Próximos a la celebración del Día del Maestro, tres destacados educadores lambayecanos abordan uno de los retos más grandes que tiene la educación en el país, consecuencia de la pandemia por el Covid-19: la nivelación de los aprendizajes. Cada uno explica qué aspectos deben considerarse para asegurar que el proceso sea exitoso, atendiendo así a la necesidad de los estudiantes que entre el 2020 y el 2021 vieron cómo los métodos de enseñanza dieron un giro de 180°.
Expresión buscó a los educadores Merly Berríos Sánchez, también socióloga de profesión y past decana del Colegio de Profesores de Lambayeque; Beder Bocanegra Vilcamango, ganador de las Palmas Magisteriales 2016, y Pedro Soplapuco Montalvo, ganador de las Palmas Magisteriales 2019, ambos en el grado de Maestro. Los tres tienen experiencia en la docencia universitaria.
MERLY BERRÍOS: “Falta visión educativa”
“Somos los sobrevivientes de esta pandemia, nos hemos sentidos muy atemorizados, y bajo ese esquema hemos realizado un trabajo educativo que, si bien no ha logrado el 100 % de las competencias, sí ha permitido adquirir varios aprendizajes como la solidaridad que debe existir en la familia para el proceso educativo y el acercamiento con los docentes. También hemos debido enfrentar una gran brecha con aquellos alumnos que no tenían los medios para conectarse a las sesiones de aprendizaje. Podemos concluir, al respecto, que quienes han tenido mayores dificultades de aprendizaje son también quienes han tenido los principales problemas de conectividad”, señala.
Refiere que el modelo híbrido de educación tiene serias dificultades por la falta de apoyo del Estado con herramientas tecnológicas y materiales. Cita como ejemplo el caso del Politécnico Pedro Labarthe, donde labora, en el que el aula tecnológica ha quedado disminuida tras el robo del único televisor disponible a inicios de año, el mismo que aún no ha sido repuesto.
“Hay una brecha enorme entre quienes no tienen acceso a las herramientas tecnológicas y quienes sí. Mis estudiantes de segundo de secundaria terminaron el sexto de primario y el primer año de secundaria sin haber adquirido la totalidad de conocimientos, con serias limitaciones. Por ello es que urge el trabajo de nivelación. No podemos hablar de recuperación”, menciona.
En ese sentido, refiere que se debe replantear los contenidos de estudio a fin de ajustarlos a las necesidades que tienen los alumnos.
“Educación, al igual que salud, son temas de conversación solamente en campañas políticas, porque ya en la gestión se olvidan de ello. De lo que hemos observado en el sector en Lambayeque es la construcción de colegios, pero no se ha mejorado los servicios de los colegios con infraestructura antigua y como ejemplo emblemático del abandono está mi Politécnico Labarthe, pero también el Colegio de San José, que pese a tener un local moderno no tuvo este año el mobiliario suficiente para todos los alumnos. Observamos, entonces, que no existe trabajo con proyección para crecer en calidad del servicio educativo”, manifiesta.
Cuestiona que a nivel regional tampoco exista información actualizada de la realidad de las escuelas ni se haya dado pasos en la construcción de un diseño curricular regional. “La falta de visión, preocupa. La educación debe ser abordada como inversión social, pero eso no lo entienden aún los actores políticos”, indica.
BEDER BOCANEGRA: “Con o sin pandemia los problemas de educación persisten”
Beder Bocanegra refiere que en el país las políticas educativas nunca han sido focalizadas, lo que impide tener una medida técnica que atienda las necesidades de la escuela y a sus componentes (maestros, trabajadores, alumnos y padres de familia).
“Con o sin pandemia los problemas de educación persisten. La pandemia simplemente agudizó la situación, nos puso en evidencia. Lo que pueda hacer el señor Pedro Castillo, que no solo nos desencanta, sino también nos avergüenza, puesto que siendo maestro tiene una tesis plagiada, no permite esperar mucho. Lo misma pasa a nivel regional. Los gobiernos regionales siempre pugnan por su autonomía, pero no tienen a los técnicos mejor calificados para mirar con objetividad el verdadero problema”, anota.
Pone énfasis al señalar que las innovaciones, cuando nacen desde abajo, también son válidas. Sin embargo, son pocas las escuelas que han avanzado en la búsqueda de estrategias para mejorar los aprendizajes de sus estudiantes o trabajar en aspectos tan fundamentales como la promoción de la alimentación saludable.
“Si no hay investigación no hay innovación y si no hay innovación no hay cambio. A nivel universitario también pasa lo mismo. En las universidades existen vacíos hasta epistemológicos para entender cuál es el papel de las carreras profesionales y que estas permitan repercutir en la sociedad. Muchos estudiantes que salen de las universidades no saben aún cuál es su rol o espacio de desarrollo profesional. En Chiclayo, tres de 10 titulados no ejercen lo que estudiaron. Si en la escuela hay problemas, en el nivel universitario podemos decir que este se encuentra de espaldas a la realidad”, afirma.
PEDRO SOPLAPUCO: “Los docentes no nos sentimos contentos”
A nivel educativo – indica Pedro Soplapuco – en el Perú no existe un plan estratégico a largo plazo. De existir, permitiría definir acciones en tiempos específicos, con objetivos claros de lo que se quiere como resultado del trabajo en las aulas.
“Si bien la pandemia ha desnudado esta situación es pertinente decir que el problema educativo no es responsabilidad de una persona ni de un gobierno. Ha existido por décadas el descuido de las autoridades sobre el sector. No hay políticas a largo plazo que se respeten, sino que cada gobierno hace ensayos, lo que mejor le parece, y no enfoca las acciones en base a investigación. Cada gobierno implementa programas, muchas veces, para cubrir el presupuesto, pero sin base en la investigación. A nivel docente, puedo afirmar que no podemos sentirnos contentos. Quisiéramos avanzar, pero los estudiantes tienen serias debilidades que nos impiden continuar en los aprendizajes”, expone.
En ese sentido, a decir de Pedro Soplapuco, para la nivelación de aprendizajes se ha podido trabajar, desde el inicio del año escolar, dos estrategias.
Explica, que en el nivel secundario las escuelas tienen seis horas de libre disposición, que bien podrían haberse utilizado desde el inicio para el desarrollo de competencias que no se lograron en los dos primeros años de la pandemia.
“A eso podemos sumarle que el estudiante lleva horas de reforzamiento, mientras que las demás horas lectivas podía recibir los contenidos correspondientes al grado de estudio. Esa es una primera estrategia que podía aplicarse, la que, además, no implicaba en absoluto salirse de la norma o dispositivos del Ministerio de Educación”, señala.
La segunda estrategia que plantea como viable es que se dedique como mínimo ocho semanas del año escolar para la nivelación de aprendizajes, de tal manera que el estudiante logre, con prioridad, las competencias no alcanzadas entre el 2020 y el 2021. Ello, sería posible – afirma – con una adecuada planificación curricular, aspecto en el que aún existen muchas deficiencias.
“Algunos dirán que eso implica atrasarse en la programación, pero no es así. Más atraso genera cuando se quiere educar al estudiante sin que este cuente con los saberes previos.
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