Pudo ser futbolista, piloto de la Fuerza Aérea o un gran médico, pero su destino estaba trazado por la tinta y el papel. José Escajadillo Farro nació el 1 de diciembre de 1942, pero cada 31 de octubre celebra una suerte de segundo cumpleaños. Es imposible hablar del ‘Día de la Canción Criolla’ sin mencionarlo, pues su aporte al criollismo es tan grande que hasta en su natal Lambayeque dos pueblos se disputan el orgullo de verlo nacer: Ciudad Eten y Monsefú.
A puertas de celebrar un aniversario más de la música criolla, Expresión rinde homenaje a este lambayecano, cuyos temas como ‘Un pueblo llamado Chiclayo’, ‘Jamás impedirás’, ‘Ahora y Aquí’, ‘El Viejo y el Mar’, ‘Que somos amantes’, Tal vez y ‘Yo perdí el corazón’ han dado la vuelta al mundo y lo siguen dando cada vez que un peruano escucha o interpreta sus composiciones.
INFANCIA
José Escajadillo recuerda que sus primeros años de vida estuvieron marcados por la disciplina, el orden, el respeto y la puntualidad que le impartió su abuelo, aunque – como todo niño – también se dio maña para realizar algunas travesuras, como la que hizo a la edad de cuatro años al comerse una libra y media de la mantequilla que preparaban por aquel entonces en Monsefú y dejar sin desayuno a su abuelo.
“Yo negaba saber qué había pasado, pero tenía toda la boca manchada con rastros de mantequilla. Tenía 4 años. Fue una travesura tremenda. De mi casa a la escuelita del tío Francisco, donde estudié transición, no había más que una cuadra y media. Ese día mi abuelo me llevó para contarle a mi tío lo que pasó. Mi castigo fue quedarme una hora más en el colegio. Así fue durante una semana. Debía quedarme a estudiar el mosaico, un libro con unas letras pequeñitas”, recuerda.
Uno de sus sueños de niño – evoca – era ser piloto como el héroe José Abelardo Quiñones González, de quién había leído bastante en sus primeros años. Si bien no logró ser miembro de la Fuerza Aérea, hace 12 años cumplió el sueño de volar un avión de guerra, gracias al Grupo Aéreo N° 11 de Talara, que lo hizo surcar los aires para que pueda escribir con la experiencia de primera mano el himno a dicha base de la Fuerza Aérea.
Al inquieto Escajadillo también le apasionaba el fútbol desde los nueve años, así que jugó por un equipo de Ciudad Eten llamado Cruzada Deportiva hasta los 16, cuando unos dirigentes le propusieron pasear su talento por el histórico club Los Caimanes, que se había inscrito en la tercera división de la Liga de Chiclayo. Vistiendo sus sedas escaló hasta la máxima categoría local, siendo un gol suyo el que sellaría su pase a la primera división. Posteriormente, le dedicaría su primer vals ‘A ti, Caimanes’ a dicha institución.
Por esos años también haría otra de sus travesuras. Cuenta que en el intermedio para almorzar que tenían en el colegio San José (se estudiaba mañana y tarde en aquel entonces) se escapó junto a seis amigos para irse al cine. Al día siguiente, el director les amenazó con expulsarlos si no venían sus padres, pero hicieron una transacción y a cambio, como castigo, les cortaron el cabello. El peluquero, a modo de escarmiento, le dejó un mechón en la cabeza, el cual fue motivo de burla por uno de sus docentes que lo bautizaría como “pelusa”.
PRIMERAS COMPOSICIONES
El colegio San José también sería testigo de su primera incursión artística. Cuenta que junto a sus amigos hicieron un trío musical al ritmo de guitarra, saxo y saxofón. Aprovechaban las noches del internado para ensayar bolero, valses y bossa nova. Juntos compusieron una canción llamada ‘Naufragio’, la cual no tuvo mucho éxito. Al culminar la secundaria, el grupo se disolvió.
En paralelo, junto a su hermano Dante y Pedro Ruiz Rabines, un amigo de Ciudad Eten, habían formado el trío ‘Los Galanes’, el cual tampoco duró mucho.
GRAN ÉXITO
Tras terminar el colegio, José Escajadillo viajó a Lima para estudiar medicina en la Universidad San Marcos. Sin embargo, solo estuvo unos meses y luego desertó para dedicarse de lleno a la música. Ello le significó enemistarse con su padre, quien había vivido también en la capital y pensaba que la bohemia limeña lo llevaría por los malos pasos. Tiempo después, cuando su nombre apareció en El Comercio como una de las promesas del criollismo, retomaron su relación.
En Lima, José Escajadillo se encontró con un amigo chiclayano de nombre Antonio Lecca Pérez, quien lo integró a su trío ‘Los Ángeles’, que posteriormente se convirtió en el cuarteto ‘Los Hits’ con la inclusión de Rafael ‘Fito’ Ríos. Justamente este último los llevó a la Peña Ferrando, donde tocaron un repertorio de 12 canciones que habían ensayado por siete meses.
