Para el politólogo Jorge Vallejo Castello, los resultados de las elecciones del 11 de abril a nivel presidencial expresan que el reconocimiento de nuevos derechos individuales, como el matrimonio igualitario y el aborto, no son prioridad para los ciudadanos del Perú, sino más bien los cambios en el modelo económico y la manera en la que se distribuye la riqueza. Consensos y un discurso atenuado serán – refiere – las claves de Pedro Castillo y Keiko Fujimori en la segunda vuelta.
¿Debe sorprenderle al país los resultados de las votaciones presidenciales del 11 de abril?
Para quienes se dejaron llevar por las encuestas, definitivamente sí. Ver a un Pedro Castillo en los últimos diez días aparecer en las encuestas, habiendo muchas preguntas y sin darle mucha importancia, puede resultar sorpresivo. En un sondeo de tres o dos días antes, de los que no se podían publicar, se le vio más consolidado y posicionado, lo cual nos demuestra que su modo de campaña fue distinto a lo que estábamos habituados o, mejor dicho, a lo que estábamos viendo en esta campaña atípica.
¿A la luz de estos resultados, el dinero ha dejado de ser factor determinante para una candidatura?
Así es. Muchos se preguntaban quién era Pedro Castillo e incluso algunos medios internacionales tuvieron problemas para encontrar su foto. Aunque no lo hemos tenido en el escenario político permanente, sí lo tuvimos con mucha fuerza hace algunos años, en el 2017, con la huelga de los maestros. Castillo saltó a la palestra nacional, tenía entrevistas y exposición mediática, y aunque no la había mantenido dejó un camino trazado.
El ha hecho una campaña de las periferias al centro de las ciudades. Mientras los otros candidatos se despellejaban en sus centros de poder o en Lima, saliendo en los medios nacionales o dando entrevistas para presentar cómo vivían o cómo eran sus casas, Castillo no entró en esas poses.
Él ha seguido haciendo su trabajo contando con dos brazos interesantes: los ronderos y los maestros. Quizá no se habrá plegado a él el 100 %, pero sí la mayoría, lo que lo hizo contar con actores en terrenos para difundir sus propuestas.
Distancias aparte, no es la primera vez que un dirigente magisterial aspira a la presidencia de la república. En 1980 lo hizo el fundador del SUTEP, Horacio Zevallos Gamez, quien postuló por UNIR, sin alcanzar si quiera la mitad de los resultados logrados por Pedro Castillo. ¿Los maestros rurales, que han tenido que sortear las dificultades propias de la pandemia, esta vez han sido la pieza clave en el crecimiento de Castillo?
Sí, yo creo que han sido protagonistas de este pase a la segunda vuelta, ha sido como contar con hormigas dispersas en el territorio sin tener la visibilidad que los grandes medios de comunicación otorgan a ciertos candidatos en campaña electoral.
Se tuvo un debate presidencial organizado por dos canales capitalinos y no fue invitado Pedro Castillo, porque supuestamente solo se llamó a los seis gigantes (Yonhy Lescano, Keiko Fujimori, Rafael López Aliaga, Verónika Mendoza, Daniel Urresti y George Forsyth), entre los que se elegiría al próximo presidente.
¿Por qué no fue invitado? Porque las encuestas no lo visibilizaban. La medición no fue tan real, él fue avanzando gradualmente, no es que en los últimos tres días a la gente se le ocurrió votar por él al verlo en el debate o escuchar su mensaje confrontacional. Si bien la gente lo conoció en el 2017 no lo tenía tan presente, como sí se tiene muy presente a Ollanta Humala, que fue presidente, y ha terminado con menos de 2 % de los votos.
Además, considerando que las herencias del gobierno de Humala aún están presentes y son las más cercanas a la población rural, como Pensión 65, Beca 18, Cuna Más y Qali Warma…
Teniendo además un nombre que es de fácil recordación. Es más fácil identificar a un Ollanta que a un Pedro Castillo en una campaña. Ollanta ha terminado muy mal parado, como también Yonhy Lescano que se fue debilitando o George Forsyth, que hace dos meses era el favorito en las encuestas y hoy nos vuelve a mostrar que aquel que es primero en los sondeos previos a la elección difícilmente termina con la banda presidencial.
