control”. Pero también pueden conocer más sobre la trayectoria de los candidatos o sus antecedentes penales por medio de los periódicos o de páginas web serias. Eso sí, no hay que dejarse sorprender por los fake news o noticias falsas que abundan en las redes sociales, en especial en una coyuntura electoral. Entonces sí existen mecanismos para que el ciudadano pueda enterarse si el aspirante a una gobernación o a una municipalidad tiene las manos limpias o si están manchadas por algún signo de corrupción, si tiene alguna denuncia o es investigado por el sistema de justicia, o si está acusado por violencia familiar. Lo que se busca con todo esto es que las futuras autoridades que se instalarán en enero próximo, no tengan cuestionamientos de ningún tipo, que sean personas íntegras y decentes, de tal manera que puedan ejercer su mandato sin sobresaltos. No hay excusas para eludir esta enorme responsabilidad como ciudadanos, pues nuestro voto será vital para el futuro de los territorios donde vivimos, ya que si elegimos solo por simpatías, emociones y sentimentalismos, creo que volveremos a equivocarnos y a lamentarnos el tiempo que dure su mandato.
Cifras preocupantes
De acuerdo con la plataforma Vigilancia Electoral 2022, proyecto de la Fundación Gustavo Mohme Llona, el partido Alianza Para el Progreso (APP) es el grupo político con la mayor cantidad de candidatos investigados por corrupción en estas elecciones regionales y municipales: 294. Esta cifra es proporcional puesto que esta agrupación tiene la mayor cantidad de listas en todo el país (56.9% de presencia, según el JNE). Le sigue Somos Perú, que reporta 275 candidatos con expedientes abiertos (54.3% de listas presentadas en todo el país). El partido Avanza País registra 159 postulantes con expedientes abiertos en distintas etapas, seguido del izquierdista Perú Libre con 113 postulantes investigados, Podemos Perú tiene 101 postulantes con expedientes abiertos, mientras que Acción Popular tiene 100 aspirantes investigados. Le sigue Fuerza Popular con 55 candidatos con expedientes abiertos (11.4%) y Renovación Popular con 85 investigados (22.4%). En el caso de estos dos últimos, la incidencia de postulantes involucrados en presuntos casos de corrupción es menor, porque su presencia en listas en el territorio nacional es baja (La República 28-08-2022). Es decir, los doce partidos nacionales que participan en estos comicios tienen en sus listas a candidatos con investigaciones fiscales por casos de corrupción. ¿Qué pasó con los filtros rigurosos que supuestamente tienen los partidos para evitar que gente prontuariada no sea considerada en sus listas?, ¿O es que la clase política sigue sin aprender de sus errores del pasado y persiste con esta vieja práctica del borrón y cuenta nueva?
Es por todas estas acciones deplorables que los partidos políticos siguen sumidos en una profunda crisis de valores y no hay cuándo levanten cabeza. Los caudillos-propietarios de estas organizaciones no tienen la suficiente calidad moral y ética, ni la voluntad y el compromiso para emprender un cambio radical en la forma de ver y hacer política, con honestidad, transparencia y dignidad, anteponiendo siempre el bien común a intereses mezquinos particulares o de grupo. Los partidos y sus líderes tienen tamaña responsabilidad en la crisis política que atraviesa hoy el país, porque son ellos los que ponen en vidriera a sus candidatos en cada elección, ellos colocan en las listas a sus “mejores cuadros” -seguramente el que pagó más por estar allí-, muchas veces sin pasar por filtros estrictos, obligando a la ciudadanía a escoger entre opciones mediocres y corruptas, y ya vemos cuáles son los resultados una vez que son elegidos y tienen que asumir funciones exigentes en el Estado. Así ha sucedido lamentablemente en los últimos 40 años. Por ello, la madurez y la sensatez del elector es trascendental en estos procesos, pues su voto es de suma importancia en estos escenarios tan deprimentes y sombríos, donde los oportunistas y los aventureros de la política esperan una oportunidad para llegar al poder. Si no queremos tener como autoridades a personajes improvisados e incompetentes, que no reúnen el perfil técnico para ser alcalde o gobernador, aún hay tiempo para analizar las hojas de vida de los aspirantes, cuál ha sido su quehacer político, qué ha hecho por el bien de su comunidad, o si tienen cuentas pendientes con la justicia. Ello ayudará a tomar mejores decisiones.
Liderazgos débiles
La desesperanza y el pesimismo se instala en el colectivo ciudadano cuando se advierte que todos los partidos llevan en sus listas a personajes investigados por corrupción o tienen expedientes abiertos en el sistema de justicia. Y otros, como excongresistas, exalcaldes, exgobernadores y exfuncionarios públicos, que insisten con volver al Estado reciclados por organizaciones políticas que actúan como vientres de alquiler y acogen en sus filas a tantos impresentables (uno de esos grupos que recicla a tanto advenedizo, sin un ideario definido, es APP). Esto no ayuda a fortalecer el sistema de partidos tan golpeado desde la década de los noventa, a impulsar la renovación de cuadros políticos (recambio generacional), y a consolidar liderazgos fuertes y cohesionados, defensores de la democracia y el pluralismo, líderes con visión de futuro capaces de tender puentes para superar coyunturas difíciles. Es fácil colegir que esta clase política decadente no ha madurado lo suficiente como para enfrentar los grandes retos que nos depara un presente marcado por la incertidumbre y la desolación, y con un futuro poco alentador para generar más confianza y esperanza en un país golpeado por la incapacidad de quienes nos gobiernan. Con liderazgos magullados como los de César Acuña de APP, Keiko Fujimori de Fuerza Popular o Rafael López Aliaga de Renovación Popular, con partidos que solo buscan proteger sus intereses y no son capaces de desprendimientos en momentos de escepticismo, la vacancia contra el inefable presidente Pedro Castillo creo cada vez está más lejos.
Gran desafío
Ser elegido alcalde o gobernador es una enorme responsabilidad y compromiso que adquiere el candidato, pues se convierten en las primeras autoridades de un territorio por el cual deben velar siempre. Tienen que ser gestores por excelencia para obtener presupuestos del Estado y ejecutar obras vitales para el desarrollo de sus ciudades. Pero no solo se requiere ser un buen administrador de los recursos públicos, sino que las gestiones sean totalmente diáfanas, que los tentáculos de la corrupción no los atrapen a medio camino y muestren apertura a las entidades de fiscalización, porque solo así su gobierno se transparentará. Es indispensable que las nuevas autoridades se rodeen de funcionarios probos y proactivos, que coadyuven a mejorar y a fortalecer la administración municipal o regional, y desde un comienzo expectoren a los ayayeros, porque ellos podrían representar un lastre en su labor. Defiendan su honor y dignidad por siempre, que su nombre no se ensucie con dinero mal habido, y no terminen como tantos alcaldes y gobernadores hoy presos (otros están prófugos) por enriquecerse ilegalmente con los recursos del Estado. No envilezcan la política más de lo que ya está.
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(*) Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Primer Vicedecano del Colegio de Periodistas de La Libertad.
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