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NO MÁS EXPERIMENTOS NI SALTOS AL VACÍO: En octubre de este año se elegirá a nuevos alcaldes y gobernadores regionales

Escribe: Juan Vejarano Vergara (*)
Edición N° 1239

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La campaña electoral aún está en ciernes, pero los partidos políticos ya van definiendo a sus representantes para comicios municipales y regionales. En este escenario aparecerán los charlatanes de la política, que ofrecerán el oro y el moro con tal de llegar al poder. Será una excelente oportunidad para demostrar cuánto hemos madurado como ciudadanos en el ámbito político y cuánto hemos aprendido de nuestros errores al apoyar a candidatos que han terminado estafando a la población. Hay que escoger las mejores opciones electorales para no hipotecar el futuro de millones de peruanos.

 

Se viene con todo la farra electoral. La meta de los candidatos que buscan entrar a la gloria, y otros que han terminado reciclados, está puesta en el próximo 2 de octubre, cuando se realicen las elecciones regionales y municipales en todo el país. De a pocos, todo espacio vistoso (paredes de viviendas, paneles y buses) es aprovechado por los aspirantes a estos importantes cargos para estampar su nombre con los colores del movimiento político al que representa, y lanzar alguna propuesta que jale la mirada de los ciudadanos, no importa si una vez en el poder lo cumple o no. La campaña todavía está en ciernes, pero conforme avancen los días el panorama electoral irá tomando forma y pondrá en escena a los postulantes que buscan llegar a los gobiernos regionales, y las alcaldías provinciales y distritales. Aquí aparecerán seguramente los vendedores de cebo de culebra, los charlatanes de la política, que ofrecerán el oro y el moro con tal de ganar adeptos para consumar sus pretensiones. También conoceremos a los personajes camaleónicos de la política, aquellos que han pasado de un partido a otro con suma facilidad y hoy han sido reciclados justamente para esta contienda. El pueblo sabio sabrá juzgarlos con entereza y serenidad en las urnas. No más saltos al vacío.

Esta será una nueva oportunidad para demostrar cuánto hemos madurado como ciudadanía en el ámbito político, cuánto hemos aprendido de nuestros errores al apoyar con nuestro voto a candidatos embaucadores, que una vez que accedieron al poder se olvidaron de sus raíces y de sus promesas. Los comicios de octubre serán una ocasión especial para poner a prueba nuestra capacidad de inteligencia y lucidez, para escoger las mejores opciones electorales y no caer en la misma rutina de cada cuatro o cinco años; es decir, apostar por el outsider, por aquel que rompe esquemas en la campaña y plantea propuestas de corte populista, que suenan bien al oído de la población, aunque no se puedan ejecutar. O contentarse con el “menos malo”, o como ha ocurrido en los procesos de los últimos 30 años, cuando estaba vigente la cuestionada reelección: “roba, pero hace obra”, en alusión a muchas autoridades que veían a la política como un modus vivendi. Ahora, muchos de ellos han regresado y buscan otra posibilidad en este plebiscito para los gobiernos subnacionales. Pero la verdad es que no estamos para más experimentos ni para hipotecar el futuro de millones de personas, después de tantos desencantos, de equivocaciones graves, de elegir a autoridades que terminan siendo una total decepción y atrapados en la telaraña de la corrupción. Es momento de actuar con el mayor de los juicios.

 

Tuvieron su oportunidad

No voy a individualizar nombres ni calificar el desempeño público de cada uno de ellos, pero indigna ver que exalcaldes y exfuncionarios públicos que han tenido la alternativa de gobernar, que en su momento tuvieron el poder en sus manos para cambiar la situación de sus jurisdicciones, para mejorar las condiciones de vida de sus habitantes; y que hicieron muy poco o casi nada, hoy salen de sus cuarteles de invierno para pedir una vez más el respaldo del electorado, sin hacer un mea culpa y reconocer sus errores. Muchos retornan a esta lid muy orondos y seguramente pondrán mil excusas para no admitir su incapacidad e ineficiencia en el cargo que ostentaron, porque ello podría costarles la elección. Ser elegido alcalde o gobernador es un enorme reto y responsabilidad para con sus coterráneos, se convierten en las primeras autoridades de un territorio, son gestores por excelencia para arrancar presupuestos del Estado para la ejecución de obras vitales para el desarrollo de sus ciudades. El alcalde es la pieza fundamental de la organización municipal, dirige el gobierno y vela por el cumplimiento de las políticas municipales, de los planes, programas y proyectos de desarrollo. Lamentablemente muchos de quienes llegan a estos cargos de representación equivocan la función encomendada, se desvían del objetivo central para el que fueron elegidos y abusan de su posición de dominio para enriquecerse con los recursos del Estado, o para favorecer a su círculo de amigos y familiares con obras o puestos de empleo. Un panorama complicado que se ha hecho muy común en el país.