La Generación Bicentenario es un punto a parte. En términos políticos era más mucho más cercana a Verónika Mendoza, que representa a una izquierda progresista y de centro, o a Julio Guzmán, que es de centro. Sin embargo, al parecer en esta elección la Generación Bicentenario no se hizo sentir, pues han pasado a segunda vuelta dos candidatos que representan a modelos totalmente opuestos a los que esta defiende. ¿Se diluyó la indignación de los jóvenes?
La indignación tiene fases cíclicas, picos y bajas. Esta explosión que ocurrió en noviembre del año y que mantuvo expresiones de orientación ciudadana no se vio con mucha claridad en las últimas semanas previas a las votaciones. Lo sucedido con la Generación Bicentenario es más una acción colectiva que un movimiento social, es más la acción de un momento en la historia, de manifestarse y tomar la calle, más que un movimiento organizado que tiene una plataforma capaz de encauzar o reaccionar cada vez que sus demandas son desatendidas. No es como el movimiento indigenista de Ecuador y Bolivia.
No es movimiento ciudadano capaz de poner presidentes, todavía…
Creo que no. Creo que es más capaz de reaccionar ante los errores de un gobierno y espero que en las semanas siguientes se haga sentir. Tenemos en segunda vuelta dos opciones que no se caracterizan por sus antecedentes plenamente democráticos o que nos puedan garantizar una plena división de poderes y renovaciones periódicas. Los dos candidatos van a tener que aclarar muchos puntos que han quedado en duda de sus plataformas y antecedentes del pasado para convencer al electorado y espero, eso sí, que la Generación Bicentenario sea la garante de la estabilidad democrática.
Es decir, que haya reacción si se ve alguna alteración del equilibrio de poderes o el afán del ganador de las elecciones de torcer los marcos legales o, como sucedió en los 90, de impulsar una serie de medidas para mantener contenta a la población y al mismo tiempo empezar a hacer ajustes legales para perpetrarse en el poder. La historia del Perú está llena de eso.
Espero que la Generación Bicentenario esté atenta a ello para tener una capacidad de reacción pronta.
¿Tiene Pedro Castillo posibilidades reales de ganar la segunda vuelta?
Habrá muchos partidos que decidirán ir por Keiko Fujimori y otro grupo que se quedará en el aire, como el Partido Morado. También habrá organizaciones que a nivel interno lleguen a acuerdos, pero que a su militancia le dirán que tienen libertad de elegir.
De hecho, habrá acuerdos que no veremos ni de los que sabremos, también habrá quienes buscarán endosar sus votos, pero ante un electorado volátil, poco ideologizado, no militante, más contestario es difícil lograr el endose total. No es tan mecánico o matemático el endose del voto.
En la decisión habrá muchos aspectos que pesarán, como los aspectos morales: lo que se puede considerar como profamilia y lo progresista, o lo que se define como promercado y estatista. El señor Castillo se ha definido como profamilia, por ejemplo.
Justamente, a nivel de derechos individuales prácticamente no existen diferencias entre Pedro Castillo y Keiko Fujimori, ambos candidatos tienen coincidencias referidas a su oposición al aborto, al matrimonio igualitario, la eutanasia o lo que ellos consideran como la ideología de género. La diferencia estaría más en la visión económica del país. ¿Es determinante para el elector peruano la defensa de los derechos individuales?
Creo que no, no pretendo decir que son derechos por los que no se debe pelear o que no se deben visibilizar y discutir, al contrario, pero en el orden de prioridades no están expresados por el electorado, porque quienes han tenido mayor votación no se han caracterizado por levantar banderas en pro de los derechos sexuales o civiles.
Sin duda, la izquierda progresista ha tenido un revés muy fuerte en las elecciones del 11 de abril.
¿Cabe una comparación entre Ollanta Humala y Pedro Castillo en cómo redefinir el mensaje para lograr el apoyo del electorado? Si se evalúa el caso Humala, su transición entre el polo rojo y el polo blanco fue de las elecciones del 2006 a las del 2011, a Castillo solo le quedarían semanas para aminorar la temperatura de su discurso, ¿será posible?
El discurso y el papel lo aguantan todo, Castillo ahora irá en busca de los votos de quienes en la primera vuelta no lo apoyaron y para ello deberá moderar el mensaje, orientándose a llegar a quienes están más en contacto con las noticias. Espero que si eso sucede, esa atenuación del mensaje sea sincera y buscando consensos. Tal vez la mejor manera de buscar ese espacio es señalar quiénes lo acompañarían en su primer gabinete y sean estas personas quienes briden garantías de estabilidad respecto a las instituciones.
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