Chaparrí es uno de los más emblemáticos ejemplos a nivel nacional de iniciativas privadas para la conservación de especies de flora y fauna. Por primera vez, Heinz Plenge Sánchez, impulsor de la creación de la reserva, cuenta cómo se gestó el proyecto y cómo se administran los recursos, que tantas opiniones y enfrentamiento han generado al interior de la Comunidad Campesina Muchik Santa Catalina de Chongoyape, y remarca que cualquier iniciativa privada para nuevas áreas de conservación es bienvenida.
“Chaparrí ha sido un reto personal. Yo era cazador, cazador fanático que salía hasta cuatro veces a la semana, pero no entendía que era un pretexto para estar en contacto con la naturaleza. En una cacería, en la que llevé una cámara fotográfica, retraté a un venado en vez de dispararle con la carabina y a la siguiente semana vendí todas mis armas, compré más cámaras y me metí de llevo al mundo de la conservación”, relata a ExpresiónHeinz Plenge.
Inicios
Refiere que a fines de la década del 90 se inició en el país una corriente para la gestión de áreas de conservación, emitiéndose en 1998 una ley que autorizaba la creación de espacios de tipo privado para el cuidado de especies de flora y fauna silvestre, por lo que tomó interés y empezó a recorrer los diferentes espacios del territorio departamental, a fin de encontrar las condiciones favorables en las que pudiese impulsar un proyecto con tales características.
Para entonces, casi todos los esfuerzos de conservación natural impulsados por el Estado se concentraban en la amazonia, no existiendo ninguno en el bosque seco, propio del norte del Perú.
“Ya se hablaba de Laquipampa y Batangrande, pero yo percibía que el bosque seco era visto como el patito feo de la conservación, así que decidí impulsar algo en Chiclayo. Obviamente las empresas agroindustriales no iban a querer, porque difícilmente dejarían de sembrar caña de azúcar para destinar espacios para la conservación, así que empecé a tocar las puertas de las comunidades campesinas”, rememora.
Así llegó a la Comunidad Campesina Santa Catalina de Chongoyape, que era una de las pocas que tenía la documentación registral de sus tierras, facilitando así la creación del área de conservación. La ley dada en 1998 sí calificaba para que estas puedan crear espacios de este tipo.
“Propuse la idea a la comunidad de Chongoyape, entre 1998 y 1999 y se tomó casi año y medio solo en conversaciones, porque antes que yo había llegado una empresa minera, que no se identificó como tal, con el cuento que iba a hacer proyectos de reforestación y que para eso necesitaba hacer pozos. En lo real, se trataba de La Granja, que buscaba hacer fosas de lixiviación en terrenos de la comunidad, de ahí que había cierta desconfianza”, manifiesta.
Nace la ACP
Después de las gestiones, la Comunidad Campesina Santa Catalina de Chongoyape fue la primera en crear un Área de Conservación Privada – ACP, en el Perú. Actualmente, a partir de este modelo, hay 140 a nivel nacional.
Plenge Sánchez precisa que es importante definir cuál es la situación legal de la comunidad respecto a la ACP y qué rol mantiene él como impulsor del proyecto en Chaparrí, debido a que existen muchas versiones tergiversadas sobre el particular.
Explica que cuando la comunidad aceptó la propuesta, en asamblea general, siendo presidente de la junta directiva Porfirio Torres Peralta, se necesitaba elaborar un expediente técnico pero no había ni los recursos ni el conocimiento para hacerlo.
“Nunca se había hecho eso en el Perú y, por lo tanto, nadie sabía. Yo para entonces vivía en Lima y me trasladaba hasta Chongoyape cada vez que había reuniones. Los comuneros mostraron su interés en la conservación, pero fueron claros al decirme que no tenían cómo pagarme. Yo no representaba al Estado, ni a un grupo económico o político o alguna ONG. Les dije que estaba dispuesto a dar todo lo que sea necesario, pero tenían que darme garantías de que el proyecto se iba a mantener en el tiempo, porque las directivas se renuevan cada dos años”, comenta.
Bajo esas condiciones, la asamblea decidió convertir a Plenge Sánchez en comunero, con derechos plenos, entre ellos el de adquirir la posesión de tierras dentro de la comunidad.
“No me las regalaron, yo pedí comprar las tierras. Me ofrecieron 500 y eso para mí era demasiado. Acepté la compra de cien hectáreas, las cuales están inscritas como un área de conservación independiente”, expone.
Chaparrí y La Huerta
Así, en la zona existen dos áreas privadas: la de la comunidad campesina: ACP Chaparrí, y la que se gestionó sobre las 100 hectáreas vendidas a Plenge Sánchez, denominada ACP “Huerta de Chaparrí”.
