El ingeniero lambayecano Domingo León Escurra, en diálogo con Expresión, desde California, Estados Unidos, defendió la propuesta técnica para la construcción de la represa La Calzada sobre el río La Leche, planteamiento que ha sido dejado de lado con argumentos – en su opinión – carentes de sustento y que, por el contrario, tendrían el trasfondo de evitar que el Estado encare un proceso de reubicación y justiprecio a favor de los habitantes que se asientan en la zona de influencia del proyecto, en la cabecera del valle.
León Escurra, ingeniero civil egresado de la Universidad Nacional de Ingeniería, con maestría en la Universidad de Texas y doctor en Ingeniería por la Universidad Politécnica de Madrid, encabezó el equipo de expertos internacionales que en el 2008 concluyó el estudio denominado “Factibilidad de Control de Inundaciones en la Región Lambayeque”, que estableció la pertinencia de la ejecución de La Calzada.
Dicho estudio, financiado por la Agencia de Comercio y Desarrollo – USTDA (por sus siglas en inglés), del gobierno de los Estados Unidos de América, fue entregado al Gobierno Regional de Lambayeque y contó con la participación de profesionales de la talla del ingeniero español Francisco Sánchez Carol, integrante del Comité Internacional de Grandes Presas, uno de los más connotados expertos en la materia a nivel mundial, y el ingeniero Jack Ferguson, integrante del Cuerpo de Ingenieros Civiles del Ejército de los Estados Unidos.
Junto a ellos participó también el ingeniero Juan Alfaro, quien fue consultor del Banco Interamericano de Desarrollo – BID, durante 25 años y además es uno de los fundadores de SEDAPAL; el ingeniero Víctor Miguel Ponce, docente de Hidrología y Medio Ambiente de la Universidad de San Diego California, y reconocidos profesionales peruanos como Pastor Espinoza Chilón, Manuel Suárez Collazos y Enrique Varías Ramos.
El Niño y La Leche
“El Niño es un fenómeno que se produce periódicamente cada 25 o 40 años y los más devastadores han sido: el de 1925, que destruyó toda la maquinaria que había traído el presidente Leguía para hacer Olmos, el del 50, el del 83, con el presidente Belaunde, y el del 98, en el gobierno Fujimori. El Niño es un cambio en la temperatura del mar, produciendo lluvias que incrementan los caudales de los ríos, siendo el más vulnerable el río La Leche”, explica.
León Escurra detalla que la caja hidráulica de La Leche únicamente puede soportar el traslado de 500 metros cúbicos de agua por segundo, pero con el estudio realizado en el 2008 se estableció que en ocasiones el río ha trasladado hasta seis mil metros cúbicos por segundo, lo que rebasa su capacidad.
“¿Qué hacer? Lo que se tiene que hacer es construir una estructura que lamine el cauce. Laminar es hacer que el cauce del río se traslade suavemente”, precisa.
Es ahí donde encaja la propuesta técnica y viabilidad de la represa La Calzada, cuya función – remarca León Escurra, sería la de laminar (atenuar) el cauce del río La Leche, con el objetivo de reducir el riesgo de desborde e inundaciones en la parte baja del valle, que – como se vio con El Niño Costero del 2017 – generan pérdidas humanas y millonarias pérdidas económicas para el país.
Tipos de presas
Domingo León precisa que existen dos tipos de presas: las de laminación (represa), como la que se propone en La Calzada, y las de control hidráulico o regulación, que permiten la administración del agua para uso agrícola y poblacional.
“La propuesta es que se construya La Calzada para laminar el cauce y que el agua sobrante sea trasladada seis kilómetros cauce abajo a una presa denominada Calincantro, que serviría para regular el riego de, por lo menos, 20 mil hectáreas”, menciona.
Refiere que causa extrañeza que en el marco del estudio para control de inundaciones en la cuenca de La Leche, financiado por la Autoridad para la Reconstrucción con Cambios y encargado a un consorcio internacional, se señale que La Calzada es inviable.
“Lo que han propuesto me parece un disparate. Lo que han hecho es proponer presas fusibles, unas presitas en la parte alta del valle, que en el caso que se presente El Niño no soportarán la afluencia. Lo que hay que construir es una gran represa, de 59 metros de altura y 700 metros de largo, que contenga la gran riada (12 mil metros cúbicos por segundo). Insistir en defensas ribereñas u otras obras menores, no va a funcionar”, asevera.