¿Pero cómo llegan los partidos políticos a esta justa electoral? Algunos más fortalecidos que otros, aunque sí todos con serios cuestionamientos por el deleznable papel que están cumpliendo las bancadas en el Congreso de la República, de espaldas a las justas demandas nacionales y favoreciendo a grupos económicos, aprobando leyes con nombre propio. Esta percepción que tiene la población respecto de la clase política, se refleja en la última encuesta del Instituto de Estudios Peruanos, donde los líderes de agrupaciones como Fuerza Popular, Alianza Para el Progreso y Renovación Popular, son percibidos por los peruanos con una imagen negativa de 70% en promedio. Un poco más atrás, con más del 55%, aparecen otros excandidatos presidenciales que también son percibidos negativamente (varios de ellos postularán en los comicios de octubre próximo). Ello evidencia la enorme desconfianza y falta de credibilidad hacia nuestra clase política, cuyos liderazgos están venidos a menos por ambiciones desmedidas de poder, por casos flagrantes de corrupción y por ver al Estado como un botín para satisfacer intereses personales y de grupo. En los últimos 40 años los casos de corrupción han repercutido de manera negativa en la vida política peruana, a tal punto que varios expresidentes de la República son investigados por el sistema de justicia: uno está preso, otro se quitó la vida en plena investigación, y se gestiona la extradición de un tercero. La politóloga Jessica Bensa en declaraciones al diario El País, reveló lo mal que funcionaba nuestra política desde la transición: “una política que ha sido muy vulnerable a la corrupción, que ha funcionado de manera desinstitucionalizada, y que ha priorizado personas o intereses antes que a la sociedad”.

 

Trabajo permanente

La diferencia para estar un paso adelante y llegar con vitalidad para las elecciones, dependerá del trabajo que han venido haciendo las agrupaciones en temas sustanciales como la organización y estructuración partidaria, la reactivación de bases, la promoción de nuevos líderes políticos, la renovación de cuadros y el contacto fluido con su militancia, todo ello en aras de lograr su fortalecimiento institucional. Es preciso mencionar que a diferencia de la elección nacional, este proceso se caracteriza por ser más vecinal, es común ver el nacimiento de nuevos movimientos locales y regionales solo para este proceso, lo cual puede ser peligroso porque no contribuye a vigorizar el sistema de partidos, ya que si los candidatos no son elegidos estos grupos tienden a su disolución, y si el movimiento logra su propósito, perdurará solo el tiempo que dura el mandato de la autoridad y luego desaparece, sobre todo ahora que no hay reelección de alcaldes y gobernadores. Por lo general, estos movimientos no tienen una militancia ideologizada y solo hay simpatizantes entusiasmados que no garantizan permanencia en el tiempo. Muchos llegan con las mejores intenciones de trabajar por su distrito o provincia, con propuestas concretas; pero esos buenos propósitos a veces se truncan por incapacidades de quienes alcanzan el poder, porque no están preparados para llevar adelante la conducción eficaz de una municipalidad o un gobierno regional.

La expectativa por estas elecciones crecerá más cuando comience el furor de la campaña, pese al descrédito de los partidos y con caudillos carentes de autoridad moral y de honestidad. Por ello, es condición sine qua non que todo ciudadano se interese más en indagar por el pasado y presente de aquellos que pretenden llegar a esas instancias de gobierno, conocer sus cualidades morales y éticas, si tienen cuentas pendientes con la justicia, porque ello será vital en el desempeño que tengan como autoridad. Es esencial que los electores asuman con mucha responsabilidad su deber y no simplemente lo hagan por cumplir, ya que al elegir determinada alternativa política están definiendo el futuro suyo y de nuevas generaciones. Como advierte Rolando Arellano en su libro “Vamos a comprar un político”: “La mayoría de ciudadanos pone más interés y cuidado en la elección de la próxima refrigeradora o televisor que compremos, que en la elección de la siguiente autoridad de nuestra ciudad, región o país”. “Los peruanos nos hemos vuelto mejores compradores y no nos dejamos engañar por las ofertas; pero eso no ha sucedido aún con la población en su función de ciudadanos, y votamos por olfato, por descarte o por obligación”. Una realidad que nos abofetea en la cara y que solo depende de nosotros cambiarla.

 

(*) Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Primer vicedecano Colegio de Periodistas de La Libertad.

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