“Él nos presentó a Augusto Ferrando, quien nos invitó a su casa a almorzar junto a su mamá, la inolvidable Rosita Chirichigno. Ella era la que daba el visto bueno a los artistas. Eso muy pocos lo saben. Con un movimiento de cabeza o alguna otra señal le decía a su hijo si valían o no la pena. Como Carlos Ayllón tenía una voz tan aguda y bonita, Augusto nos dijo que cantemos algo de Los Cinco Latinos. Para ser cinco, incluimos a Chicho Ferrando, él tocaba las tumbas y hacía la voz grave cuando imitábamos al grupo argentino”, rememoró.
No obstante, antes de lanzar su primer tema de éxito nacional, José Escajadillo vivió un suceso, por lo menos extraño, en la habitación de estudiante que alquilaba en Lima. Cuenta que una noche, después de despedirse de ‘Los Hits’, regresó desilusionado a su cuarto porque consideraba que sus canciones no eran apreciadas como lo merecían y – en un arranque de cólera – quemó los 80 temas que tenía escritos.
“Me acosté desconsolado, lloré, lo reconozco, y hasta pensé en volver a tocar la puerta de mi padre y volver a la universidad que había dejado”, manifiesta.
Sin embargo, solo cuatro horas después se despertó intempestivamente, pues había tenido un sueño en el que escuchaba la letra de una canción con música de trompeta. Quiso tomar un lapicero para escribir lo que había escuchado en sueños, pero los había incinerado junto a sus creaciones, así que descolgó un cuadro que había y con el clavo escribió en la pared. Se volvió a quedar dormido y al despertar, alrededor de las 10 de la mañana, encontró – con título incluido – la obra que había redactado esa madrugada: ‘Jamás impedirás’.
“Estoy seguro de que no era un sueño, sino que esa fuerza extraña y maravillosa que se llama Dios me estaba dictando la canción”, afirma.
Con “Jamás impedirás” empezaron a abrírsele las puertas como cantautor. Participó en el Gran Festival de la Canción Criolla, organizado por Panamericana, y llegó hasta la final en el Teatro Municipal de Lima, donde compitió con Juan Gonzalo Rosé, Alicia Maguiña y Pancho Quiroz. Si bien quedó en cuarto lugar, el público ya había hecho suya su composición.
RECONOCIMIENTO
Desde entonces, los éxitos del compositor lambayecano no han parado. En 1972 escribió ‘Cada día’, con el cual ganó el Festival de la Canción de Trujillo, que lo ganaría cuatro veces más, pero con sus temas siendo interpretados por otros artistas.
Ese mismo año también escribiría ‘Yo perdí el corazón’ y grabaría su primer ‘long play’, de la mano de Augusto Sarria, dueño de IEMPSA. Ese disco, llamado ‘El compositor de moda’, contuvo 12 temas entre los que está ‘Me basta que incluyas’, ‘Jamás impedirás’ y ‘Cada día’.
Posteriormente, fue artista exclusivo de IEMPSA, sello discográfico con el que ganó todos los festivales del Perú, incluyendo una representación del Festival Oti.
Las canciones del ilustre lambayecano son interpretadas por las diferentes voces del criollismo. Por ejemplo, ‘Huellas’, que inicialmente fue grabada como balada en 1988, fue llevada al vals por Eva Ayllón, quien además canta otra composición suya: ‘Que somos amantes’. Por su parte, Cecilia Barraza le da voz a ‘Tal vez’; la ya fallecida Verónika a ‘Qué nos pasó a los dos’; Cecilia Bracamonte a ‘Ahora y aquí’; César ‘El Mono’ Altamirano a ‘Y va pasando la vida’; la agrupación Los ‘Pasteles Verdes’ a ‘Mi amor imposible’ entre otros muchos artistas.
Además, José Escajadillo ha escrito compuesto marineras como ‘El sueño de Pochi’ o ‘La centenaria’, marchas deportivas como ‘Perú España 82’ y ‘Vóley Peruano’, himnos para las Fuerzas Armadas y la Policía, y hasta para algunas empresas privadas.
En total, ha realizado más de 800 composiciones a lo largo del medio siglo que lleva escribiendo. Su último álbum ‘Entre maravillas’ vio la luz hace diez años y está dedicado a la música internacional. Con motivo de sus 50 años como compositor, piensa lanzar un CD compilatorio de todas sus canciones que considera no han sido resaltas en su real dimensión, las cuales grabará con su propia voz.
“Para rescatar rápidamente nuestra música debería volver el curso de música en los colegios y dentro del programa curricular un estudio de la música criolla y sus cultores… No acepto que una música tan hermosa, que ha acompañado al Perú en sus casi 200 años de vida republicana, como el vals criollo, se escuche tan poco. No entiendo cómo vamos a llegar la Bicentenario si no realizamos un gran festival de la canción criolla. Hay que ponernos en acción cuando termine la pandemia, porque el vals criollo es parte de nuestra cultura”, concluyó.
Fuente: Diario Comercio.
respuesta de José D. Zevallos Herrera el 2023-03-23.
José Escajadillo es realmente un peruano superdotado, como compositor, musico y persona del mundo de nuestro prodigioso aservo misical. nos postramos ante su talento y reconocemos su grandiosidad, que perdurará por siempre..
respuesta de José D. Zevallos Herrera el 2023-03-23.
José Escajadillo es realmente un peruano superdotado, como compositor, musico y persona del mundo de nuestro prodigioso aservo misical. nos postramos ante su talento y reconocemos su grandiosidad, que perdurará por siempre.. Admiro mucho su composicion Y VA PASANDO LA VIDA.
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