El Colegio de Arquitectos del Perú – Regional Lambayeque, en su afán dar cumplimiento al objetivo señalado por su decano arquitecto Wilmer Ramírez Namuche, de fortalecer la institución con criterios básicos de integración, unidad, colaboración, solidaridad y respeto, viene realizando una serie de acciones destinadas a atender las numerosas exigencias de los agremiados.
Es así que mediante la Dirección Regional de Bienestar, bajo la directiva de la arquitecta Ana Cecilia Quiñones Chambergo, inauguró el pasado viernes 12 de agosto el ciclo de conversatorios que abordará temas como, Patrimonio Histórico, Arquitectura, Ciudad y Territorio.
El tema elegido para el evento de apertura de este ciclo, fue hacer una revisión del libro “Historiografía del Centro de Chiclayo y del Palacio Municipal”, con objetivo de dar a conocer a generaciones de profesionales más recientes, esta obra de interés regional y gremial, la misma que fuera publicada hace siete años por el Grupo Editorial Expresión bajo el auspicio del CAP Regional Lambayeque, pues constituye una valiosa contribución al rescate de la memoria del patrimonio arquitectónico e inmaterial del pueblo chiclayano, así como documento de consulta obligado para futuras propuestas de restauración en nuestro medio.
Intervenciones
Este conversatorio se inició con la exposición acerca de la génesis, vicisitudes y pormenores del libro, a cargo de la arquitecta Velia Beltrán Centurión, autora de la obra. Su disertación se centró en compartir sus experiencias desde el surgimiento del material, que luego de no llegar a cumplir su destino final -ser parte de una propuesta de intervención restauradora para el siniestrado Palacio Municipal de Chiclayo- le serviría de base para convertirse en la obra que en esa ocasión nos convocaba.
“La restauración es una actividad delicada, que necesita atender dos aspectos fundamentales antes de intervenir físicamente en alguno de los elementos arquitectónicos que forman parte del edificio a recuperar” señaló.
Y para hacer más didáctica su explicación recurrió al símil de la célula y el tejido orgánico. “Siendo el edificio a intervenir una célula, el entorno de unas cuadras a la redonda viene a ser el tejido urbano que la contiene. No se puede pensar en tocar la célula sin conocer previamente a profundidad lo que ocurre en el entorno, por ello es que dedicamos un exhaustivo análisis urbano arquitectónico tanto literal como diagramado, desde diversos aspectos, entre los que podemos citar, circulaciones, áreas verdes, usos de suelo, altura de edificaciones, estilos arquitectónicos, patrimonio arquitectónico y estado de conservación entre otros.”
Además, indicó: “El restaurador es al arquitecto, lo que el geriatra al médico” refiriéndose a que no se puede ser restaurador sin ser arquitecto, como no se puede ser geriatra sin primero ser médico, dejando en claro que la restauración de monumentos arquitectónicos es una especialidad de esa profesión.
Y siguiendo esa línea explicó: “El edificio a restaurar debe ser visto y tratado como a un venerable anciano que, por el paso del tiempo, sumado en muchos casos a la inconciencia de sus usuarios, ha perdido la salud. Es allí donde se debe intervenir para devolverle en la medida de lo posible, la funcionalidad y belleza que ha ido dejando atrás, respetando al máximo la autenticidad de sus elementos, reemplazando únicamente lo que ha sufrido daño irreparable. El objetivo es prolongar su existencia lo más auténticamente posible y así lograr que siga formando parte de la historia de la ciudad en la cual ha servido de escenario a las generaciones que nos precedieron y que debemos legar a las generaciones por venir, como símbolo de cohesión colectiva a través de los tiempos.
Un ciudadano que no piense en el debido respeto a sus monumentos históricos, es equivalente a un sociólogo estuviera de acuerdo en librar a la sociedad de sus mayores, para permitir una existencia más holgada de la nueva juventud, o como un médico que aplicara la eutanasia indiscriminadamente porque el paciente ya vivió lo suficiente y por ello no mereciera seguir viviendo, cuando las sociedades más sólidas han sido aquellas que no solo valoraban y respetaban, sino que se nutren de la experiencia sabiduría de sus venerables ancianos, por los que debe ahora velar.