Argumentos en contra
El especialista refiere que entre los opositores a La Calzada se difunde el argumento de que la obra es técnicamente inviable porque existen fallas geológicas en la zona indicada para su construcción.
Al respecto, menciona que en consulta para el estudio del 2008 el más importante sismólogo peruano, Julio Kuroiwa, informó que no existía presencia de fallas en la zona, pero que aun cuando el diagnóstico sea errado, este tampoco resulta condicionante para no ejecutar la represa.
“Si hubiese fallas, pues hay presas en el mundo que se construyen sobre ellas. Las hay en Colorado, en California, en Pennsylvania, en Nueva Zelanda, en Grecia y otras más. Si el consorcio sabe hacer presas, lo que tiene que hacer es hacer las precisiones necesarias para determinar, primero, si la falla es activa o inactiva, y luego qué soluciones de ingeniería hay para colocar la presa. En caso de un sismo, la falla produciría el asentamiento de la presa y para eso hay soluciones de ingeniería”, detalla.
Otro argumento de los opositores a La Calzada – precisa – es que en el estribo izquierdo no hay el material suficiente y robusto para apoyar la estructura.
“Mentira. Hay una roca granitoide que tranquilamente puede aguantar el estribo y si en el lado derecho no hay, también se puede solucionar con técnica ingenieril”, manifiesta.
Los sedimentos
También se expone en contra que la construcción de la represa sobre el cauce de La Leche resultaría inviable debido al traslado de sedimentos que realiza el río en épocas de avenida, lo cual reduciría la vida útil de la infraestructura.
León Escurra sostiene que existen varios modelos matemáticos para determinar cuál es el sedimento que traslada un río y este se estima en períodos de cuatro años, en promedio.
“Están diciendo que los ríos Moyán y Sangana generan sedimentos y que por eso no se puede hacer La Calzada. Si eso fuera cierto, en el mundo no se haría ninguna presa. Repito, La Calzada es para laminación y la propuesta de Calicantro para regulación”, manifiesta.
Recordó que en el gobierno militar de Juan Velasco Alvarado, los técnicos rusos que realizaron estudios para el Proyecto Olmos, llegaron a la conclusión que la represa para el valle La Leche se puede hacer en la zona denominada La Calzada. Tiempo después DEPOLTI (hoy PEOT), llegó a la conclusión que la obra podría realizarse en el kilómetro 100, carretera a Incahuasi.
El tema de fondo
“No me cabe en la cabeza cómo el consorcio seleccionado por la ARCC pudo haber gastado 10 millones de soles en 12 meses para presentar un informe carente de sustento. ¿Por qué no dicen cuánto va a costar cada obra que proponen? Nuestro informe, de 12 tomos, llega a conclusiones y explica cuánto costarían las presas de La Calzada, Calicantro y las obras hidráulicas, canales, aliviaderos, compuertas, etc. Dicen que La Calzada no funciona, pero no presentan refracciones sísmicas que determinan dónde está la roca debajo del lecho de La Calzada y si hay fallas o no. No presentan ningún cálculo de cómo han determinado el sedimento de las quebradas del Moyán, el Sangana y todos los afluentes al cauce de La Leche”, cuestiona.
¿Si no existen razones técnicas de peso para oponerse a La Calzada en su concepción original, cuáles son las motivaciones reales? Domingo León afirma que estas son, más bien, de tipo social.
“El consorcio no tiene las agallas de enfrentarse a quienes están cauce arriba del río, que denuncian que se van a inundar 135 hectáreas de cultivo en los sectores La Libertad, Mochumí Alto, Puchaca y Puchaca Bajo. Una presa de esta naturaleza, que costaría 80 millones de dólares a cambio de evitar destrucción y muerte cuando ocurre El Niño, amerita que se realice un trabajo de persuasión social a los agricultores de la parte alta”, señala.
Anota que la presa estaría llena durante el año solo al 25 % y que la inundación se produciría únicamente al producirse El Niño.
“Hay que hacer menos egoístas, porque a cambio que se inunden 135 hectáreas se salvará miles de vida aguas abajo. A los agricultores obviamente se les debe reubicar y pagar el justiprecio correspondiente, pero es una tarea que el Estado se está negando a hacer por temor. Cierto, es difícil reubicarse, pero es ahí donde entran los gobernantes para llegar a acuerdos que permitan ejecutar una obra tan importante”, asevera.
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