En diálogo con Expresión, el exministro de Economía y Finanzas, David Tuesta Cárdenas, analizó la situación política y económica del país, numerando los factores que juegan a favor y en contra del gobierno de Pedro Castillo, en un escenario de severa crisis interna y global.
Existe, sin duda, un escenario global que afecta a la economía, pero también factores internos como la inestabilidad política. ¿Bajo esas circunstancias, cómo analiza la situación del país?
El Perú, más allá del escenario de precios altos y complicaciones globales, debería estar creciendo al triple de lo que está creciendo ahora, teniendo en cuenta el alto precio de los minerales y el efecto multiplicador que tiene el sector minero sobre otros rubros de la economía.
Sin embargo, lo que hemos visto desde el 28 de julio del año pasado es una intención de ir por un camino equivocado, de hacerlos autogoles y uno de los principales autogoles que hemos hecho es perder la confianza de la inversión privada.
De acuerdo al Banco Central de Reserva, que es la proyección más optimista de todas las existentes actualmente, la inversión entre el 2022 y el 2023 prácticamente no crezca; es decir, cero este año y 1 % el siguiente. Eso no es nada.
Si entramos a ver al detalle vemos que una de las inversiones más importantes, que es la minera, va a caer -16 % este año y -5 % el año siguiente. ¿Qué estamos haciendo mal? Tenemos un gobierno que no quiere gestionar el Estado.
No es que el Estado antes funcionara de forma magnífica, había problemas, pero ahora se ha elegido sumar a personas que no tienen capacidades, que han entrado al sector público para tomarlo como si fuera un botín.
¿Puede afirmarse entonces que este gobierno llena los puestos estatales con gente sin capacidad?
Miremos al Ministerio de Transportes y Comunicaciones. Allí se debió promover la inversión, pero lo que se ha hecho es desmantelar lo poco y bueno que había para llenarlo de gente que no sabía nada del sector y se ha dedicado a la corrupción.
Otro ejemplo es lo que ha pasado con la Autoridad para la Reconstrucción con Cambios – ARCC. Se tenía un buen avance, con algunas limitaciones, pero muy sustancial a lo que se tuvo los primeros años después de El Niño Costero. Han sacado a un buen equipo para poner a personas que no tienen nada de experiencia.
Lo que me llama la atención es que las regiones del norte, que fueron afectadas por el fenómeno, no salgan a protestar por la persona que les han puesto en la ARCC.
¿Considera usted que la estrategia del Ejecutivo es no gobernar, para propiciar un escenario de convulsión social que posibilite aplicar planes como el de forzar una asamblea constituyente?
Algún objetivo debe tener que no es precisamente las necesidades de la población. Sí, deben perseguir algún objetivo de carácter político y por eso intenta construir una narrativa basado en que la crisis económica que estamos viviendo no se debe a su ineptitud y a los malos funcionarios que han tomado al Estado.
El presidente, en cada plaza a la que va, dice que todo esto es consecuencia de 200 años de colonialismo, de modelo neoliberal y de la constitución actual. Lo que quiere es construir una historia en ese sentido, no obstante él y su gobierno son los autores de la crisis que vivimos ahora.
¿Y es posible que la población se convenza de esa narrativa?
No lo creo, la gente se da cuenta y se ve en las encuestas. Con toda la campaña electoral, vamos a llamarla así, que realiza con sus consejos de ministros descentralizados, que parecen grandes mítines y en los que se ofrecen grandes cosas como si no fuera ya el presidente, la población sigue creciendo en su rechazo.
Lo que él debería hacer es decirnos qué está haciendo, a, b y c, no que va a hacer y que va a traer, lo cual es mentira, porque ni siquiera tiene las bases institucionales presupuestarias y de inversión que existen en el Estado para que lo que ofrece se realice.
Yo creo que la gente sí se da cuenta que el señor no está trabajando. Trabajar no es ir en campaña pueblo por pueblo y vociferar como si aún no estuviera en el gobierno, mientras las personas ven que los precios se disparan.
Es cierto que hay un escenario global que condiciona el aumento de precios, pero esto sería más llevadero si hubiera la oportunidad de conseguir empleo de calidad y eso no hay, porque eso se genera con un crecimiento robusto y serio.
Sabido es que el empleo de calidad lo genera el sector privado, no el Estado. En ese sentido, ¿cuán importante es la calificación de riesgo país para que los capitales lleguen al Perú a invertir?
Hay que pensar en cómo se genera la viabilidad económica a largo plazo. Esto solo se logra con la posibilidad de atraer más inversión. El Perú tiene un elemento estructural que todavía lo hace atractivo a los inversionistas extranjeros y es ese factor de competitividad importante que es la estabilidad macro económica, el hecho de contar con una buena predictibilidad de la política fiscal y monetaria.
Eso ayuda y no muchos países pueden decir que lo tienen. Gracias a esa estabilidad es que el país todavía tiene movimiento, no en el potencial que debería, pero aún sigue moviéndose. La pregunta es hasta cuándo ese bastión va a resistir.
La estabilidad macroeconómica está resistiendo a los propios autogoles que realiza el gobierno. El principal enemigo del gobierno de Castillo es el propio gobierno.
¿Cree que el gobierno acabará el mandato?
Primero, el clima de convulsión social se va a incrementar, lo cual es lógico, además, porque ya está sucediendo en la mayoría de países en el mundo. Hay un escenario de escalada inflacionaria.
Hay factores que, frente a ello, son muy importantes: capacidad económica y fiscal para atender esas circunstancias; consenso político, que estos momentos no hay, y calidad de los funcionarios para poner en marcha los programas de ayuda, lo que tampoco hay. Podemos decir que el Perú tiene uno de tres elementos.
Dicho esto, si la situación continúa como está y el único factor a favor del gobierno se debilita, es probable que acabe el mandato.
¿Cuál es el peor error del gobierno de Pedro Castillo a 11 meses de iniciado?
El peor sería haber dado la espalda a la población sumando a personas que no están capacitadas para gestionar. Eso muestra un desprecio ya no solo hacia el sector privado o la derecha, sino ante los ciudadanos, con los cuales tiene un contrato social. Ese es un error gravísimo, porque la gente espera que el Estado haga un buen uso de los recursos y eso no se ve.
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