Pues bien, al igual que todo paciente tiene una historia clínica que el profesional que lo tratará debe conocer a fondo, el edifico a intervenir tiene también una historia que se debe de estudiar, sus antecedentes, su génesis, sus gestores, sus cambios de uso o modificaciones en el tiempo, su fisonomía, inclusive los cambios de color que sufrió cada uno de sus elementos, lo cual únicamente es posible conocer mediante una cala estratigráfica realizada por expertos para obtener los datos de la manera menos invasiva posible”.
Al cabo de un año de trabajo de gabinete, dedicados al exhaustivo estudio de ambos aspectos fundamentales para hacer la propuesta de intervención restauradora, por motivos que no merecen la pena comentar en este artículo, la arquitecta Beltrán -quien ganara un concurso público para realizar este trabajo- fue torpemente separada y como suele suceder cuando se trata con autoridades inescrupulosas se la quiso acusar de no haber cumplido con lo asignado pretendiendo amedrentarla con que sería demandada.
Afortunadamente para ella, quincenal y religiosamente su equipo había presentado por mesa de partes y con cargos debidamente sellados informes tanto de los avances de su trabajo como de los contratiempos ocasionados por el incumplimiento por parte de las autoridades de turno que retrasaban los avances.
Expresión, la acompañó en esta parte del camino haciendo públicas en muchas ocasiones sus demandas a la autoridad cuyo único interés parecía ser obtener un lucro ilícito, sin importarle realmente que se ejecutara una restauración adecuada.
“Así fue que quedé con el estudio más completo tanto del entorno, como del propio Palacio Municipal, objeto arquitectónico de lujo y protagonista de la historia de nuestra ciudad. Solo tenía dos opciones, aceptar la frustración de ver como ante la indiferencia de muchos se seguían desenvolviendo hechos indignantes en torno a este tema, o hacer algo bueno con lo que tenía entre manos y que tanta dedicación y esfuerzo me había costado producir. Decidí que seguiría en ejemplo de la ostra, y convertiría esa desazón, esa incomodidad en el granito de arena que lastima al molusco, y que como mecanismo de defensa reacciona cubriendo lentamente la partícula con una mezcla de cristales disueltos en una especie de baba, que al ir solidificando forma la sustancia conocida como nácar para producir al final una valiosa perla, este libro”.
Teniendo en cuenta que lo que hubiera sido parte de un expediente técnico pudiera bien ser entendido y apreciado por los profesionales del gremio, decidió ampliar el espectro del posible público interesado en contar con esta obra. El estudio del entorno sería el capítulo uno de su libro y la investigación del Palacio Municipal sería el tercero. Como segundo capítulo tendría una revisión historiográfica de la ciudad de Chiclayo, sustentada en el registro fotográfico de Chiclayo antiguo.
Trabajo editorial
“Sentí que alguien de mi generación estaba llamado a recoger el testimonio hablado de una generación que sí logró conocer parte de ese Chiclayo hermoso -que en algún momento llegó a ser la ciudad capital provincial con mayor unidad estilística del periodo republicano del país- y que poco a poco ya se estaba marchando, contrastarlo con registros fotográficos, con planos antiguos o con otras versiones de personas que también guardaban recuerdos y añoranzas de otros tiempos, acaso mejores para nuestra ciudad y luego de filtrar lo más cercano a la verdad que fuera posible, plasmarlo para transmitirlo a las generaciones venideras” acotó la arquitecta Beltrán Centurión.
Este conversatorio contó como invitado especial, con la presencia del periodista Daniel Gustavo Vera Vera, representante de la casa Editora del Libro “Historiografía del Centro de Chiclayo y del Palacio Municipal”, quien brindó un interesante análisis sobre el significado, importancia y transcendencia de esta obra para los profesionales de la regional Lambayeque, así como una simpática semblanza de autora y editora.
Así mismo, ya que se trataba de una de las obras publicadas en los talleres de Expresión, en esta ocasión el CAP – Regional Lambayeque consideró justo y necesario otorgarle un reconocimiento a Rosa Amelia Chambergo, decana del Colegio de Periodistas, por la valiosa contribución a la sociedad a través de la fundación y dirección de su Grupo Editorial en la faceta de edición de libros de invaluable aporte social, cultural y educativo.
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