“La comunidad es propietaria de 42 mil 412 hectáreas, de las cuales 100 me vendieron. Los ayudé a la recuperación de las dos mil 672 hectáreas que estaban en manos de La Granja, destinándose 34 mil 214 hectáreas a la ACP de la comunidad. Como íbamos a trabajar de manera articulada, por razones de marketing se ha promocionado todo este tiempo como Reserva Ecológica de Chaparrí, pero se trata de dos áreas de conservación distintas que se encuentran en el territorio de la comunidad campesina de Chongoyape”, aclara.
Añade que las 100 hectáreas que compró a la comunidad no solo figuran en registros públicos, sino también que el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas – SENARP, emitió la resolución correspondiente reconociendo la existencia de la ACP “Huerta de Chaparrí”, independiente a la ACP de la comunidad.
Plenge Sánchez enfatiza que la venta de las 100 hectáreas a su favor se hizo en el marco de una norma emitida en el gobierno de Alberto Fujimori, pues antes de ello las comunidades campesinas estaban impedidas de la venta de sus territorios.
El manejo
“Las 34 mil 412 hectáreas de la ACP Chaparrí son potestad íntegra de la comunidad y es esta la que toma sus decisiones al respecto. Los problemas que siempre se presentan son esta área y, por lo tanto, yo nunca he tenido ningún tipo de participación en ellos. Hubo dos directivas que quisieron impugnar la compra que hice, en el 2006, bajo la presidencia del señor Asenjo, y la segunda vez en la presidencia del señor Lázaro Rodas”, menciona.
Indica que el meollo de los problemas siempre ha sido la administración del fondo de turismo, es decir de los recursos que ingresan por la visita de turistas al área de conservación. Sin embargo, señala que cada vez que los dirigentes de la comunidad han tenido a su cargo el manejo de dichos fondos, los resultados han sido negativos para el sostenimiento de la ACP.
“El fondo de turismo tiene un fin específico: el 50 % está destinado para reinversión en la reserva, porque no se tiene un presupuesto del Estado, y hay necesidad de conservar caminos, señalética y otros aspectos, y el otro 50 % se destina al pago de los guardaparques, la alimentación de los animales y otros gastos relacionados al aspecto administrativo. Antes que se empezara a cobrar por el ingreso a Huerta de Chaparrí, que está en las 100 hectáreas que compré, había problemas de sostenibilidad. Yo decidí que el 100 % de lo que ingresa por los visitantes pase al fondo de turismo y de ahí salgan los recursos para mantener la ACP Chaparrí”, indica.
Plenge Sánchez fue director de la ACP Chaparrí hasta el 2006, año en el que renunció al cargo, lo que no ha significado su desvinculación del proyecto.
Ante los problemas que se presentaron en el manejo de los fondos durante las directivas de Asenjo y Rodas, se formó la ACOTURCH, que es un grupo conformado por comuneros que se encargan de fiscalizar el manejo del fondo.
“Cada vez que las directivas comunales han administrado esos fondos ha sido un desastre y por eso se crea el ACOTURCH, que es un comité especializado de comuneros calificados, que se dedica exclusivamente a la ACP Chaparrí. La Ley de Comunidades Campesinas y el estatuto de la comunidad facultan a que se formen comités especializados para fines específicos. Son los integrantes del ACOTURCH los que han tenido un manejo mucho más responsable de los fondos”, precisa.
Logros
Heinz Plenge refiere que entre sus satisfacciones está el haber recibido el reconocimiento de una Cátedra Unesco como la primera área de conservación a nivel mundial alineada con los Objetivos del Desarrollo Sostenible.
“El haber conseguido la población de oso andino más densa de todo Sudamérica, haber logrado la población más numerosa de pava aliblanca, cuando llegamos a Chaparrí no había ni una, esas son satisfacciones que no tienen precio. Hemos realizado el primer proyecto de reintroducción de camélidos sudamericanos (llamas y guanacos), y por eso nos ha reconocido el Museo de Historia Natural de París, porque en ninguna parte de la costa del Pacífico se ha hecho algo parecido. Eso solo por citar algunos de los logros alcanzados con este trabajo. Si nuestra experiencia se puede replicar, bienvenidas son todas las iniciativas para nuevas áreas de conservación privada”, destaca.
Cuenta que hace aproximadamente dos años recibió amenazas, algunas directas, otras veladas e incluso hubo una llamada procedente de un penal aparentemente. Algunas amenazando contra su vida y otras pretendiendo obstaculizar el ingreso a su propiedad. “También mis hijos fueron atacados con la intención de asesinarlos. Hubo una clara resistencia tanto de la Policía como de la fiscalía para ahondar en este asunto”, confiesa.
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